3:24 p. m. @ 31 mayo, 2006

La tarde en la Biblioteca casi había tocado su fin. Siempre, detrás de las estanterias de los viejos libros que ya nadie leía (Como si alguien algun día hubiese leído alguno) me sentaba y repasaba los apuntes de aquél día. Estudiar nunca me había gustado, pero era algo que tenía que hacer.
Sonreí palídamente al recordar la clase de vuelo con Regina. Acerté casi todos sus tiros, mientras ella clavaba su mirada en mi pecho. Me extrañé de que ninguno de sus comentarios hubieran estallado en mofas, pero cuando su inspeparable Alisha Hannah Lowrie me derribó de la escoba con el pie, volví a recordar que Regina me odiaba.
¿Y por qué sonreía? La caída me había dolido, y sólo Hooch se acercó para asegurarse de que mi estado físico era correcto. Y aún me dolía el brazo, aunque no como aquella vez que alguien me lanzó un plato de gachas (No por equivocación), no, tampoco, me dolía levemente, pinchazos que iban y venían.
Me froté los ojos con las manos y volví la vista al libro de Pociones. Era terriblmente aburridas, no me extraña que mis pensamientos hubiesen acabado sonriendo por un golpe. Cuando me disponía a dejarlo por imposible, la voz distraída de Romilda se escuchó no muy lejos de allí.
-¿Meribeth? - Dijo casi susurrando.
-Estoy aquí - Dije guardando todos los libros y pergaminos en mi cartera.
-¿Dónde te habías metido? ¡¿Y qué demonios estás haciendo aquí?!
-He estado estudiando... - Dije ecogiéndome de hombros mientras ella miraba a su alrededor, hechando un vistazo aquél lugar que seguramente nunca había pisado.
-Te hemos estado esperando un buen rato. Creía que íbamos a estudiar juntas.
-¿Hemos?
-Dawn y yo.
-No me gusta.
-Lo sé. Vamos, odio la Biblioteca.
Romilda sabía perfectamente que odiaba el carácter fuerte de Dawn. Chocábamos en todo, ella ganaba. Yo perdía. Solía dejarme en rídiculo, aunque según ella sólo eran bromas divertidas.
Caminamos hasta la Sala Común de Huffelpuff, con los sofás gastados y rojizos, y sus grandes ventanales empañados por el frío. Pasamos de largo, y llegamos hasta nuestra habitación. Romilda se tumbó en su cama y yo me senté en el borde.
-Estoy cansada... - Dijo suspirando fuertemente.
-Hogwarts... Es odioso. Odioso y cansado.
-A ti nada te gusta.
-Eso es mentira.
-Hmm... - Murmuró suavemente algunas palabras que no entendí. En parte, tenía razón.
El ruidito de mi lechuza frotando su pico contra el cristal de la ventana, consiguió distraernos. Me incorporé y abriendo, descubrí que llevaba una carta con ella.
-¿Esperabas notícias?
-Serán de mi abuela. Por si todo va bien.
-¿Le has puesto ya un nombre?
-No... - Dije intentando quitarle la carta de las garras. La aprisionaba con fuerza. - Es un animal, no sirve para nada. No me entiende.
-Si tan poco te gusta no sé porque no te compraste un gato, o algo así.
-No he dicho que no me guste.
-¿Te gusta? - Dijo mirando con una expresión de asco a la cara de la lechuza.
Nunca le había parecido una belleza. La suya, en cambio, si que era bonita. Parda y veloz. A duras penas conseguía asemejarse a la mía.
-Sí, tiene la carita triste.
-¿Tiene la carita triste? Las lechuzas no tienen expresión de tristeza.
-Ésta sí. - Dije más convencida que nunca.
Era mi lechuza, sin nombre y negra como el carbón. Era un simple pájaro, que, quizás no era tan bonito como algunas lechuzas que había visto por Hogwarts, pero al contrario de muchas otras personas, nunca me había fallado.
=OUT=
Esta flojo y corto, pero mira... Ahora mismo es todo lo que mi cabeza puede exprimir >.<
Por cierto, he guiado el Horario a partir del post anterior... Si hay algun fallo, por favor comunicarlo.
Anna
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
9:19 p. m. @ 30 mayo, 2006

Me levanté de un salto y respiré fondo.
Sin hablar ni pensar en nada me fui a duchar y luego a vestirme.
Baje al gran comedor y espere en la puerta a alguien, no sabía exactamente a quien esperaba pero yo seguía ahí, sin moverme.
De pronto una persona conocida bajaba por las escaleras, era Erik.
-Erik- grité con alegría mientras se acercaba a mí
-Hola Anne- me dio dos besos en la mejilla - ¿Cuándo llegaste?
-Ayer por la noche, Mi abuela se empeñó en que me quedara un rato más, y ya sabes, el cambio de horas es muy malo
-Por cierto, toma el libro que me dejaste en verano, está muy bien, y los ojos del dibujos… ¡dios! ¡Son fantásticos!
-Es lo que tiene comprar libros muggles pero con detalles mágicos, sí, no me mires así, según decían en una revista esos ojos no son un simple dibujo, si no que están copiados de unos ojos vampiros de verdad- Mientras hablaba observé que me miraba fijamente a los ojos - Bueno ya empieza ha bajar la gente vamos a desayunar.
Ahí se separaron nuestros caminos, yo me dirigí a la mesa de Hufflepuff, mientras él se dirigía a la de Ravenclaw.
Fue un día tranquilo exceptuando después de las clases, dos alumnos de cuarto curso de mi casa se estaban peleando en mitad del pasillo, aunque prefería no meterme en peleas de chicas y robos tuve que hacerlo por la simple razón de ser prefecta.
Como añoraba esos momentos en los cuales no tenía responsabilidades y podía hacer lo que me viniera en gana sin pensar: Soy prefecta, no puedo hacerlo.
Entre en la sala común y vi a un chico sentado al lado de la chimenea, era Archelaus Dawssen. Como le envidiaba, él era un enemigo de las normas por decirlo de algún modo, y quieras o no los enemigos de las normas siempre tienen mayor libertad. Me senté en el sillón que estaba a su lado.
-Hola- le dije con pocas ganas
-Hola- mi miró con cara extraña- ¿Te pasa algo?
-Te envidio – me miró extrañado
Le mire a los ojos mientras pensaba en las palabras adecuadas, nunca me había fijado del azul tan bonito que reinaba en ellos.
-Tú no tienes obligaciones que te impiden ser libre, hacer lo que te plazca. Como fumar a escondidas, beber y un largo etcétera, yo sin embargo soy prefecta, y no me quejo de ellos, estoy muy orgullosa y mis padres también, pero hay veces en las que necesito esa libertar que tú tienes.
-No la tienes porque tú no quieres tenerla- me sonrió- es tan fácil como escaparte una noche, meterte por ejemplo en esos baños tan lujosos que he oído que tenéis o en cualquier otro sitio y dejar un poco las normas de lado, es lo que ago yo
-Lo he pensado, pero soy prefecta, sería una deshonra para mi familia que me destituyeran del puesto si descubren que me saltado algunas normas. La familia por parte de padre ya se avergonzaron de mí porque pertenezco a Hufflepuff y no a Slytherin como a ellos les gustaría
-Eso suena a excusa barata, tú siempre me has dicho que no soportas a esa familia, o al menos me has hablado de tu abuela
-Vaya memoria tienes- me reí- Tienes razón pero me da miedo hacerlo, siempre me ha dado miedo romper las normas aunque no lo parezca
-Quien lo diría, no te dan miedo los vampiros, es más los amas con locura y romper las normas sí. Eso se supera fácilmente, una vez que lo hayas hecho no tendrás más esa cosa en la tripa que te impide estar relajada y seguro de ti mismo
-¿Te as planteado alguna vez ser psicólogo? Estaba yo pensando…
Me quedé un momento en silencio observando la chimenea apagada
-Alguna noche que otra podríamos ir los dos por los pasillos de Hogwarts y bueno… Pero solo si tú quieres claro
-Por supuesto, ya tenías ganas de ver un prefecto desmelenarse un poco
Sonreí
Siempre me ha caído bien este chico, ¿Podría ser este el comienzo de una amistad?
=OUT=
Espero que os guste. A mi como siempre no me acaba de agradar, pero asi se queda.
Estefani Cuxifli
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
7:59 p. m. @ 29 mayo, 2006

