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    Manuales

     

     



    11:39 p. m. @ 28 abril, 2006



    Acababa de despedirme de mis padres y de traspasar la barrera del andén nueve y tres cuartos cuando divisé entre todo el tumulto de alumnos de Hogwarts a Heather Drummond , mi mejor amiga y una de las chicas del colegio con más problemas familiares, a pesar de que no solía aceptarlos ni comentarlos con nadie. Decidí acercarme y saludarla :

    -¡Hola! ¿qué tal el verano?- le pregunté animado.
    -Pues como todos, ya sabes, con mi abuela y mi hermano pasando los días metidos en casa sin hacer nada- contestó resignada.
    -¿Subimos ya ...?- dije rápidamente para no seguir con el tema, puesto que sabía que si seguíamos con él se iba a irritar enseguida.

    Cuando encontramos un compartimiento vacío decidimos meternos en él y dejar nuestros viejos baúles. Estuvimos hablando de mis vacaciones en Roma y me empezó a preguntar si había conocido a alguien en el verano, que si creía que este iba a ser mi año en el campo del amor... Puesto que la conversación no llegaba a ningún lado, saqué un ejemplar del Profeta. Leí un artículo sobre los elfos de Gringotts y empecé a comentarlo con Heather, que no hacía otra cosa más que mirar por la ventana. Comenzamos a reñir porque ella opinaba que había demasiados elfos para el poco dinero que había en el banco y, ya que no me apetecía discutir mucho de ello, me dispuse a salir para saludar a cualquiera que se me pasara por al lado.

    Después de abrir la puerta vi a la señora del carrito de chucherías y decidí comprarme un par de ranas de chocolate y unas grageas. Tras saciar mi apetito, me puse a andar por el pasillo cuando la puerta corredera que tenía a mi derecha se abrió de repente y vi a Samantha Withenrose. La sonreí como pude y se dispuso a decirme:

    Robert! ¿Qué tal? – exclamó alegremente- ¡Como has crecido!
    - Anda que no se te nota cuando me mientes- y me reí- pues estoy muy bien, como siempre, ¿y tú?
    Sonrió pícaramente .
    - Muy bien, no me puedo quejar – respondió – y ¿Dónde te has metido desde que hemos salido?
    - Ya, es que he estado con Heather en otro compartimiento – sabía que a Sam no la caía muy bien – bueno, me voy para allá que solo venía a saludarte –me apresuré a decir para que no se creyera que ya no me acordaba de ella-¡Hasta luego, Sam!

    Di media vuelta y me marché. No sé como pero llegué enseguida al compartimiento y las luces empezaron a parpadear. Saludé a Heather, que seguía mirando la ventana.

    -Ya casi estamos llegando – se apresuró a decir- Si yo fuera tu, iría guardando la revista y poniéndome la chaqueta.
    -Gracias por el consejo- y la sonreí.

    Tras un frenazo del tren, sonó como si alguien se hubiera caído en el pasillo, y me precipité a salir para ver qué había pasado. Pude ver a Sam con Archelaus Dawssen en el suelo, los dos pegados el uno contra el otro. No sabía por qué, pero dentro de mí empezaron un sentimientos de rabia hacia Sam y a la vez de querer estar con ella, de ser yo mismo el que estaba en la situación de Archelaus. Me quedé sin palabras. Me metí en el compartimiento antes de que me vieran.

    -¿Qué ha pasado?
    - Eh... nada...- prefería no comentar lo que había visto con nadie- ¿Nos vamos?

    Cogimos nuestras cosas y marchamos para el castillo. En la cena estuve hablando con Sam de nuestras vacaciones. Presentía que ese año iba a ser diferente, sobre todo para mí...


    =OUT=

    supongo que mi esfuerzo a valido la pena,no? bueno, espero que esté bien para ser el primer post que escribo, ojalá le vaya cogiendo el truquillo a esto ^^

    Mario

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    3:26 p. m.



    Las lágrimas de mi abuela humedecian mi abrigo de piel oscura. Sabía que era rídiculo, pero a mi abuela le gustaba. Aunque para ridícula, la imagen que debería tener en esos insantes, cuando era la única alumna de sexto a la que su abuela seguía acompañando hasta subir al Expresso, pero ni siquiera eso podría hacerme sentir peor hoy.

    -¿Lo llevas todo? - Repitió por enésima vez
    -Abuelaa... - Dije con voz cansina
    -Está bien... - Y volvió a abalanzarse sobre mí - Te echaré de menos pequeña, y ahora, sube. - Subió mi baúl hasta el primer escalón, y con un empujón me introdujo en el interior del tren. - Sé buenaaa!

    Y aquellas fueron las últimas palabras que escuché. Sé buena. Como si Meribeth Dubled fuera a desmadrarse.