Que pesadilla.
Cada vez que recordaba aquel momento se me ponía la carne de gallina. Cuando me materialice en la chimenea de la sala común, todavía no había procesado lo ocurrido. Me parecía irreal y absurdo en cierto modo. Imágenes entrecortadas volvían a mi mente, y un temblor incontenible sacudía mi cuerpo.
La sala estaba desierta. Los Ravenclaw estarían asistiendo a las clases de la mañana. Me quede un rato parado en medio del salón. Lo veía todo a través de una neblina de somnolencia. Estaba agotado. Dos noches prácticamente en vela eran demasiado.
Inmediatamente tome la escalinata hacia los dormitorios de los chicos. Al los pies de mi cama ya me esperaba el baúl con todas mis pertenencias. Cuando me acerque vi que encima descansaba un sobre. En el estaba escrito mi nombre con una florida caligrafía.
Saque el pergamino con un gesto mecánico.
- “Estimado señor Volskov, le ruego que se presente en mi despacho tan pronto como lea esta nota. Con el fin de disipar sus dudas inmediatamente, sepa que he sido informado de su situación.
Albus Dumbledore.
P.S: Me gustan las fresas ácidas.” -
¡Oh, no! Pensé. Estaba demasiado cansado para eso ahora. Lo único que quería era tumbarme en la cama y perder la conciencia durante un par de horas. Sin ni siquiera tener yo mismo las ideas claras, estaba como para explicárselo al director. Solo con pensar en la caminata hasta el despacho de Dumbledore ya se me puso dolor de cabeza. Maldito protocolo...¿No se podía limitar a dejarme mi horario de clases y el mensaje de preocupación en aquel sobre?
Solté un sonoro suspiro y me encamine arrastrando los pies hacia la horrenda gárgola que custodiaba el acceso al despacho. Tras interminables tramos de escaleras y una breve explicación a Filch de porque no me encontraba en clase, el coloso de piedra me observaba con su mueca macabra. ¡fresas ácidas! La estatua se apartó a un lado con una grave vibración.
Subí la escalera y llame suavemente a la puerta. La amistosa voz de Albus Dumbledore contesto del otro lado de la puerta: ¡Pase!. Entre en la sala tratando de disimular mi cansancio.
- ¡Ah! Señor Volskov, Bienvenido. _
- Buenos días señor director _ Conteste con voz algo ronca.
Se levanto y dio la vuelta al gran escritorio repleto de ruidosos artefactos para estrecharme la mano.
- Su padre me lo ha contado a grandes rasgos. Lamento lo ocurrido. Un desafortunado accidente.
- Desde luego. - Asentí desganadamente -
- ¿Cómo ocurrió exactamente? Vladek no me ha dado muchos detalles.
Ahí esta _ Mis temores quedaron confirmados. Tendría que narrar la historia.
- Pues como ya sabe, nos encontrábamos en Bulgaria de vacaciones. Allí hay una gran reserva de dragones en libertad. Y mi padre movió sus contactos para que nos dejaran visitarla. La idea era que nos acompañara un grupo de guardas expertos en tratar con ese tipo de criaturas. A mi me pareció mala idea desde el principio. Pero mi madre estaba muy ilusionada también. Pensó que seria un buen final de vacaciones. No pude hacer nada por evitarlo. – hice una pausa y respire hondo. Al contarlo me volvían imágenes que querría desterrar para siempre de mi cabeza. – Cuando llegamos todo iba de maravilla. Uno de los cuatro guardas había tejido un hechizo de camuflaje a nuestro alrededor. El paisaje era magnifico y los dragones volaban por encima de nuestras cabezas sin vernos. Admito que incluso yo llegue a relajarme. Mi madre se había llevado su material de dibujo como suele hacer en todas las salidas que hacemos. Todo se descontroló cuando se alejó del grupo y se acerco a un nido situado en lo alto de una colina. En el estaba una hembra de dragón con su cría. Todo ocurrió muy deprisa. Por alguna razón el hechizo dejo de funcionar en aquel momento en que se acerco para dibujarlos. Tan pronto se esfumó la acción del hechizo, la hembra giró la cabeza y le lanzo una llamarada. Debió de asustarse al verla surgir de la nada e intento proteger a su cría instintivamente. Uno de los guardas, lanzo en el ultimo momento el hechizo protego, pero era demasiado tarde. La llamarada le causo quemaduras graves.- Me detuve un momento considerando si debía contarle lo otro. Al final me decidí - Lo extraño es que me pareció distinguir una figura oscura escabulléndose entre los setos de alrededor. Aunque no estoy seguro. Todo fue muy confuso. Todos se agitaban alrededor. El resto supongo que ya lo sabe. Llevamos dos días y dos noches velando su recuperación en el principal hospital para el cuidado de lesiones mágicas de Budapest.
- Entiendo. Lo habéis debido de pasar mal. Pero lo peor ya ha pasado. Ahora espero que la preocupación le permita seguir las clases adecuadamente. Al fin y al cabo su madre ya esta fuera de peligro y probablemente no le queden secuelas. – Se dirigió de nuevo a su escritorio lentamente.
Tras sentarse tomó un pergamino y me lo tendió.
- Tenga, su horario de clases. Veo que está cansado. Si lo desea puede retirarse a descansar. Mañana retomara las clases junto a sus compañeros. –
- Gracias señor. – Contesté aliviado -
Ya me encaminaba hacia la puerta cuando su voz me hizo detenerme de nuevo.
- Por cierto, permita que le haga una sugerencia. No guarde rencor a su padre por lo ocurrido. El también esta muy afectado y siente un gran sentimiento de culpa. – Inclino la cabeza y me observo por encima de sus gafas de media luna – Por otra parte, si le pareció ver algo raro, debería tenerlo en cuenta. Vivimos tiempos turbulentos y me temo que ira a peor. A partir de ahora esté especialmente atento a todo lo que le rodea.
- Lo haré señor – Conteste sorprendido – Un escalofrío recorrió mi espalda al cuestionarme hasta que punto esa sospecha podría ser real.
De vuelta a la sala común me cruce con algunos alumnos sin verlos realmente. Me movía como un inferis por los pasillos y sin darme apenas cuenta llegue de nuevo al punto de partida. Me quite la túnica y caí pesadamente en la cama. Al día siguiente retomaría la rutina y me alejaría definitivamente de este mal sueño. Pero antes necesitaba un descanso reparador.
=OUT=
Bueno, espero que no haya quedado demasiado mal el arreglo. Me he enterado tarde de esta fantástica idea. Pronto contactare con algunos de vosotros para que podamos interactuar. Mientras, si alguien quiere algo de mi Virgile, no tiene mas que pedirlo.
Un saludo ;)
Anónimo
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
5:07 p. m. @ 28 mayo, 2006

Los pasillos de Hogwarts se mantenían en silencio sepulcral, y sólo se oían los murmullos lejanos de las lechuzas que revoloteaban en el cielo nocturno.
En mi habitación todos dormían: Alexis estaba acurrucado, en posición fetal. "Hay que ver lo adorable que puede llegar a ser cuando duerme", me dije. Los demás parecían también dormidos, aquella noche pasada había sido de demasiada actividad en la Sala Común y el cansancio comenzaba a pasar factura a los alumnos mayores como nosotros. Pero no era mi caso.
Me quité el pijama intentando no hacer ruido, me puse el suéter negro y los vaqueros y me dirigí, con los zapatos en la mano, a la Sala Común, donde me esperaban ellos.
Junto al fuego, estaban los que me iban a devolver al estatus social que me merecía. No estaban enmascarados, como me decían que solían estar, pero sus caras eran apenas imperceptibles tras el umbral de las llamas, y sus rostros eran como borrones negros de rasgos desconocidos.
-Bienvenido, Urquhart-El chico de voz metálica me recibió, metódicamente. Su voz parecía tener medida y calculada cada palabra que pronunciaba.-Te estábamos esperando.
Los había conocido hacía apenas dos días, y ya no podía evitar su compañía. Me habían prometido que, si seguía sus pasos, conseguiría ser el que yo era antes, Lance Salazar Urquhart, y dejar de ser el patético apestado Slytherin.
La conversación entre ellos comenzó, y hablaban de "un mago tenebroso cuyo poder estaba creciendo" y la "imperiosa necesidad de unirse a él". ¿De qué estaban hablando? ¿Magos oscuros? Hablaban de unirse a ellos como resistencia contra lo establecido, y luchar por todos los medios para erradicar a los sangre sucia y muggles de la faz de la tierra, utilizando toda clase de artimañas. ¿Era ese el precio que tenía que pagar para volver a ser el que era? ¿Matar a medio colegio para volver a ser popular?
Me evadí de estos pensamientos cuando una chica, o eso parecía por su voz delicada y siseante, me dirigió la palabra.
-Entonces, Urquhart, ¿estás dispuesto a unirte a nosotros? Le hemos hablado de ti al mago oscuro y está... muy interesado en que te unas.
Tenía que tomar una decisión... Pero ¿qué hacer? No merecía nadie morir así por mi ambición... -Ehmmm...-titubeé durante unos instantes, a lo que ellos contestaron con murmullos, parecían disgustados.
El chico que me había saludado previamente me agarró del cuello y me empujó contra la pared, bruscamente, haciéndome sangrar por la cabeza.
-Mira, Urquhart. Ya has entrado en el juego, y como verás si te niegas, la venganza del Señor Oscuro no es plato de buen gusto para nadie. Así que tú eliges: o tu vida o la de los demás. Espero que no te comportes como un patético Gryffindor temeroso y te me pongas de defensor de los desamparados. ¿Vas a dejar que te sigan pisoteando? En cuanto te vean con unos cuantos cadáveres a tus espaldas ya verás cómo te haces respetar. Quid pro quo. Ellos te pisotean y tú te cobras el precio.
Tenía razón. Era una elección donde sólo había una posibilidad.
-Vale... De acuerdo.-El chico me soltó y me dejó caer, pero sin ayudarme a levantarme se volvió a su asiento donde estaba cuando llegué.
-Perfecto, Lance-La chica habló.-Pronto podrás hablar... en persona con Él. Espero que estés a la altura de lo que nos espera. Será duro, pero creo que todos saldremos beneficiados, ¿no? Los muggles dejarán de ser como una plaga y nosotros viviremos libres de ataduras.
Yo me mantenía con la cabeza baja, estaba dolorido, aunque la sangre se había resecado y enmarañado con mis mechones de pelo.
-Puedes retirarte-Dijo la chica.-Tenemos cosas más importantes que hacer.-Y me señaló el camino con un ademán.
Tras pronunciar estas palabras, no les volví la mirada, y volví corriendo a mi habitación, mientras las lágrimas empañaban mis ojos ante la decisión, letal e irrevocable, que acaba de tomar.
Ellos se mantenían ante el fuego, pero uno de ellos se acercó a las llamas, mientras estas crepitaban violentamente.
-Señor, ya tenemos un nuevo mortífago: Lance Salazar Urquart.
=OUT=
God... Post que tenía ganas de escribir pero me ha salido bastante corto... Lance se va a hacer mortífago! Todo por querer llegar lejos... Ays, el precio de la fama.
Carlos
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
7:49 p. m. @ 26 mayo, 2006

Me desperté con el cantar de un dulce pájaro que era nada menos que mi lechuza Lovech, la cual había medio abandonado.
-Hola pequeña- me levanté de la cama y fui directa a ella- Lo siento mucho, pero es que ya sabes el primer día es muy duro
¿Qué estoy haciendo? Si los pájaros no contestan, ni siquiera se si me entiende
Fui a la mesilla, abrí el cajón y cogí una golosina para que me perdonara Lovech. Esta la recibió con alegría y me lo demostró con un cariñoso picotazo en la mano derecha.
Miré a mí alrededor, todos o casi todos estaban aún durmiendo, sin hacer ruido me fui a duchar y a arreglarme, no quería quitarles horas de sueños a mis compañeros. Tarde bastante puesto que estaba como ido, en mi mundo y con mis cosas, pero no me importaba hoy tenía tiempo de sobra, cosa muy rara en mí, siempre era Benjamin quien se despertaba primero y me daba prisas para no llegar tarde, pero hoy no, hoy podía observarle como dormía placidamente. Me giré para observar a Oliver.
Tiene cara de niño bueno y todo, sin poder evitarlo me reí, y para mi desgracia casi me ahogo por evitar una carcajada escandalosa.
Menos mal que no hay nadie despierto en esta sala
-Pues nada, mejor los dejo durmiendo placidamente, aunque no se que hacer hasta que sea una hora adecuada para ir a desayunar, bueno siempre puedo leer el libro de vampiros y así ya se lo podré devolver a Anne. Estoy loco, hablar solo es de locos, o eso dice mi primo- me di un pequeño golpecito en la cabeza y bajé hacia la sala común.
¡Anda! Ahora ya se porqué todo el mundo se hipnotiza con la mirada de un vampiro, no me extraña con estos ojos tan bonitos del dibujo… ¿qué hora será?
-Hora de bajar- me dije mientras miraba un reloj y me levantaba.
Cogí el libro para devolvérselo a Anne y me dispuse a salir y dirigirme hacia el gran comedor.
Allí estaba, en la puerta del gran comedor, una muchacha de piel pálida, un pelo largo y brillante, con unos ojos preciosos, y su ropa, ¿qué decir de su ropa? Era única vistiendo, debajo de la falda del uniforme unos pantalones piratas negros, combinados con sus All Star, con la camisa medio desabrochada, lo suficiente para ver el principio de sus senos y con la corbata sin el nudo hecho.
-Erik- gritó con alegría mientras me acercaba a ella
-Hola Anne- me aceré a ella y le di dos besos- ¿Cuándo llegaste?
-Ayer por la noche, Mi abuela se empeñó en que me quedara un rato más, y ya sabes, el cambio de horas es muy malo
-Por cierto, toma el libro que me dejaste en verano, está muy bien, y los ojos del dibujos… ¡dios! ¡Son fantásticos!
-Es lo que tiene comprar libros muggles pero con detalles mágicos, sí, no me mires así, según decían en una revista esos ojos no son un simple dibujo, si no que están copiados de unos ojos vampiros de verdad- Cuando hablaba del tema de los vampiros le brillaban los ojos, parecía un niño de cuatro años con un juguete nuevo- bueno ya empieza ha bajar la gente vamos a desayunar.
Desayuné lo más que puede para coger fuerzas para Historia de la magia, esa asignatura siempre me pareció un tanto aburrida… Pero para mi sorpresa pasó la hora muy rápidamente, y no me aburrí tanto como esperaba.
Para la siguiente hora teníamos adivinación, así que me dispuse a buscar un compañero de mesa que no fuera Benjamin, ahí estaba entra la multitud, mi compañera Elizabeth. Espero que no me rechace cuando me acerque
-¡Eh! ¡Elizabeth! ¡LIZ!- se giró buscando la voz que la llamaba- Toca Adivinación, ¿vamos subiendo?
-Sí, por favor. Alejémonos de este rebaño de aprendices- dijo mientas miraba los alumnos de primer curso
-Bueno, recuerda que tú también fuiste como ellos una vez –dije entre risas
-Sí, eso es cierto… Pero yo al menos no estorbaba en medio del pasillo.
-Mira, ahí vienen Oliver y Audry. ¿Los esperamos? – Asintió con la cabeza mientras guardaba su horario
-Hola –Los saludamos a la vez
-¿Subimos ya todos juntos? –propuso Liz
El camino hasta el séptimo se me hizo, como siempre, muy relajante, siempre me ha gustado mirar por las ventanas y mirar el paisaje de Hogwarts, pero me pareció que para Liz no lo era, ya que iba dos escalones más abajo de nosotros y se le notaba que le costaba subir los escalones.
- Qué poco fondo tienes Liz ¿Acaso no haces ejercicio? – pregunté desde lo alto de las escaleras mientras ella subía el último tramo sujeta al pasamanos
- Ejercicio físico precisamente no… Pero últimamente estoy más cansada de lo habitual- dijo mientras cogía aire de una forma muy exagerada
- ¿Estás enferma o algo? ¿Te sientes mal? – preguntó Audry
- No, no es eso en absoluto. No te preocupes por mí Audry. Gracias – Al pasar por su lado apoyó su mano en su hombro mientras le dedicaba una sonrisa – En serio, no te preocupes
Entramos por fin a la clase, todo era igual que siempre, la chimenea encendida y un olor a no se que me relajaba tanto que me era muy difícil no quedarme dormido en clase.
Nos sentamos por parejas, yo me senté con Liz cosa de que me alegre así Oliver no me daba la vara con el tema de Ben.
A los pocos minutos llegó la profesora Trelawney. Empezó a explicar lo que íbamos a dar hoy en su clase, pero yo como siempre me pasa me quede tras puesto pensando en mis cosas. Estaba seguro que eso me lo causaba el incienso.
Leer las manos, sí, buen ejercicio, ¿Dónde estará…?
Liz me distrajo de mis pensamientos cuando cogió mi mano y se puso a examinarla con detenimiento.
- Y bien… ¿Qué ves? – pregunté con curiosidad
- Espera un momento, no seas impaciente. Ya has oído a la profesora: Concentración- me decía mientras consultaba al libro
- Bien… Erik, ¡Erik!- me medio gritó. Me quedé otra vez traspuesto observando la chimenea, no lo podía evitar
- ¿Eh? ¡Ah! Esto… ¿qué dice mi mano?
- Bueno, basándome en el diagrama y en lo que Friedrich Löremberg dice en su libro me aventuraría a decir… - hizo un silencio que me izo ponerme más nervioso por saber que decían mis manos
- ¿A decir qué?- dije
- Que la relación existente entre el Monte de Venus y el Monte de Marte, y teniendo en cuenta la línea del corazón que atraviesa a éste último… Esto me huele a declaración amorosa- contestó al fin
- A ver querida – La profesora Trelawney, como siempre, pareció de la nada y se acercó a nuestra mesa- Permítame, señor Rownnerbad.
La profesora Trelawney cogió mi mano y comenzó a examinarla.
- Sí, lo veo, cierto… Excelente apreciación señorita Reinhart, veinte puntos para Ravenclaw. Pueden continuar.
- Bueno… ¿Y a quién te tienes que declarar?-me pregunto con un tono que a mi parecer era burlón
-Oh vamos, Liz…
-No intentes negarlo, somos dos contra uno, la profesora lo ha confirmado. Si no me lo quieres contar lo comprenderé
- ¿No crees que debería empezar a leer yo las líneas de tu mano?-dije intentando cambiar de tema
Vale, es alguien que conozco – me dijo mientras me daba su mano izquierda para que la examinara - ¿Es de nuestra casa?
-Liz, necesito concentrarme
-Bien, es de nuestra casa…
Noté que me puse rojo, pero por suerte no me preguntó nada más y pude leerle la mano
-Creo que ya lo tengo- dije con alegría
-A ver, dime que has visto – preguntó
-Pues me he fijado en tu… Monte de Júpiter y en esta zona de tu dedo pulgar, además de en la línea de la fortuna y creo que significa… que algo en lo que estás poniendo mucho empeño va a salirte bien
-¿En serio? –retiró su mano rápidamente y se puso a examinarla. Como si no se creyera lo que he había dicho
-¿Todo bien, Liz? Te has quedado muy callada de repente- le pregunté preocupado
- ¡Ah, sí! Todo marcha perfectamente Erik. Gracias por tu predicción, en verdad necesitaba… – La voz de la profesora Trelawney la interrumpió
-Bueno queridos, siento comunicaros que tenemos que dejarlo por hoy. Cómo ejercicio práctico os encargo que para la próxima clase me traigáis el esquema de la mano de algún compañero o amigo vuestro junto con un análisis de qué podéis observar. Eso es todo, podéis marcharos.
Recogió sus cosas a toda prisa y se dirigió corriendo hacia la salida.
- ¡Liz! ¡Tu carpeta! –grite
Volvió corriendo, cogió su carpeta, me dio un beso en la mejilla y se fue de nuevo.
- Gracias, Erik. Muchísimas gracias por todo
Mientras se marchaba Oliver y Audry se acercaron y me preguntaron por lo que le sucedía a Liz. No supe que contestar.
¿Qué le ocurre a Liz? Últimamente esta muy extraña…
Pasé el resto del día en compañía de Oliver, Audry, Ilona y Benjamin, excepto la hora de cenar que la pasé haciendo deberes.
-¡Por fin, terminé!- dije mientras me estiraba, aún estaba solo, la gente seguía cenando en el gran comedor.
Podría bajar y hacer vida social, bueno no, mejor no, tengo sueño, y después de este esfuerzo mejor me voy a dormir
Sin saber porqué tenía en mi cara dibujada una sonrisa.
-Loco, eso es lo que soy.
Subí las escaleras hacía el dormitorio de chicos, entre y observe la jaula de Lovech
-Vacía, como me esperaba, seguro que esta cazando, debería prestar más atención a Lovech o se irá. Mañana será un nuevo día el cual le dedicaré más tiempo, se lo merece.
Me senté en mi cama y me quite los zapatos y los calcetines
En realidad no tengo sueño, pero no quiero que todos me miren cuando entre al gran comedor.
Decidí tumbarme en mi cama y liberar mi imaginación mientras tarareaba una canción que no conocía que la había escuchado a un alumno de quinto curso durante el desayuno. Tarareando y tarareando me dormí profundamente.
=OUT=
Perdón! Perdón por el retraso, pero últimamente internet no me va y así que no puede postear esto.. Y perdonarme pero el post de Anne (si llego a postearlo) aún tardara más. Perdón por las molestias.
Tras pedir perdón deseo que os guste mi post, a mi personalmente no me gusta pero... para gustas colores, o no?
Estefani Cuxifli
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
9:18 p. m. @ 25 mayo, 2006