    Tras tropezar con un grupo de alumnos de primero que no habían reparado en mi presencia y tras recorrer el largo pasillo, introduje mi cabeza en le compartimiento que aún seguía vacío, y tras colocar mi baúl, respiré hondo y cerré la puerta, alejandóme así, de cualquier relación con el exterior.
    Un año más, como si cinco no hubieran sido suficientes. Aún podían escucharse adolescentes contar eufóricos a sus amigos aquellas batallas que les habían tocado vivir aquél verano.
    Yo podría participar si me dejarán. Contaría que había pasado el verano junto a mi abuela en Sicilia, y que cada día nos bañábamos en aquellas aguas cristalinas, y nos habíamos tumbado en la arena, aunque mi piel no decía lo mismo. Y que mi madre, mientras, trabajaba en Londres. Yo podría contarlo todo si me dejarán, pero dudo que quisieran escucharlo.

    Y sólo la presencia de Archelaus Dawssen en la ventanilla del compartimiento consiguió despertarme de los pensamientos en los que andaba sumida.

    -¿Qué tal, Meribeth? - Dijo mientras se acomodaba frente a mí
    -Como todos los años... - Dije pensativa - Bien - E intenté mostrar una mueca que a duras penas se parecía a una sonrisa
    -Un año más... ¡Cómo pasa el tiempo! ¿Verdad?
    -Sí...

    Un silencio envolvió aquél compartimiento que durante aquellos segundos se hizo extremadamente grande. Como si nuestras voces se escaparán para desaparecer en aquella inmensidad.

    -Y... ¿Cómo te ha ido el verano?
    -Mejor que otros... - Sus preguntas, llenas de respuestas para cualquier alumno de aquél tren, hacían aguas aquella conversación, a la que de seguir ese ritmo, le quedarían pocos minutos de vida. - ¿Y el tuyo?
    -Bien, la verdad es que ha estado bastante bien. - Ni siquiera él rescataría aquella conversación.

    Y volvió la vista hacia el paisaje que se perdía en el exterior. Me hubiera gustado hablarle de cualquier cosa, de lo que fuera, sólo por mantener una conversación con uno de los pocos chicos de Hogwarts que se acercaba a mí. Preguntó algo más sobre si jugaría ese año al Quidditch con el equipo, y bromeó diciendo que conmigo no quedaríamos últimos, pero la conversación tampoco tuvo futuro, y en cuanto Romilda Hannsfred cruzó la puerta, se escabulló por el pasillo.
    Romilda, también de Hufflepuff como él, era la chica más agradable que conocía en Hogwarts. No sé si yo significaba lo mismo para ella, pero era la persona con la que más conversaciones había tenido. Ella, como yo, también era desinteresada ante lo que la magia suponía.

    -¡Meeeeeri! - Dijo abalánzandose sobre mí
    Romilda! - Respondí efusiva y besando sus mejillas. - ¡Estás preciosa!
    -¡Si te cuento todo lo que he echo este verano Meribeth! Estuve con dos chicos... JAJAJA - Su sonrisa era espontánea y hacia eco en las paredes - ¡Estuvo genial! ... Pero ¿Y tú? ¿¿Cómo ha ido??
    -Yo... Estuve en Sicilia ¿Sabes?
    -¿En serio? ¡Eso es genial! ¿Algun chico?
    -Vamos Romilda...
    -¡Otra vez! Meribeth Meribeth... - Hizo chasquar la lengua - ¡Si no fueras tan tímida con ellos!
    -Dejemos el tema...

    ¿A quién quería engañar? Sólo había que colocarme al lado de cualquier alumna de Hogwarts, o más fácil, a su lado. No había ni punto de comparación. Nadie, absolutamente nadie se fijaría en Meribeth Dubled.

    Seguimos charlando animadamente hasta llegar a Hogwarts. Cuando el tren se detuvo, ella desapareció como lo había echo Archelaus. Y allí, con el equipaje a mis pies y nuevo año frente a mí, esperé hasta que el último alumno hubiese bajado del tren para continuar mi camino.

    =OUT=

    Sin sentido, egoísta y vulgar. En fin, empiezo con mal pie ^^UU ya veremoos como va el curso...
    Por cierto, gracias a Prud por prestarme a Archie... No sé si lo habré tratado bien ^^U

    Anna

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    10:19 p. m. @ 27 abril, 2006