Llegaba tarde – para variar – otro año más, a pesar de las incesantes amenazas, que, a lo largo del verano le había hecho a mi padre. Bajo ningún concepto quería empezar con retraso, pero allí estaba. Al menos, podría lucirme esa misma noche, entrando por la puerta grande del Gran Comedor ante la mirada de todos. No había cosa que más me gustase.
El profesor Slughorn apareció, calzado con una túnica de gala, al otro lado de la sobria y oxidada verja metálica, y con su típica sonrisa de anormal, que acostumbraba a esbozar.
- Buenas noches, señor Marzabotti – saludó, cordial – y Adrianna. Eres la segunda Slytherin que se incorpora tarde, el señor Urqu…
- Buenas noches, Horace – se pronunció mi padre, de un tono glacial – te dejo aquí a Adrianna, ambos sentimos el retraso.
Eran completamente patéticos, los dos: Slughorn, tan antiestético, con esa imponente barriga, y mi padre, con esos aires de mago tenebroso que tan mal le sentaban.
Me despedí con un frío “adiós”, casi imperceptible, y ya dentro de los terrenos, encanté mis dos baúles cargados de ropa, para que, levitando, llegaran al castillo. En cuanto al viejo profesor, no le dirigí la palabra en todo el trayecto, y, caminaba lo mejor posible por delante de él, intentando que mis tacones se hundiesen menos en la fangosa hierba. Menos mal que eran los más antiguos…
Pronto llegamos a las escalinatas de piedra, que conducían a las rudas puertas de roble. Saqué mi varita, y con un simple hechizo, limpié mis zapatos: tenía que estar perfecta. Hecho esto, me adentré en el elegante castillo, seguida y escoltada por Slughorn, y, cuando llegamos a las puertas del Gran Comedor, abiertas, dejando escapar un gran ruido de alboroto, comencé a pavonearme con pasos sugerentes y la cabeza bien alta, mientras penetraba en la sala. Seguidamente, un mar de ojos se volvió hacia mí, y unas voces recorrieron la estancia, amortiguando el ruido que provocaban mis zapatos de Gucci, no llevaba el uniforme puesto. Me senté, lo más elegante que pude, entre Alexis y Alisha, una amiga. Si es que así la podía llamar. La saludé sobriamente, mientras que ella se tiró a mis brazos. Reparé en que Regina y McHallen me asesinaban con los ojos.
- ¡Adri! – chilló Alisha exaltada - ¡Cuánto tiempo! ¡Estás guapísima!
- Lo sé – respondí orgullosa – también estoy hambrienta.
Sin decir más, me puse a cenar, y Lowrie comenzó con su perorata, típica de todos los años. Ni la escuchaba.
Dirigí mis ojos hacia Liberty Sparrer, una traidora a la sangre, y para mi juicio, una mala Slytherin, no tenía el verdadero espíritu de Salazar. Era otra cosa que odiaba en Hogwarts: los traidores que se juntaban con mestizos o no se sentían orgullosos de su pureza, asquerosos. Ojala mi padre tuviera razón y ese Señor Oscuro del que hablaba, acabase con ellos.
Prud!
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9:17 p. m. @ 21 mayo, 2006

Durante toda la noche casi no pude dormir, por lo que por la mañana me costó levantarme. Después de arreglarme, a pesar de que era muy pronto, decidí despertar a Henry para charlar un rato con él.
-Henry, despierta.-le susurré – me gustaría hablar contigo un momento.
-Ehhh... sí... claro.- se levantó rápidamente y se sentó en la cama.
Estuvimos conversando del viaje en el Expresso y del primer día. Le confesé mis sentimientos hacia Sam y me expresó su opinión.
-Quizás deberías hablarlo con ella, yo si quieres la pregunto algo sobre el tema.
-¿Me harías ese favor?- le dije casi suplicándole- pero no se lo cuentes a nadie, eh?
-Que sí, tu tranquilo, y ahora... ¿me dejarías vestirme por favor?- preguntó con esa educación que le caracterizaba.
Me dispuse a salir de la Sala Común cuando oí que alguien me llamaba:
-¡Robert! ¿bajas conmigo?- dijo una agradable voz.
-Sí, claro Heather, vayámonos.- se acercó corriendo hacia a mí y cruzamos el cuadro para salir de la sala.
Hasta la llegada del Gran Comedor, no hablamos de nada en concreto, simplemente nos limitamos a observar a los demás alumnos, sobre todo a los de primer y segundo curso.
Pasamos las puertas del Comedor, observamos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta de que habían llegado más alumnos el día anterior. Nos sentamos en nuestra mesa cuando una chica de larga melena rubia, llamada Romilda Hannsfred, se nos acercó y dijo:
-¡Hola!, tu eres Robert Wood, ¿no?- preguntó .
-¡Hola! Sí, claro que soy yo, ¿Querías algo?- pregunté extrañado, puesto que no estaba acostumbrado a que alguien de otra casa se me acercase para hablar.
-Solo quería decirte que el viernes por la noche tenemos la primera fiesta con el profesor Slughorn, estaría muy agradecido si vinieras...
-Por supuesto que iré, gracias por avisarme- la respondí con un gesto de agradecimiento.
Se dio la vuelta y se sentó en la mesa de Hufflepuff. Desayuné mis tostadas con mantequilla y le propuse a Heather volver a las habitaciones para coger nuestros libros.
. . . . * * * * . . . .
En la clase de Estudio sobre Muggles estuvimos viendo los inventores y científicos “no mágicos” más importantes de la historia: Ericsson, Curie, Selden, Edison, Franklin, Thompson... La verdad es que no comprendía porque iba a esas clases, solo lo hacía para que Heather no fuese sola.
Al finalizar la clase, fuimos directamente al Comedor, pero en el camino nos encontramos a Dumbledore.
-Hola Wood, ¿le importaría que la señorita Drummond venga conmigo a mi despacho durante el almuerzo?
-Claro que no, espero que coman bien- respondí aunque no me hacía mucha gracia tener que comer solo y el hecho de que se hubieran visto dos días seguidos.
Llegué al Gran Comedor y observé que todavía no había mucha gente comiendo, por lo que cogí el sitio más lejano de la puerta y comencé a comer. Enseguida los alumnos entraron y se formó un gran bullicio mientras comían. Empecé a pensar en Sam y la buena pareja que haríamos los dos, la de cosas que haríamos juntos... De repente, alguien me propinó un golpe cariñoso en la frente.
-¡Robert! – exclamó Sam - ¡Despierta! ¿Qué te pasa?: Las clases o… ¿un mal día?
-¡Hola Sam! No, no tengo un mal día – respondí sonriente- ¿Has hablado con Henry?
-Mmm…. No – musitó– no le he visto desde el desayuno creo… ¿Por qué?
-No, por nada… - contesté tristemente.
-¿Me he perdido algo? – inquirió - ¡No! Espera que adivine… ¿Drummond?
-¡No! -dije sonriendo- claro que no, la verdad, no sé porque te cae tan mal. Es mi mejor amiga – añadí – me gustaría que os llevaseis bien.
-No me cae mal , solo que… no la conozco… eso es todo.
En ese momento, Chris se sentó a su lado, acabando con nuestra conversación. Pronto llegó la hora de ir a clase de Transformaciones, por lo que me despedí de Sam y de Chris y, como no esperaba encontrarme con Heather, me fui directamente al aula.
Cuando entré a la clase, reparé en que solo se encontraba Heather , por lo que me senté a su lado. Después llegaron dos alumnos de Slytherin: Alexis McHallen y Alisha Hannah Lowrie , los cuales, se nos acercaron con aires de grandeza y me recriminó el chico:
-Ehh Wood, ¿qué haces con esta sangre sucia trastornada?- dijo a carcajadas.
-Sí... ¿sabes que solo te utiliza para que la hagas compañía?- añadió Alisha.
Heather empezó a llorar, pobrecilla... y a mí no se me ocurrió otra cosa que levantarme para darle un puñetazo a cada una de las “malditas serpientes” con la mala suerte de tropezar con mi túnica y darme contra un pequeño escalón. Me había dado un golpe en la cabeza, y empecé a sangrar cuando los demás alumnos entraban en la clase. Alisha y Alexis no paraban de reírse, y yo salí corriendo entre los alumnos que iban pasando.
No paraba de correr, sin fijarme en los demás alumnos que pasaban por mi lado. Llegué a la enfermería donde se hallaba la enfermera Pomfrey, la cual me indicó que me sentara en la camilla más próxima a ella.
. . . . * * * * . . . .
En la cena, Heather me estuvo contando lo que habían hecho en las clases de Transformaciones y Encantamientos, me agradeció lo que había intentado hacer por ella y no paró de tocarme las vendas de mi cabeza.
Por lo menos no tenía que ir a Astronomía esa noche, ya que Pomfrey me había aconsejado que tuviera un “descanso absoluto”. Tras finalizar la cena, subí a la Sala Común donde me puse a hacer los deberes que nos habían mandado, pero no los acabé porque vi un ejemplar del Profeta y no hice otra cosa que leerlo hasta que me entró sueño y me fui a la cama.
=OUT=
Este si que me gusta... espero q a vosotros tambien... y nosé que más decir...
Mario
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5:14 p. m.