    Traspasé la barrera que separaba la mastodóntica estación de King’s Cross con el andén nueve y tres cuartos. Nada más adentrarme, pude palpar en el ambiente la vuelta al colegio. Todo el mundo contento, sonriente, deseando ver a los amigos dejados atrás dos meses antes… Aunque no todos sentían lo mismo. Nada más caminar un par de pasos, cargado con mi baúl y la jaula de Hook, me topé con tres siluetas conocidas: Alexis, Alisha y Regina. El terror Slytherin. No tardaron en agredirme verbalmente, con su lengua viperina, acusándome de “Sangre Sucia”. Sí, eso era muy habitual entre los magos. Al igual que en el mundo de los muggles el racismo andaba a la orden del día, la pureza de sangre era sumamente importante en el mundo mágico. Aún más ahora, que se rumoreaba que un grupo de magos estaban formando una guerra contra los “Sangre sucia”. Para mi sorpresa, lo que pudo desembocar en una pelea primeriza, fue detenido por la líder por excelencia, Regina Leavenworth. Una guapísima brasileña, que ensuciaba su aspecto con su comportamiento. Aunque la rabia me oprimía el pecho, seguí mi camino, adentrándome en aquel tren.
    Anduve durante un rato, esquivando alumnos menores que yo, que trastabillaban con sus túnicas. Tras unos minutos, encontré el compartimento que buscaba. Una chica, de constitución delgada y rasgos exóticos, observaba pensativa, a través de la ventanilla, mientras jugaba con su mediana melena rubia. Penetré en el vagón, cautelosamente.
    - ¿Qué tal, Meribeth? – pregunté tímidamente-
    A pesar de conocerla desde hacía años, no lograba hacerme a su personalidad, manteniéndome, la mayoría de las veces, tímido y distante. Charlamos, no muy animadamente durante gran parte del viaje, hasta que Romilda, nuestra compañera de Casa, entró inesperadamente en nuestro compartimento. Aproveché para salirme a fumar en las ventanas del elegante pasillo.
    El paisaje era borroso, oscuro y borroso. Ya estaba anocheciendo. La velocidad del tren deformaba, alargaba las vistas. Y mi cigarro, cada vez menguaba más. Otro curso comenzaba pero ¿realmente me hacía ilusión? Sí, no cabía duda: volver a ver a mis amigos, volver a adentrarse en el torbellino de Hogwarts… Un ruido en el pasillo desvió mi atención. La luz estaba rota, como de costumbre. Parecía que nadie se molestaba en aquel tren, que a pesar de tener muchos años estaba bien cuidado, menos las luces, las luces eran otra historia. Escondí, no con mucho esfuerzo, el cigarro tras mi espalda. Si me veían fumando, me podía caer una buena, y, contando con mi expediente y con que era el primer día, mis intenciones no eran arriesgadas. Intenté enfocar mi vista en medio de la oscuridad, donde podía observar vagamente una silueta. Oí pasos. Una voz chillona rasgó la tranquilidad.
    - ¿Hola? ¿Hay alguien?
    La reconocí de inmediato. Era Samantha Withenrose, una divertida chica de ojos azules y pelo dorado que me había tenido enamorado desde Segundo curso. Varias veces a lo largo de los años, le había comentado mis sentimientos por ella, pero siempre, con gran astucia, evitaba el tema. A pesar de ello, nos llevábamos bien, se podía decir que éramos amigos.
    Me revolví el pelo mientras le daba una calada al cigarro cuando oí que los pasos se aproximaban hacia mí. Un nudo me oprimió el estomago. Curso nuevo, esperanzas nuevas, me dije expulsando el humo. Miré de nuevo al pasillo, cuando algo chocó conmigo. El impacto me asustó, por lo que reculé un par de pasos.
    - ¡Lumos!- susurró una voz casi en un rugido-
    No me había equivocado, Sam me sostenía la mirada, asustada, desde el otro lado de una larga y elegante varita iluminada. Seguía igual de guapa.
    - ¡Joder Arch!¡Que susto! – gritó nerviosa - ¿En que estabas pensando?
    - Lo siento Sam – respondí tímidamente- no quería asustarte. Estaba… bueno, estaba fumando a escondidas.
    Esta me miró divertida. No era ningún secreto que el señor Archelaus Dawssen fumase habitualmente a escondidas. Todo el mundo lo sabía, incluso los profesores. La gente podía imaginarlo nada más verme vestido de aquella forma. De alguna manera u otra, atribuían mi vestimenta con las malas acciones y me tachaban de macarra nada más verme atravesar los umbrales de Hogwarts. Pero a mí me daba igual… fumaba y me gustaba mi ropa ¿Y qué?
    - No pasa nada – terminó por decir – bueno ¿Qué tal tu verano?
    Una mueca no precisamente agradable se dibujó en mi rostro, mi verano. Mi verano había sido horrible, casi torturante. Vacaciones en el norte de Francía, con mis padres. Odiaba estar con mis padres, me había acostumbrado tanto a prescindir de ellos durante el año, que era casi un suplicio pasar esos dos meses juntos.