Era la hora de la comida, un gran bullicio se destapaba en el Gran Comedor, donde, todo el mundo famélico por el inicio de las clases, ingería velozmente todo aquella que caía en sus manos. Me senté, exhausta: la comida era todo un placer para mí. Me senté junto a un Robert bastante ido, por lo que le propiné un golpe cariñoso en la frente.
- ¡Robert! – exclamé risueña - ¡Despierta! ¿Qué te pasa?: Las clases o… ¿un mal día?
Me miró, todavía ensimismado, y acto seguido su rostro adquirió un tono rosado.
- ¡Hola Sam! No, no tengo un mal día – respondió sonriente- ¿Has hablado con Henry?
- Mmm… No – musité – no le he visto desde el desayuno creo… ¿Por qué?
El comportamiento de Robert me extrañó, no tendía a ser un chico ensimismado, y mucho menos con poco entusiasmo.
- No, por nada… - repuso sin ilusión alguna –
- ¿Me he perdido algo? – inquirí sin pensármelo - ¡No! Espera que adivine… ¿Drummond?
- ¡No! – dijo sonriendo – claro que no, la verdad, no sé porque te cae tan mal. Es mi mejor amiga – añadió – me gustaría que os llevaseis bien.
Y no se equivocaba, Heather Drummond me ponía histérica: sus constantes grititos anteriores a conceder una respuesta en clase, no corroboraban más que a crisparme los nervios.
- No me cae mal – me apresuré a mentir – solo que… no la conozco… eso es todo.
En ese momento, Chris se sentó a mi lado, librándome de la embarazosa situación, y abriéndome una vía de escape a la conversación sobre la maldita Drummond.
Cuando me quise dar cuenta, la hora de comer había finalizado, y yo aún no había terminado.
- Vamos, Sam – me dijo Christine – vamos a llegar tarde –
- Ve tú, yo ahora mismo te alcanzo – contesté engullendo una alita de pollo –
Diez minutos después, estaba corriendo, con el almuerzo aún en mi garganta, hacia el aula de Transformaciones. Llegaba tarde, ya estaba mentalizada para el sermón de la profesora McGonagall, marcado claramente, por su fingida cordialidad – hablándote de usted – y su severidad e inexpresión. Conseguí traspasar la puerta del aula a toda prisa, justo antes de que empezara la clase.
- Señorita Withenrose – declaró McGonagall – por los pelos. Espero que sea así siempre, usted que habitualmente se caracteriza por llegar tarde.
Asentí y busqué a Chris a través de la marea de alumnos. Por suerte me había guardado un sitio. Me senté a su lado, y con una gran sonrisa la di por saludada.
- Bueno, chicos – irrumpió la severa voz de la profesora – hoy practicaremos una nueva clase de hechizos. Habitualmente, se empiezan en Defensa contra las Artes Oscuras, pero el profesor Quirrell, me pidió que lo cursara yo. Estos son los hechizos no verbales.
Chris y yo nos miramos, leyéndonos la mente. Si no podíamos estar calladas en situaciones normales… ¿lo lograríamos para pronunciar un hechizo?
- Withenrose y Meyer, hagan el favor – regaño – Estos hechizos son sumamente difíciles, y requieren una gran concentración, por lo que os pido seriedad. Con esta taza de té que os voy a entregar – hizo un movimiento con la varita y al instante, apareció en cada mesa un vaso de infusión – intentéis transfigurarla en un ratón blanco. Siempre y cuando sea sin pronunciar palabra alguna, ya podéis empezar.
La clase se puso en movimiento: los alumnos, se arremangaban las túnicas y retiraban los molestos cabellos de la cara, para iniciarse en lo que parecía imposible. Por mi parte, alcé mi varita y comencé a pensar en el hechizo, pinzando los labios, para evitar decir nada.
- Así no lo vas a conseguir – inquirió una voz al lado de mí – tienes que estar muy concentrada, al menos las primeras veces.
Era Liberty Sparrer, con su túnica de terciopelo morada, que contrastaba con su platino pelo, liso como una tabla de madera. La miré extrañada, mientras me dirigía una patética sonrisa, mostrándome orgullosa, el ratón que había logrado transfigurar. Me limité a asentir, mostrándome reacia hacia ella, tan hortera y divina a la vez.
La profesora McGonagall se paseaba entre los pupitres, viendo los penosos – en su mayoría – resultados de los conjuros no verbales. Cuando llegó a nuestra altura, se paró en seco.
- ¡Muy bien, señorita Sparrer! – elogió, raro en ella – Es la primera alumna que en la primera clase lo consigue. Cincuenta puntos para Slytherin.
Liberty la miró, desafiante. Como si no la gustase que la hiciesen cumplidos, y ser el centro de atención por unos instantes. Se mostraba dura y rara ante los demás, pero yo no vacilaba ni un instante, en que era solo una máscara, detrás de la que se escondía una personalidad plana, y una necesidad de atención considerable. Me daba asco a decir verdad, no sabía porque, pero era así.
- ¿Vas a dejar de mirarme? – preguntó burlona –
¿Cuánto tiempo había pasado? La profesora Mcgonagall ya no estaba ahí, y los alumnos ya estaban saliendo por la puerta de roble. No respondí.
- Chris – dije - ¿Nos vamos?
- Sí, claro – asintió – ya solo nos queda una clase.
Y nos marchamos, dejando en aquel pupitre, a aquella asquerosa Slytherin que desafiaba a todos… Maldita serpiente…
Terminada la última clase, me había citado con Noah Emmanuel Allen, un joven que pertenecía a mi casa. El profesor Binns, nos había castigado. Y era normal: ambos dormitábamos placenteramente, a nuestras anchas, y Binns, al descubrirnos, nos había mandando 25cm de pergamino sobre los squibs…
Tras estar un rato buscando de libro en libro, y escuchando las fantásticas hazañas de Noah, comenzamos a escribir, este último, sin dejar de hablar, claro.
- Sí, un dulce merengue con pequeños topos de chocolate.
Prorrumpí en carcajadas, intentando que mi risa no se oyese demasiado.
- Vamos, Noah. Tenemos que hacer el trabajo.
Nos pusimos, de nuevo, a rasgar los pergaminos, absortos en el aburrido trabajo.
- ¿Tú que piensas de los squibs? – preguntó de repente, pensativo-
- Pues… no lo sé, Noah – contesté – y ¿tú?
- Si te das cuenta – comenzó – son como los mutantes en el mundo de los muggles.
- ¿Los que? – inquirí, completamente desorientada –
- Sí, Lobezno, Tormenta – enumeró abriendo mucho los ojos - ¡Todos eran squibs!
Asentí risueña, mientras continuaba escribiendo. Me esperaba una tarde divertida …
Prud!
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4:42 p. m.

Las diez menos cuarto. Tic, tac, tic, tac. No sé como lo conseguía, pero el profesor Binn podía llegar a ser el hombre más aburrido de Hogwarts. Y creo que yo no era el único que lo pensaba, Samantha… no-sé-qué-apellido-raro, perteneciente a mi casa, llevaba más de media hora prácticamente dormida.
Todos los años se celebraba el mismo ritual. La Fundación de Hogwarts, pasando por la apasionante historia de Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin, que casualmente todo el mundo, sin excepciones, se sabía. Incluso había llegado a encontrar entrañable –sí, entrañable, había caído mucho más que bajo-, la entregada labor de Helga Hufflepuff, que se limitaba a aceptar a todo el mundo en su casa. Tampoco era gran cosa, ahora, una cantidad absurda de años después, el Sombrero Seleccionador enviaba a los alumnos a donde le parecía oportuno como si una partida de strip poker con Wonder Woman se tratara. Quiero decir, te da igual perderlo todo con tal de que la morena se quite aunque sea las botas.
-Durante muchos años, la administración funciono muy bien. Cada uno de los fundadores escogía a un grupo de estudiantes para que perteneciese a su casa, y aunque existían diferencias de opinión entre ellos sobre como enseñar, la escuela estaba unida. Desgraciadamente…
Tic, tac, tic, tac…
-¡Señorita Withenrose! – bienvenida al mundo - ¿Le parece a usted confortable la mesa, o me permite hechizar una almohada para que esté más cómoda?
-Ehh… Lo siento profesor – contesta en voz baja.
El profesor, que se había acercado hasta la mesa de Samantha, parecía pensativo.
-Veinticinco centímetros de pergamino sobre los Squibs – se gira y se me queda mirando – Espero, señor Allen que no tenga ningún inconveniente en acompañar a la señorita Withenrose. ¡Y despierten, están aquí para aprender!- se aleja hacia su mesa murmuran algo sobre la época de los dinosaurios y sus tiempos.
Las diez, al fin. Jamás me había alegrado tanto al escuchar el chirrido insoportable de las campanas que marcaban el final de la clase. Aunque si soy sincero, que tu profesor de Historia de Magia te mande un trabajo de veinticinco centímetros con una persona a la que no conoces, no ayuda a estar de muy buen humor.
La chica en cuestión se llamaba Samantha Withenrose, era Gryffindor y guardaba cierto parecido con Susan Richard, Susan Storm de soltera. Más conocida como la Chica Invisible. Era guapa, supongo que sería como las demás, algo físico y no te hagas ilusiones porque todo el mundo lo sabe, las chicas de Hogwarts, belleza interior: cero. Al menos las que yo he conocido, y cuando digo conocer quiero decir, “vamos a burlarnos de Allen”.
-Ya lo hago yo- dijo la chica que se encontraba a mis espaldas.
-No.
-¿No? Tú no tendrás que hacer nada, de verdad. Lo hago yo, y lo entrego por los dos.
Claro que sí. Lo haces tú, lo entregas y le dices al profesor “el harapiento de Allen no ha ayudado en nada, bla, bla, bla” No. Nunca jamás en la vida.
-Lo haremos los dos, mucho que te pese. Seremos como Batman y Robin.
Yo seré Batman, aunque seamos realistas. Tú serías Hiedra Venenosa.
-¿Betman y…? Da igual, en serio, lo haré yo. No me importa, ha sido por mi culpa.
-¿Ha sido culpa tuya? Es decir, ¿duermes por los dos? Porque si es así, sería fantástico, yo podría pasarme las noches en vela. Tengo un montón de cómics apilados en la habitación que créeme, necesito leer ya- contesté con sarcasmo.
-Esta tarde en la biblioteca- murmuró frunciendo el ceño y apretando los labios.
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-Vamos a ver, tengo aquí varios libros sobre Squibs.
Deja caer una torre de libros que la cubría casi entera sobre la mesa de la biblioteca. A estas horas estaba vacía, los alumnos dedicaban su tiempo a marginar a los marginados, y los marginados dedican su tiempo a marginarme. No a cumplir castigos.
-Creo que “Socorro, mi hijo es un Squib” no nos será muy útil- contesté bromeando con el libro entre las manos.
-Este tampoco- me pasa un libro de pastas desgastadas en las que está grabado el título “¿Son los Squib seres oscuros?” y como subtítulo “… ¿o simplemente subdesarrollados?”
-Y yo creo que esos libros no son los más adecuados para una biblioteca que es consultada por muchos alumnos partícipes de la pureza de sangre- se deja caer en una de las sillas.
-Bueno, mientras no los usen como armas mortales. Aunque bueno, actualmente te puedes esperar cualquier cosa, el otro día me corté con una hoja de Un año con el Yeti.
-¡Eh! Podría haberme muerto, soy muy sensible a la celulosa- afirmo con rotundidad.
-Sabía que tras esa máscara Hiedra Venenosa era un dulce merengue.
-¿Dulce merengue?
-Sí, un dulce merengue con pequeños topos de chocolate- y creo que eso tiene que estar buenísimo, sobretodo porque lleva chocolate. Chocolate, podría alimentarme solo de ese dulce y no morir nunca. En todo caso llegaría a dejar de usar cinturón, y tendría que ensanchar los pantalones bastante.
Anónimo
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4:31 p. m.