    - ¿Qué puedes esperar de un verano entero, de vacaciones con tus padres?
    - ¡Oh!¡Vamos!¡No será para tanto Archie! Yo también estuve con mis padres, como siempre.
    ¿Archie? No había nada, o casi nada en el mundo que me irritase más que ese nombre, pero era Sam, a ella se lo permitía. Di la última calada al cigarro antes de lanzarlo por la ventana.
    - Bueno Sam – aclaré soltando el humo, que se ensortijaba por encima de nuestras cabezas- me voy a mi compartimento, dije que no tardaría mucho, vente si quieres.
    - No, gracias – respondió sonriendo- ya estaremos a punto de…
    El Expreso de Hogwarts frenó bruscamente, tirando a Sam contra el suelo tras interrumpir su frase. En cuanto a mí, desprevenido y victima de la inercia, quedé tumbado encima de ella. Nos quedamos así unos segundos, mirándonos, a través de la oscuridad. Unos largos mechones de pelo rubio atravesaban su pálido rostro. Lo único que pasaba por mi mente era besarla, llevaba años deseándolo.
    - Bueno – gritó interrumpiendo mis pensamientos- pues ya hemos llegado.
    La joven estalló en sonoras carcajadas que resonaron por todo el pasillo. Varios alumnos curiosos, salieron de sus vagones. La vergüenza pudo al deseo, y torpemente conseguí levantarme, y tenderle la mano. ¿Qué le decía ahora? Ella era lista y habría notado la tensión de mi rostro y de mis gestos ahí, en el suelo.
    - Nos vemos luego ¿no? – terminé por balbucear-
    Asintió alegremente y dio media vuelta, en dirección hacia su compartimento. Hice lo mismo, cuando encontré a Romilda, cargando con mi equipaje y tendiéndome la túnica. Sonreí.
    - Gracias Romilda – susurré- siempre estás en todo, cuando quieres.
    Soltó mis cosas, malhumorada. No me importaba, a pesar de nuestra amistad, Romilda tenía muy mal genio. Ya se le pasaría. Guardé mi túnica en el baúl, no la necesitaba y cogí la jaula donde en esos momentos, dormitaba Hook. Anduve, como pude, hasta el iluminado y rústico andén de Hogsmeade, la ciudad mágica por excelencia. Había un gran jaleo, como siempre: alumnos de primero, tímidos y perdidos, grupitos inseparables de alumnos… Creí ver a mi hermano correteando con sus amigos, pero no le di importancia alguna. Dirigí mis ojos hasta el cielo, que aunque oscuro, dejaban ver unos grises y amenazantes nubarrones. Nada nuevo, Hogwarts siempre recibía a sus alumnos con una interminable sesión de lluvia. Un encontronazo, seguido de un maullido me devolvió a la realidad. ¡Joder! Había chocado por segunda vez en cuestión de quince minutos. Todas mis cosas quedaron esparcidas a lo ancho del andén.
    - Me cago en la puta – susurré malhumorado-
    Observé a la persona que tenía delante. La conocía de vista, pero no sabía ni de a que Casa pertenecía. Su túnica, de terciopelo, me dejaba ver el escudo de Slytherin. Era una chica medianamente alta, de rasgos extraños. Sus ojos, extremadamente abiertos y grises me miraban con desprecio. Lucía una larga melena rubia platina perfectamente peinada y cuidada. Me aclaré la garganta.
    - Ehm…- dije agachándome para recuperar mis cosas- lo siento, iba mirando a otra parte.
    No podría describir el gesto que se pintó en su cara.
    - No pasa nada – respondió secamente, borde-
    Recogí apresuradamente la caja de Hook que no paraba de quejarse por el golpe, y me levanté, tendiéndole la mano.
    - Yo soy Archelaus Dawssen – me presenté-
    - Liberty Sparrer – respondió fríamente, haciendo caso omiso a mi gesto-
    - Encantado – murmuré incómodo – Hay hambre ¿verdad?
    No respondió, empezamos a andar sincronizadamente. No sabía como tratarla, jamás me había encontrado con alguien así: tan seca, tan borde, pero que transmitiese tanta fuerza. Aunque lo intentase, sabía que no conseguiría que me mostrase gesto alguno de simpatía. Me gustaban los retos.
    - Y ¿Cuántos años tienes, Liberty? – inquirí taladrando el silencio-
    Me miró de reojo balbuceando lo que pareció un “diecisiete” y siguió andando, autómata, helada.
    Me frustraba tanto que me caía bien. Tenía muchísima personalidad, de eso no tenía duda, quizá demasiada. Terminé por pararme, sacando mi cajetilla de tabaco muggle y ofreciéndole uno.
    - ¿Quieres?- sugerí sonriendo – Me sé el camino perfecto, atajando, para poder fumar sin ser vistos.
    Liberty frunció el ceño, misteriosa. Dejó su baúl en el suelo y aceptó el cigarro. Me apropié de otro, y le tendí el mechero, satisfecho. Al fin y al cabo parecía que el año no comenzaba tan mal.

    =OUT=
    Este sí. Este me convence. Me encanta Arch, me siento MUY cómodo escribiendo con él. A ve si os he conseguido transmitir esto.

    Prud!

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    9:48 p. m.




    Otro año empezaba. No tuve suficientes vacaciones, ni suficiente diversión, ni suficiente Mario. Llegué al andén 9 ¾ seguida por mi escuadrón personal de elfos domésticos. A un gesto de mi mano, todos pararon a escasos metros del lugar donde aquel viejo tren escarlata de todos los años esperaba. Suspiré. Merlín, su estética era tan anticuada y su destino tan aburrido. Me di la vuelta, evitando ver a esos malditos elfos, que pululaban a mi alrededor preguntando por mis maletas y mi bienestar. Me despojé de una elfina especialmente molesta con un guantazo, y cuando aparté mi mano, vi la conocida silueta estilizada de Alisha que se acercaba hacia mí con un entusiasmo que no me apetecía. Frené su apasionado abrazo, que quedó en un roce de hombros, y la miré de arriba abajo. Era algo menos baja y había adelgazado un poco, pero sus cambios eran poco o nada notables. De hecho, su nariz seguía igual de incorregible.

    Regie!- exclamó con una enorme sonrisa. –Sabes, ¡te eché de menos! No me respondiste a mis lechuzas, ¡a ninguna! Ah, diría que pasabas de mí. ¡Espero que no sea cierto, Regie! Sería horrible y muy, muy desagra...- ignoré su parloteo incesante con el descaro que merecía y me aparte de su lado para avanzar hacia Alexis, que se asomaba por la pared en ese justo instante. Alisha se giró, y pude notar como me observaba ofendida.

    -Alexis.- me dirigí a él, arrastrando las letras de su nombre. Le dediqué una sonrisa tenue y me acerqué más a él para darle un suave y cálido saludo. Tras el leve roce de labios, me aparté con lentitud y escuché los pasos de los tacones de Alisha, llamativos y, como certifiqué enseguida, de un azul turquesa apropiado para su falda negra y su camisa del mismo color. Me hice a un lado con elegancia, y ella pasó echando humos, tirándose al cuello de Alexis y besuqueándole, me imagino que no sólo las mejillas. Arqueé mis cejas en una expresión de absoluta repugnancia, Alisha a veces era tan vulgar y tan poco digna de ser mi amiga... Alexis nos sonrió a ambas, cuando AL FIN se separaron, y señaló a mis elfos con un gesto de cabeza. Relajé mi expresión y me giré. Empezaban a alborotarse de forma estúpida, al parecer desconcertados. Sonreí disculpándome y me acerqué a ellos.

    -Subir las maletas, dejadlas en el primer compartimento libre que encontréis y tened cuidado con que nadie más entre.- ordené, con voz firme y clara. Asintieron y empezaron a subir con esfuerzo mi numeroso y voluptuoso equipaje. Me giré hacia Alisha y Alexis, que estaban en una posición empalagosa. Con la mejor mueca de asco que mis facciones pudieron esbozar sin arrugarse, me acerqué y los separé bruscamente.

    -No en público.- les escupí. Me miraron sonrojados y intercambiaron unas miradas que no me molesté en interpretar. Llevaban años saliendo y cortando, y no me importaba si ahora estaban en un momento de reconciliación (terminaron el año con algunos problemas con las infidelidades), había mucha gente, y aquella demostración de afecto gratuita no era beneficiosa para mi imagen.

    La estación empezaba a llenarse de alumnos, muchas caras conocidas y ninguna que quisiera ver. Alisha y Alexis se sumieron en una conversación sobre los sangre sucia y los nuevos movimientos que pretendían terminar con tanta basura. Me gustaría creer en ellos, pero me temía que fracasarían como tantos otros lo habían hecho. Miré desinteresadamente a mi alrededor, hasta que vi una mirada azul y una maraña de pelo rubio acercándose en dirección a la entrada al andén que nosotros tres tapábamos. Llegó frente a nosotros y esperó molesto a que alguien se apartara para dejarle paso.

    -Vaya, Dawssen. ¿No sabes aún que en Hogwarts duraréis poco los como-tú?- sugirió Alisha, mirándolo con desdén y intercambiado risas con Alexis.
    -En Hogwarts y en todos sitios. Pronto terminará esta plaga.- apoyó Alexis, mirando a Archelaus Dawssen con asco. Yo me limitaba en observar la situación, no veía necesario intervenir en tan memo e innecesario ataque,la reputación de ese sangre sucia era tan baja que no merecía la pena humillarlo aún más. Dawssen me miró durante unos breves instantes, yo aguanté su mirada con una dureza infranqueable. Aunque me cansé de esa mirada azul que empezaba a desconcertarme, de modo que pestañeé y rompí el contacto visual.

    -Entonces, ¿pronto podré entrar? Si exterminan a las plagas, supongo que ya no habrán obstáculos en mi camino.- atacó él con expresión indiferente.
    -¡Ah, escoria! No te atrevas a volver a insultarnos, lo pagarás caro.- respondió Alexis, sacando su varita y apuntando a Dawssen amenazador. Suspiré. Era hora de intervenir, que mandaran al incauto y idiota de Alexis el primer día al despacho de Dumbledore, desde luego, no me haría ningún bien.
    -Alexis, basta ya.- dije en tono de aviso. –No merece la pena cargársela por eso.- agregué frente a la cara de desconcierto de Alisha.