El martes, segundo día de clase, me levanté tarde como de costumbre. Además, aquella noche Morfeo no quiso mecerme en sus tranquilizadores brazos debido a que cuando llegué al despacho de Dumbledore me pareció ver la fugaz sombra de mi prima Audry entre las llamas de los polvos flu. -Esa asquerosa Ravenclaw. No albergo dudas de que quería evitarme. Mejor.- Esa visión me revolvió las entrañas y me impidió descansar. Cuando llegué a Hogwarts el lunes, el director me dio la bienvenida como cada curso y esta vez me retuvo un tiempo para hablarme, sin perder la impasibilidad, de los peligros que acechaban el colegio este año. Pero mi mente se encontraba en otra parte y le oía, sin escucharle. Todos mis sentidos estaban centrados en el hecho de que tendría que soportar de nuevo la repugnante mirada de mi prima y de su amiga Ilona, que, según parecía, sentía una irremediable atracción hacia mí. Cuando me fui de aquel lugar las ganas de dar clase eran muy escasas, y me fui directamente a la sala común de Slytherin. Atravesé fugazmente la entrada y me sumí en las sombras. Estuve allí, pensativo, hasta la hora de la cena. Ni siquiera tenía hambre -En fin, por un día, no creo que me pase nada- pensé, y me fui a mi cuarto para intentar dormir, cosa que no conseguí como ya he explicado antes.
El martes ya me levanté más animado y vi que tanto Lance como Alexis aún dormían plácidamente. Miré mi reloj y me di cuenta de que aún era temprano, faltaban tres oras para la primera clase. Me recosté sobre la cama y miré mi horario. -¡Vuelo! Perfecto- Volar era una de mis asignaturas preferidas y nada me habría apetecido más en ese momento que volar. Seguí mirando mi horario y de repente oí un sonido familiar. Era el despertador de Alexis. Empezaron a desperezarse y me vieron. -¡Dante! ¿Qué tal?- me dijo Alexis – Te vimos anoche, pero ya estabas dormido así que no quisimos despertarte.- Lance no dijo nada pero asintió con la cabeza. –Bien, aunque no estaba dormido. Me ha pasado la noche en vela. Y todo por el desecho de prima que tengo. Hay que joderse.- Alexis se limitó a sonreír y empezamos a vestirnos.
___***___
La señora Hooch nos dio la bienvenida y yo empecé a hablar con mis compañeros pero cuando oímos “amago de Wronski” nos callamos y decidimos escuchar. Íbamos a practicarlo hoy y la profesora ya estaba haciendo grupos. Me puso con un Hufflepuff increíblemente torpe –seguro que era sangre sucia- y explicó lo que había que hacer. El amago de Wronski era pan comido para mí pero a aquel chico no le salía ni con un buen sorbo de Felix Felicis. La mayoría de las veces, o se le caía la Quaffle o la cogía pero mucho antes de llegar al suelo. Repetimos la acción varias veces, no sé cuántas y llegó el final de la clase. Cada uno dejó la escoba y se fue por su lado.
Me sentía bien. Por fin estaba en Hogwarts, lejos de mis padres. Las clases eran a veces agotadoras, pero eso era mejor que tener que aguantar a mi familia.
=OUT=
POR FIN!!! Tenia unas ganas tremendas de postear y por fin lo he conseguido. A sido difícil, pero gracias a Janxo he podido conseguirlo! Muchas gracias!
Anónimo
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
7:53 p. m. @ 17 mayo, 2006

Me dirigía, acompañado de Meribeth, hacia el patio interior, donde se cursaba la clase de Vuelo. La lluvia había cesado pero el gélido viento soplaba sin piedad.
- ¿Por qué no has desayunado, Arch? – preguntó Meribeth, atenta –
Suspiré, cansado. Me había levantado totalmente descolocado. Después de la tensa conversación con Sparrer en la Biblioteca, me había pedido unas sinceras disculpas en la clase de Astronomía. La verdad es que entendía poco de aquella extraña personalidad: borde y ruda a primera vista, amable y cordial por dentro. Las pocas veces que la había visto, andando inquieta de aquí para allá por el castillo, me había parecido una chica bastante intratable. Su disculpa me había dejado confundido, por lo que esa mañana me había levantado con mal cuerpo, y por consiguiente, sin hambre alguna.
- No sé, no tenía hambre – respondí mientras cruzaba el arco esculpido en piedra – Supongo que habré cogido algo de frío – añadí –
Meribeth paró en seco y me dedicó una pícara sonrisa.
- Y ¿No tendrá eso nada que ver con una tal Liberty Sparrer? – inquirió de repente, cogiéndome por el brazo –
Sabía que lo notaría, por muy tímida que fuese, Meri no andaba escasa de intuición. Pero esta vez se equivocaba, al menos de cierta manera. Mi desgana no era debida a un amor repentino hacia aquella Slytherin, más bien a unas reacciones extrañas que habían despertado en mí, una cierta confusión.
- Claro que no – me apresuré a mentir -¿Qué te hace pensar que…?
- ¡Vamos, Arch! – exclamó- anoche te vi hablar con ella en la Torre de Astronomía.
- ¿Y que? – repuse, haciéndome el ofendido –
- No sé, tú sabrás – contesto sonriendo –
Seguimos nuestro camino, hasta que al fin, nos encontramos con una gran masa de alumnos dispersos en aquel patio, embutido entre grandes arcos grises. La señora Hooch, se erguía, encima del baúl que contenía las pelotas de juego, amenazante. Si había algo que me inquietaba, era su ámbar mirada, y su pelo gris, tremendamente despeinado. Meribeth y yo nos aproximamos hasta juntarnos con Romilda y los gemelos Ward, que susurraban sin detenerse. Hannsfred se percató de nuestra presencia y nos hizo un cordial saludo, bastante más efusivo de lo que me apetecía. Se acercó seguidamente a nosotros, dejando a los gemelos solos, y cuando se dispuso a hablar una voz se lo impidió.
- Señorita Hannsfred – la voz de la señora Hooch inundó el recinto cuadrado – haga el favor de dejar de hablar por una vez en mis clases. ¿Me espera otro curso teniéndoselo que decir?
Romilda se separó, con la cara ligeramente escarlata, soportando risas y abucheos de los Slytherin. Casi le agradecí aquella réplica a la profesora, librándome por unos instantes, de la embarazosa mirada de Alexis y compañía, y por supuesto de una Liberty que no parecía de muy buen humor. La saludé con un simple gesto, con un gesto tan frío como pude. Ella me correspondió de la misma forma, y acto seguido apartó la mirada, desviando su atención de nuevo a la clase.
- Lo primero, bienvenidos – sugirió la profesora – Este año, en vuelo, nos vamos a especializar en los movimientos más complicados ¿Quién puede decirme cuales pueden ser?
Levanté la mano con desgana, sin ser consciente de que tenía que hablar ante los Slytherin.
- Dawssen – ordenó –
- El amago de Wronski – contesté seguro –
- Exacto – repuso mientras asentía – y has dado en el clavo chico, hoy empezaremos con eso. ¡Poneos por grupos de dos!
La marea verde y amarilla comenzó a revolverse, y a mirarse entre sí.
- Esperad – añadió Hooch – yo misma haré los grupos. Veamos.
Empezó a nombrar un sin fin de nombres, haciendo diversos grupos de dos alumnos. A pesar de mis súplicas mentales y de cruzar los dedos, mis oídos escucharon lo peor.
- Sparrer y….- su voz se quebró, buscando entre los alumnos- ¡Dawssen! – exclamó finalmente –
¡Mierda!
El glamour Slytherin rió a carcajadas, salvo Regina, que quedó inmóvil. Una mirada helada por parte de Liberty lo dijo todo. Al igual que yo, no estaba demasiado contenta de la elección de la profesora. Se acercó a mí, arrastrando los pies, y recogiéndose el platino cabello.
- No pongas esa cara – me dijo irónica – es lo que toca. A mí tampoco me hace gracia – añadió alisándose la túnica morada.
Negué con la cabeza, y me dirigí a por una escoba. Liberty me siguió. Ambos llegamos al sitio adecuado, y mientras yo elegía una, ella se quedó detrás, con gesto asqueado, y mirándome mal.
- ¿Te vas a decidir? – inquirió – ¿o no me vas a dejar pasar?
- Pero ¿a ti que coño te pasa? – respondí mirándola con la peor cara que pude – estás borde y a las dos horas simpática, vete a tomar por culo.
Sus ojos se rasgaron, casi felinos, e irguió su varita.
- ¡Ah, no! ¡Eso si que no! – exclamé cogiendo una de las escobas - ¿Ahora te vas a enfadar? Sabes, me estoy empezando a hartar de ser simpático, es lo que pasa.
Su gesto volvió a cambiar, y en un movimiento tan lento como disimulado, guardó su varita en la túnica.
- Y además – añadí – por si no lo sabes estos grupos son hasta el final del curso. Sería mejor que congeniásemos.
Balbuceó unas palabras que no logré entender, mientras se hacia paso para coger una de las escobas. Yo por mi parte, volví al centro del patio, donde Meribeth se hallaba con Leavenworth.
¡Vaya elección ha hecho Hooch! Pensé risueño, y es que Dubled no hacía más que mirar al suelo con el rostro ligeramente teñido de color caoba. Regina por su parte, se limitaba a ignorarla, haciendo gestos voluptuosos, y a cada rato, pasándose una mano por el pelo, lacio y negro como el carbón. Oí unos pasos detrás de mí y di por hecho que era Liberty. Busqué a Alexis entre el grupo de serpientes, ahora compartido por Hufflepuffs, pero no lo encontré, tampoco a Alisha. Supuse que durante un descuido de la profesora, se habrían ido a darse el lote por cualquier rincón escondido del castillo. Quien sabe…quizá algo más…
- Bien, ahora os daré unas cuantas quaffles y tendréis que pasarlas entre vosotros – vociferó gracias a un “Sonorus” – y bueno, que deciros, aunque seáis amigos, no hay porque poner las cosas faciles.
¿Amigos? Claro, Meribeth solía frecuentar las reuniones Slytherin en la Biblioteca, y a menudo los Ward, tomaban un whisky de fuego con alguno de los serpientes.
Estaba seguro de que nadie lo pondría fácil, segurísimo. Y sin ir más lejos, Sparrer, voladora nata, me lanzaba la quaffle de manera desviada, confundiéndome – como habitualmente – y haciéndome perder la jugada. Mi contraataque tampoco era malo, llevaba años jugando al quidditch. Con un simple movimiento de muñeca, mandaba aquella pelota roja al otro lado del patio.
- Bien chicos, bien – elogió Hooch – ahora nos dispondremos al amago de Wronski.
Un murmullo de emoción recorrió a través de los alumnos.
Explicó lo que teníamos que hacer y por primera vez desde que asistía a aquella clase, todo el mundo atendía. O casi todos. Regina Leavenworth, se dedicaba, sentada de lado en la escoba, a mirar y arreglarse las uñas, haciendo caso omiso a las instrucciones dadas. Meribeth, sujeta más que por las piernas, la miraba con odio. La situación era casi cómica: las dos ahí, encima de sus escobas, a varios metros de altura. Una silueta borrosa pasó por mi lado a gran velocidad.
- ¿Qué pasa Dawssen? – era Sparrer de nuevo- ¿No te atreves con el amago?
La ignoré. El juego consistía en dos partes: la primera, era que uno de los dos ascendiera hasta metros considerables, y tirase la pelota, a lo que el otro respondiera con un picado acabado en un amago de Wronski, cogiendo la pelota, claro estaba. La segunda parte, era a la inversa.
- Seré yo la primera en lanzar – espetó Liberty malhumorada –
Ascendí, no obstante, unos metros por debajo de ella. Cuando la señora Hooch dio la señal, Sparrer soltó la pelota escarlata y yo me dejé caer en picado. Estaba nervioso, lo había hecho pocas veces, y todas ellas sin éxito. Seguí el recorrido de la quaffle, pasando incluso por los arcos superiores, hasta que a pocos metros del suelo, conseguí atraparla e incorporar la escoba hacia arriba. Lo había conseguido, un amago de Wronski, limpio. Este año me presentaría a las pruebas de quidditch. Me percaté de que la señora Hooch, me asentía desde lo lejos, satisfecha con mi actuación. Ahora le tocaba a Liberty. Repetimos el proceso, y ella también salió vigorosa de la situación. Para ser una amante de lo muggle, se le daba muy bien.
Poco a poco, y a medida que todos los grupos pasaron, la clase expiró, y aproveche los cinco minutos de pausa para fumar un cigarro. Liberty me siguió y encendió uno también. Nos encontrábamos en la parte frontal del patio, con vistas al tortuoso lago.
- ¿Sabes? A pesar de todo eres buena voladora – afirmé repentinamente, rompiendo el incomodo silencio que se había establecido –
Ella no respondió, como de costumbre, y aspiró una bocanada de su cigarro. Pasó un rato, quizá dos o tres minutos, cuando de un sobresalto abrió la boca.
- Dawssen – dijo- ayer en Astronomía se me olvidó decirte algo. McHallen…
- ¿Ah, si?- interrumpí furioso - ¿Y que es ahora? ¿Una repentina disculpa que mañana se convertirá en insulto? – ironicé – si es así, mejor guárdatela.
Me miró de nuevo con ese gesto indescifrable.
- ¡Joder tío! No entiendes nada – exclamó tirando lo que quedaba de su cigarrillo y marchándose deprisa -
¿Y que más me daba? Al fin y al cabo, yo tenía mis amigos. No tenía por que aguantar a aquella cría resignada y reprimida en un colegio que no le gustaba. Ni esos cambios de humor, ni… ¿Pero por que los aguantaba? Quien sabe, algo me decía que tenía que hacerlo. Que en algún momento, aquel libro cerrado se abriría con alguna sorpresa para mí. Sosegué ese pensamiento, y me dirigí hacia el aula de Artimancia.
Llegué al pasillo, totalmente exhausto: la clase de vuelo era realmente exigente. Una mezcla de alumnos de todas las casas hacía acto de presencia, y entre ellos distinguí a Sam. No me apetecía verla, no quería salivar mientras hablaba con ella, o simplemente quedar en ridículo haciendo elogios sin sentido. En un movimiento rápido, me adentré en el aula, donde la profesora Vector me recibió con una gran sonrisa.
- ¡Hombre! – exclamó – mi alumno predilecto. ¿Cómo estás, Archelaus?
Me limité a asentirla mientras mostraba lo más parecido a una sonrisa. Detrás de mí, apareció un chico alto, de músculos prominentes, y mirada conquistadora. Su pelo, engominado hacia arriba, prolongaba su cara ya alargada, dibujándole unos rasgos casi afilados. Se llamaba Lance, Lance Urquhart, y era un Slytherin bastante popular: el típico Don Juan, tonteando con todas – y todos – las que podía, y burlón a la hora de hablar, sin descuidar ni un poco sus resultados académicos. Al menos hasta hacía unos años. Se rumoreaba, que poco a poco, Lance había cambiado: convirtiéndose para los de su Casa, en un Slytherin del que avergonzarse, para los demás, en un simple alumno que jugaba a ser el mejor sin éxito alguno. Le dirigí una mirada inexpresiva, a lo que me respondió con un fruncimiento de ceño. No le di importancia, y me senté en una de las mesas de madera, en la segunda fila. Cual fue mi sorpresa al ver que Urquhart se acomodaba en el pupitre contiguo al mío.
La clase empezó sin más preámbulos, y la profesora Vector comenzó, como siempre, con su perorata numérica que yo tanto adoraba. La presencia de Lance, evitaba mi concentración, ya que a cada rato desviaba su mirada hacia mí, distrayéndome de las explicaciones.
- ¿Qué cojones te pasa, tío? – inquirí al cabo de un buen rato –
Este sonrió gélidamente, burlón.
- ¿Entonces eres tú, ese Dawssen del que tanto hablan mis colegas? – preguntó retóricamente-
Una mueca de disgusto se esbozó en mi rostro: malditos Slytherins. Nunca les había tenido asco, pero este curso había empezado mal…
- Pues al parecer sí – respondí malhumorado – ¿Por qué lo dices? ¿Estás pensando en unirte a ellos? La verdad es que me dais exactamente igual, todos vosotros.
- No, era solo para comprobar si era verdad que tenías cara de sapo – contestó con sarcasmo -.
Negué la cabeza e intenté recuperar la concentración, omitiendo aquella infantil respuesta. Me había sacado de quicio, ese Lance. Entre Liberty, Alexis y él, iban a conseguir que me pegase un tiro.
- Venga, chico, tampoco te mosquees – irrumpió aquella voz grave de nuevo – tampoco era para tanto.
Le miré, con gesto ceñudo y mirada de desprecio.
- ¿Estás intentando ligar conmigo? – ironicé en un intento de dañarle, por poco que fuese – Por que desde luego, si lo que intentas es una amistad, lo estás llevando por el peor camino. Así que si no te importa, piérdete.
- Joder, tío, que borde. – espetó gruñendo –
- Tu te lo has buscado Urquhart – contesté secamente – estoy hasta el culo de que tus amiguitos me persigan por donde vaya ¿sabes? Y ahora vienes tú a tocarme los cojones: si juegas con fuego, te quemas.
Agradecí el tintineo de la campana, que resonó por todo el aula, librándome de aquel Slytherin. Me levanté en un suspiró, cogí mis cosas, y me apresuré a irme, no sin antes echar una mirada hacia Sam, que justo me observaba desde el final de la clase, con una mirada extraña…
=OUT=
En fin, esto si que es una perorata y no la de la profesora Vector...pero me gusta...xDD...
Prud!
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11:13 p. m. @ 16 mayo, 2006