    El tren emitió un silbido, y Alexis subió, no sin antes dirigirle una última mirada de arrogancia a Dawssen. Alisha lo siguió con paso firme, y yo subí justo después. Antes de entrar en el pasillo, me di la vuelta y me encontré con aquellos ojos azules mirándome de nuevo. Algo en ellos me inquietaba, y eso era inaceptable. Ni un sangre pura tenía derecho a alterarme de ningún modo. Mi expresión se endureció y abrí la puerta de mi pasillo con decisión. Dentro me esperaban Alexis y Alisha besuqueándose, y Liberty Sparrer sentada, sola, en un lado. Suspiré. –Creía que les había pedido un compartimento vacío a esos incompetentes. Lo pagarán caro.- pensé, antes de dirigirle una mirada de repugnancia a aquella sucia traidora. Era de lo peor que conocía, quitando a los sangre sucia y los apestosos muggles. Vaya desperdicio de apellido, si yo fuera su madre, la echaría de casa. Con expresión de asco, se levantó y cogió sus maletas, para luego largarse maldiciendo algo que no logré entender.


    ~~O U T~~
    En fin, ahí está mi primer post. No es algo excepcional, la verdad xD. Lo dejo en un aceptable como demasiado. Bueno, no es que Regie sienta algo por Arch, solo le gustan sus ojos xD.

    Anónimo

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    9:33 p. m.



    El tren serpenteaba a través del verde paisaje inglés, la travesía hacia Hogwarts acababa de comenzar. Y yo, otro año más, me encontraba en el pasillo, luchando por no caerme y trastabillando con mi baúl. Mis hombros chocaban con las paredes, describiendo la sinfonía que provocaba el tren y sus curvas, cuando dos vagones más allá, descubrí un compartimento habitable. Divisé una joven acompañada de otra persona: Christine y Henry. Me hizo ilusión ver que el verano no había cambiado nada en absoluto de ellos. Seguían igual: ella, con su larga melena rubia y, siempre tan bien vestida; él, con su estilo propio, siempre de negro. Me sorprendió que Chris estuviese allí, en sus cartas, durante el verano, me había comentado que volvería una semana tarde a Hogwarts. Ambos parecían estar absortos en sus respectivas revistas o diarios, por lo que me apresuré a llegar hasta la puerta, y la abrí con gran estrépito. La chica rubia se abalanzó sobre mí de inmediato, tirando a la intemperie su pequeño y discreto diario. De inmediato la correspondí con un caluroso abrazo.
    - ¡Ya estás aquí, ya estás aquí!- chillé alegremente mientras la oprimía entre mis brazos-
    Pasados unos segundos, nos separamos y Christine me relató su anticipada llegada. La sonreí, contenta mientras me dirigía hacia Henry.
    - Hola, Henry – saludé con una mirada pícara- anda dame un beso.
    Bajé mi cabeza hasta que mis labios chocaron con sus pómulos.
    - Hola Sam – contestó- ¿Qué tal el verano?
    Le guiñé un ojo como símbolo de respuesta, las confesiones vendrían después. Me encantaba aquel momento de vuelta a Hogwarts, donde la emoción y la alegría predominaban por encima de todo. Me giré hacia Christine.
    - ¿Me tienes que contar muchas cosas, no? En las cartas siempre te parabas en la mejor parte.
    - Es que hay ciertas cosas que hay que contar en directo o si no pierden todo el encanto – respondió divertida-
    Prorrumpí en carcajadas solo por el hecho de imaginarme el verano de Chris: ¿algún tío interesante? ¿Quizá algo más?...
    Una voz inoportuna y chirriante se escuchó en todo el Expreso de Hogwarts, pidiendo a los prefectos que acudieran a recibir las instrucciones.
    - Malditas reuniones de prefectos privilegiados- pensé mientras Chris se disculpaba y salía acompañada de Henry-
    ¿Qué le iba a hacer? Mis dos mejores amigos prefectos. Toda la vida, desde que llegamos a Hogwarts, habíamos estado juntos, inseparables, uña y carne. Y, ahora, prefectos… Me deje caer suspirando sobre el mullido asiento del tren, con la intención de esperarlos. Pero yo misma sabía que no duraría ni cinco minutos en esa postura, así que me dispuse a leer la revista en la que hacía apenas unos instantes Henry garabateaba en uno de esos juegos muggles.
    Al cabo de una hora que se me antojó interminable, lancé la revista, aburrida y me dirigí hacia las puertas del compartimento: iba a buscar a gente conocida, por lo menos. Abrí las puertas correderas y me encontré de frente con un chico guapo, con cara infantil. Sus ojos azules me mostraron un gesto simpático, a la vez que en su boca se pintaba una tímida sonrisa.
    - ¡Robert! ¿Qué tal? – exclamé alegremente- ¡Como has crecido!
    - Anda que no se te nota cuando me mientes- rió el joven - pues estoy muy bien, como siempre, ¿y tu?
    Sonreí picadamente.
    - Muy bien, no me puedo quejar – respondí – y ¿Dónde te has metido desde que hemos salido?
    - Ya, es que he estado con Heather en otro compartimento – confesó – bueno, me voy para allá que solo venía a saludarte ¡Hasta luego, Sam!
    El muchacho dio media vuelta y se marchó. Maldita Heather, la odiaba, no sabía porque, pero no me inspiraba simpatía, ninguna simpatía. Decidí salir al pasillo para buscar a alguien más. El traqueteo incesante del tren y la oscuridad que ahora reinaba me obligaba a ir tanteando las paredes para no caerme.
    - ¡Maldita luz! Siempre está estropeada.
    Adelanté mis pasos unos metros y me pareció oír a alguien.
    - ¿Hola?- grité, me sentía como en una película de miedo- ¿Hay alguien?
    Giré mi cuerpo hacia atrás pero no conseguí ver nada. Eché de nuevo a andar, con parsimonia, y rodeando la varita firmemente. Anduve un par de metros más hasta que choqué con algo. Saqué mi varita de la túnica apresuradamente:
    - ¡Lumos!
    Una luz cegadora surgió de la punta de esta, iluminando un pálido rostro justo enfrente del mío. Un chico rubio, de pelo largo y ojos penetrantes.
    - ¡Joder Arch!¡Que susto! – grité llevando mi mano hacia el pecho - ¿En que estabas pensando?
    - Lo siento Sam – dijo- no quería asustarte, estaba, bueno, estaba fumando a escondidas.
    Fruncí el ceño, risueña. Sabía de buena tinta que la atracción que Archelaus sentía por mí no era pura amistad. Varias veces me había declarado abiertamente lo que sentía pero yo, insegura, nunca le había sabido responder. A pesar de su atracción, más indumentaria que natural, nunca me había convencido.
    - No pasa nada – dije aún asustada- bueno ¿Qué tal el verano?
    Hizo una mueca de disgusto.
    - ¿Qué puedes esperar de un verano entero, de vacaciones con tus padres?- respondió irónicamente-
    - ¡Oh!¡Vamos!¡No será para tanto Archie!-sonreí, sabía que odiaba que lo llamasen así- Yo también estuve con mis padres, como siempre.
    Dio una última calada a su cigarro y lo lanzó por una de las incontables ventanas. Negué con la cabeza, risueña.
    - Bueno Sam – susurró expirando el humo- me voy a mi compartimento, vente si quieres.
    - No, gracias-respondí- estaremos a punto de…
    Un brutal frenazo me proyectó contra el suelo. Arch se abalanzó sobre mí, habiendo caído también, quedando los dos pegados el uno contra el otro: una situación un tanto incomoda, para los sentimientos que allí se arremolinaban. Le miré a la cara, los segundos se hacían eternos, hasta que osé hablarle.
    - Bueno – aclaré divertida- pues ya hemos llegado.
    Acto seguido prorrumpí en sonoras carcajadas, haciendo que una gran mayoría de alumnos saliese de sus vagones. Archelaus se levantó enseguida y me tendió una mano, para que me incorporase.
    - Nos vemos luego ¿no?-preguntó con la cara ligeramente escarlata-
    Asentí con la cabeza, volví a mi compartimento, me puse la túnica y recogí mi equipaje. A los pocos segundos ya estaba en aquel andén de nuevo, abarrotado de alumnos. Otro año más en Hogwarts, otro año cargado de experiencias y emociones, de exámenes y deberes… otro año más.

    =OUT=
    Realmente no está muy bien y sé que puedo dar más de mí, pero es un post de bienvenida, tampoco puedo pedirme mucho, xD. ¡Que ilu!

    Prud!

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    8:53 p. m. @ 26 abril, 2006