- Bienvenida, señorita Kurtcribs- me interpeló educadamente, una voz que conocía muy bien.
Después de tantos años aún me desestabilizaban los polvos flu. Estaba un poco mareada y perdida. Por fin conseguí situarme. Me encontraba en el despacho del director Dumbledore.
- Buenas tardes señor, le agradezco que me haya dejado utilizar su chimenea, mis padres estaban muy ocupados.- intenté ser lo más agradable que sabía pero sin alargarme mucho.
Quería salir de allí lo antes posible, e instalarme de una vez, pero sin ofender a nadie. Me dedicó una sonrisa reconfortante y, a continuación dijo:
- Supongo que estará agotada, así que coja su horario y vaya a dejar sus cosas en su habitación. Estaría bien que asistiera a clase, la última hora para que empiece a coger el ritmo.-
Parecía que me hubiera leído el pensamiento, pero su suposición me alegró, no tendría que quedarme dando explicaciones de ningún tipo; y lo cierto es que tenía ganas de empezar las clases. Al menos eso significaba que se había acabado definitivamente el verano.
- Gracias señor- le contesté sinceramente, y le devolví una sonrisa de complicidad.
Bajaba por las escaleras arrastrando pesarosa mi baúl pero animada por mi vuelta a casa, cuando oí el estallido de que mi primo Dante había llegado, así que me di más prisa aún. Mi relación con mi familia no era muy buena, y menos con aquel chico engreído y racista.
Cuando llegué a mi habitación pude distinguir perfectamente cual era la cama de Ilona, tan recogida y entre sus cosas ni el menor rastro de desorden. Ese rasgo que en ocasiones me sacaba de mis casillas, en ese momento hizo que me inundara una profunda felicidad de ver, que nada había cambiado.
Me quedé embelesada observando el cuarto en el que desde los 11 años había pasado tantos momentos, y cuando me quise dar cuenta ya eran las 15:45 y a las 16h tenía mi primera clase. Coloqué todo como pude, exceptuando mi botella de whisky que me esmeré en esconderla bien, y me vestí para mi clase de vuelo, a sabiendas que a Ilona no le haría ninguna gracia como dejaba todo.
Cuando bajé todo el mundo estaba ya dispuesto para empezar la clase, y aunque interrumpí un poco, la señora Hooch no permitió que perdiésemos el tiempo con saludos. Acababa de ordenar que nos pusiéramos por grupos de tres y me había quedado sola. No me importó, no era la primera vez, ni sería la última, además era demasiado pronto para empezar a pensar cosas negativas.
Mientras yo seguía absorta en mis pensamientos se me acercaron Sam y Chris, dos chicas de Gryffindor que siempre estaban juntas. No teníamos una relación muy estrecha, pero las conocía lo suficiente para saber que eran lo que cualquier chica desearía; Guapas, simpáticas y divertidas.
- ¡Hola Audry! – dijo alegremente Sam – Parece que nos han dejado solas ¿te importa que nos pongamos contigo?
- Esto…Hola, no, claro, nos ponemos juntas.-le respondí con un hilo de voz.
Hubiera preferido ponerme con Ilona y Benjamín o con Erik y Olíver pero ya tenían sus grupos hechos.
- ¿Qué tal el verano?- inquirió Christine-lo has pasado bien?
- No estuvo mal, un verano más-aclaré sonriendo tímidamente-El vuestro ¿qué tal?
Las chicas empezaron a contar animadamente diversas anécdotas con las que a decir verdad pasé muy buen rato, y la clase se me pasó en un abrir y cerrar d ojos. Hasta yo me animé y compartí experiencias.
La verdad es que no podría haber tenido una llegada mejor, puede que esto significara que por fin este año podría mantener una relación de amistad estable y podría abandonar ya mi botella de whisky de fuego…Todo se vería a su tiempo, por el momento me conformaba.
=OUT=
Bueeeno, por fin lo conseguí, con las ganas que tenía.Pues esta es Audry, es la 1º vez q tengo 1personaje y hago 1 post, asique espero que os guste, y que acepto sugerencias xa mejorarla!
Gracias x todo Prud...me ha costado xo akí estoy!
Anónimo
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10:53 p. m.