    Aquellas escaleras de caracol parecían envolverme a medida que subía, dirigiéndome al espectacular despacho circular del profesor Dumbledore. Todos los profesores nos habíamos citado allí el día anterior del comienzo del curso para preparar respectivamente, y cada uno en su temática, el curso 1982-83 en Hogwarts.
    Albus me había encargado una lista con los alumnos que entraban en primer curso ese año, su lugar de residencia, y su fecha de nacimiento. Había bastado con cuatro movimientos de varita, y ésta estaba preparada.
    Cuando crucé la pequeña puerta que separaba el despacho de las escaleras, anduve hacia la mesa desde donde me miraba un Dumbledore intrigante.
    - Siéntate, querida – me sugirió con elegancia-
    Tan pronto como me lo dijo, acaté la orden. Quedé a su misma altura, pero separados por escasos metros. Me incorporé y empecé a trastabillar con los pergaminos que reposaban en mi mano.
    - Ya he hecho la lista, Albus – le tendí los dos primeros pergaminos y comencé a leer el siguiente – como me pediste, he puesto el lugar de residencia, el nombre y la fech…
    - No dudo de tu labor, Minerva – me interrumpió dulcemente, haciéndome señas para que le entregase las listas- pero tenemos cosas más importantes de las que hablar hoy.
    Fruncí el ceño, inquieta. Cruce las piernas y deje que mi espalda se posase en el mullido respaldo de la silla.
    - Los tiempos no son buenos – comenzó- tú… ¿te acuerdas de Tom Ryddle verdad?
    - Por supuesto – respondí firmemente- como iba a olvidarme de ese chico, tenía un talento inigualable, se está echando a perder con lo que ahora está haciendo. Eso de no aceptar el puesto que le ofrecieron en el Ministerio, no me pareció razonable.
    - De eso se trata, querida –las palabras brotaban de su boca de manera fluida, intensa- Habrás oído, por supuesto, las muertes y desapariciones que se han registrado este verano. Bien, Minerva, quiero que me escuches bien. El conocido como Señor Oscuro, Señor Tenebroso, Lord Voldemort…es el mismísimo Tom Ryddle.
    Mis ojos se abrieron inconscientemente, y mi boca dejó de segregar saliva.
    - Pero Albus…¿Cómo puede ser?- pregunté anonadada-
    - Simplemente es así – respondió tajante – El caso es que todos sabíamos que nos enfrentábamos a un Señor Oscuro, con muchísimos seguidores, más de los que nos podemos imaginar. Pero la gravedad del asunto, Minerva, es…
    - Que sabiendo las dotes intelectuales de Ryddle, la amenaza es mucho más grande – terminé con un hilo de voz-
    - Exacto – contestó preocupado – ahora sabemos que ese Señor Tenebroso, dispone – aparte de una tropa de seguidores apodados mortífagos – de una inteligencia suprema, y añadimos también el parsel.
    - ¿Qué pasa con el parsel?
    - El parsel le permitirá comunicarse con las serpientes, por lo que pronto conseguirá tener a parte de las criaturas mágicas de su parte. Con esto quiero decir gigantes, dementores…
    Un grito ahogado se escapó de mis cuerdas vocales.
    - Esto…Esto es mucho más grave de lo que pensaba Albus, no sé como reaccionar – dije asustada-
    - Es normal, Minerva, es normal – me respondió comprensivo- Estarás asustada, confusa. Reconozco que yo también lo estuve en un primer momento, pero lo que ahora me preocupa es esta escuela.-hizo una pausa, mirando a su alrededor - El año va a ser difícil: las muertes se multiplicarán, y afectaran a padres de alumnos.
    Asentí, viendo la dificultad de la situación.
    - Pero todo seguirá como está – continuó- Hogwarts debe abrir sus puertas un año más.
    - Eso está más que claro – respondí intentando recuperar mi severidad-
    - Solo te pido, Minerva – hizo una pausa, y trago saliva- cautela, mucha cautela, y discreción.
    - Y así lo haré, no lo dudes, Albus.
    Me sonrió, sincero. Ese era Albus Dumbledore, una persona que podía preocuparte rápidamente, contando hazañas o verdades, y dos segundos más tarde, también con sus palabras, sumergirte en una calma completa. Me percaté de que el director observaba su reloj de bolsillo.
    - ¡Vaya!-exclamó divertido- ¿ya es esta hora? Vamos Minerva, el Expreso de Hogwarts está a punto de llegar. Hay que prepararse para la cena de Bienvenida.
    Asentí, calmada.
    - Entonces, te veo abajo. Hasta ahora Albus.
    Me levanté y mis pasos se dirigieron hacía las escaleras. Cuando me encontré en el pasillo del séptimo piso, anduve hasta la ventana. El cielo escocés, oscuro y poblado de nubes, amenazaba con llover. Percibí una luz importante a lo lejos, en la estación de Hogsmeade: el Expreso había llegado.
    Otro curso empezaba, y con el sus consecuencias: correteos por los pasillos, exámenes, deberes, clases… ¿Pero cambiaría algo el hecho de estar amenazados por aquel importantísimo Señor Oscuro?

    =OUT=
    Pues así como McGonagall va a dar la bienvenida al nuevo curso, yo os doy las bienvenida a este RPG. Este es un post orientativo, para adentrarnos en lo que es la época y el momento en el que se desarrolla la historia. También para situarnos: es el domingo 1 de septiembre de 1982 y será la cena de bienvenida esta noche. Mañana, lunes (en la historia), se empezarán las clases. Espero que lo disfrutéis. Espero que os guste...

    Prud!

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