Hago un pequeño OUT para aclarar un par de cosillas:
1º- El personaje Dante Kurtcribs, debido a algunos problemas con el ordenador no puede postear, pero por si acaso aquí dejo la imagen:

Prud!
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7:45 p. m.

Me encontraba completamente exhausto. Tenía frío y al mismo tiempo un calor que solo habría podido percibir la Antorcha Humana el día que se enteró de que gracias a la tormenta de rayos cósmicos que se cruzó en su camino cuando iba abordo de un cohete experimental junto con Ben, Reed y Susan. Aunque claro, todo el mundo sabe que los Cuatro Fantásticos es una burda representación de los cuatro elementos griegos clásicos.
Esas eran el tipo de cosas en las que solo yo pensaba cuando un año más, y gracias a los inoportunos efectos de una luna que había castigado y torturado mi cuerpo, llegaba tarde a Hogwarts. Y esa, sin duda, era mi ceremonia de iniciación.
Aunque si hablamos con sinceridad, llegar o no a Hogwarts me daba igual. Es más, llegar a Hogwarts año tras año, era un proceso poco agradable. Amargo, angustioso, caótico, catastrófico. Era Hogwarts, húmedo y encantado. Pero le debía demasiado a Albus Dumbledore.
Gracias a él podía tener una educación mágica y una "adaptación social", debido a mi... problema con la luna. Me había proporcionado un segundo hogar mucho más confortable, por llamarle de alguna manera. De alguna manera positiva, claro.
Yo en Hogwarts no tengo amigos, ni amigas, ni novias. Y no, tampoco novios. En Hogwarts estoy solo y la única compañía es la de Ziff, que no habla y es un gran obstáculo en nuestra relación. Puedes llamarme marginado, no me ofenderé, lo juro. Creo que incluso los marginados me marginan y es algo terrible porque entonces, ¡quién marginará a los marginados que marginan! ...Olvidadlo.
-Señor Allen, puede sentarse.
-Sí, señor.
Si hay algo que pudiera caracterizar a Albus Dumbledore es su imperturtable tranquilidad, su gran corazón. Y su amabilidad.
-Ante todo, bienvenido a su sexto curso en el colegio de magia y hechicería Hogwarts- se sienta en su silla y me ofrece una chocolatina.
-Gracias- la cojo entre mis manos. Chocolate, lo único dulce en Hogwarts.
-Es un chico listo, Noah, no me andaré con rodeos- la intensidad de su voz disminuía- Los tiempos están cambiando, la exterminación de los que no son considerados sangre pura está a la orden del día. Y usted, por su condición de licántropo, debe extremar el cuidado.
Y qué quiere que haga, bastante tengo ya con transformarme una vez al mes.
-Entiendo.
-Sé lo que estarás pensando, hijo, pero le estimo demasiado como para exponerle a la sociedad mágica que tan temerosa es con ciertos... asuntos.
-¿Entonces me tengo que ir, no?
-No, en absoluto, para nada- se apresuró a decir- eres uno de los alumnos con mejores calificaciones, jamás le pediría eso a un alumno. Solo pido precaución.
-¿Ya ha terminado?- estaba harto, el bla bla bla de todos los años.
-Sí, puedes volver con tus compañeros.
Como si eso me hiciera especial ilusión.
-De acuerdo, profesor Dumbledore.
Todo el mundo sabe que la distinción entre sangre sucia y sangre limpia siempre ha sido un tema de conversación en Hogwarts. Pero nunca había escuchado esa angustia en la voz del profesor. Esa aparente calma se desvanecía entre susurros que aguraban tiempos oscuros.
Hogwarts era como el mundo de La Patrulla X, pero sin mutantes. Aunque bueno, siempre he creído que los Slytherin no son humanos. Estaba claro que Dumbledore y Xavier guardan relación, ambos son directores de una importante escuela. Y yo sería como...Bestia. Sin duda, es un personaje con muchas cualidades, detrás de ese aspecto de pitufo peludo y amenazador, se encuentra un genio que algún día llegará lejos. Suena un poco egocéntrico, ¿verdad? Bueno, mi tia abuela Hermia Helena siempre me decía que el egoísta se ama a sí mismo sin rivales. Toda una filosofía para construir un autoestima.
-Auuuuu- fue lo primero que escuché al posar un pie en el pasillo.
Alexis McHallen, serpiente. Y en honor a su casa tan vil, ileal y asquerosa como todas. Una pregunta, ¿si las serpientes son tan altivas, porqué se arrastran por el suelo?
-Un poco más alto, conseguirás atraer a tu perra- respondí con voz neutra siguiendo mi camino.
-¿Qué has dicho?- me agarra del abrigo y tira mis maletas al suelo.
-He dicho, "auuu"- contesto burlándome.
-Ándate con cuidado, Allen.
-Es una expresión o realmente quieres que ande.con.cuidado.
-¡Gilipollas, te estoy amenazando!
Hace un amago de puñetazo y se da la vuelta, caminando en dirección contraria de hacia donde yo me dirijo, la torre Gryffindor. Bienvenido a Hogwarts. Sí, Hogwarts y la honorable casa de Slytherin. Genial. Excelente. Quiero volver a casa.
::::OUT::::
Se ha corrido el rumor por internet de que realmente no soy real, no existo. Que Tainah es un estúpido juego de palabras ideado por el señor Da Vinci. Que en realidad yo no escribo, tengo una fábrica de trolls que escriben por mi. Y encima no les pago. Qué vida más cruel. Incluso alguna gente duda sobre mi sexualidad. Lo admito, no tengo sexualidad. Soy como un lapicero.
Tras esta breve presentación de lo que sería alguien que se parece a mi. Hola. Me doy la bienvenida yo misma porque mucha gente no me conocerá, y la que me conozca me quiere morder el culo. Otros quieren besármelo, pero no les dejaré. Es-mi-culo.
Este es Noah, es su esencia en estado puro. Es sarcasmo, ironía, cómic, chocolate. Luna. Puede que no te guste, o puede que sí. Lo dejo a vuestra elección. Yo no muevo los hilos. Tiene vida propia.
Anónimo
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Segundo post de Oli
8:44 p. m. @ 15 mayo, 2006
Un rayo de sol me daba de lleno en la cara. No habia otro lugar, no, justamente en mis ojos. Dada esta luminosidad que me irritaba en sueños, me desperté. Estaba totalmente destapado y con el vello de punta. Observe la habitación, hasta darme cuenta que no había nadie allí Genial… seguro que ya llego tarde,…¿Qué esperabas Oliver? Me vestí como pude…si es que coger la primera prenda que encuentres y colocarla violentamente sobre tu cuerpo es vestirte… No me peiné, ni me duché…no había tiempo para eso. Bajé corriendo a la sala común, hasta encontrarme con… ¿con nadie otra vez? También estaba vacía. Sigue así Oliver… vas a tener un día redondo a este ritmo. Bajé al gran comedor, y me senté junto a Benjamin, enfrente de Erik e Ilona. -Buenos días a todos –dije con una sonriente cara. -Buenas Oliver –contestaron ellos tres al mismo tiempo. Erik y Benjamín se miraron una milésima de segundo y les cambio la cara. Los dos comenzaron ha hablar a la vez y atropelladamente: -Esto… Oliver… -Sí…emh…creo que es evidente que se nos ha olvidado despertarte… - …yo al menos no te había visto… No les entendía nada de lo que decían, pero daba igual, sabía de que hablaban. -Ey chicos!, no pasa nada, un olv… En ese momento Christine apareció, interrumpiendome: Mierda… me he quedado ensimismado mirándola. - Muchísimas gracias. Acto seguido, sin saber como ni porque, vi a una Christine Meyer cayendo en picado a mi tazón de cereales y salpicándome de la cabeza a los pies. -¡Oh! ¡Lo siento! ¡Oh, Oliver, no sabes cuanto lo siento! Espera que te ayude a limpiarlo. No contestó, Ben comenzó a gritar y dar las gracias a voz en grito. Dios, nos estan mirando todas las casas y tengo la cara rebozada en cereales… Christine le había regalado no sé qué biografía. Enfrente mía Erik miraba a Ben como un enano de 6 años mira a un caramelo(¿Y que hace Erik mirando así a Ben?) e Ilona estaba en un ataque de risa gracias al incidente. Le miré con mala cara y vocalicé para que me leyera los labios: Voy a por el horario y a limpiarme. Nos vemos en clase. Entre sus risas pude distinguir un incomprensible “vale”. Me levanté y me encaminé hacia el menudo profesor Flitwick. Al pasar entre las mesas la gente murmuraba a mi paso, posiblemente por mi nuevo modelito de “uniforme Kellogs”. Al llegar a la mesa, los profesores se me quedaron mirando con una cara que no sabría exactamente describir… - Señor Langdom! ¿Pero que le ha ocurrido? –dijo controlando una inminente risa -Nada señor Flitwick, un pequeño tropiezo… Me entrega el horario, por favor? -Por supuesto, hay tiene señor Langdom. Que disfrute de su primer día en Howarts Claro, ¿no lo ve? Voy de cereales hasta la ropa interior ¿Como no iba a disfrutar? -Igualmente profesor. Llegue justo a tiempo a las mazmorras. Al traspasar me dispuse a sentarme, hasta que fui a parar al lado de Elizabeth Reinhart. No me había acordado de ella en lo que llevábamos de curso. Que buena memoria tengo yo, no recuerdo ni a mis conocidos. - Buenos días, Oliver. - Hola, Elizabeth... ¿Cuándo has llegado? -Más o menos a la hora a la que tu desayuno debió atacarte. – Mientras me decía esto toqueteaba mi pelo, hasta que vi que sacaba un cereal de él. - De chocolate, buena elección. Mierda… Lo mas interesante entre las 9 a las 14:00 fue la charla a solas con Ilona durante en el recreo, ya que Erik y Ben se habían ido… a alguna parte. “-¿Estan muy raros últimamente no? -¿Quién? -¡Pues quien va a ser Oli! Estos dos. -Aaah…no se… cosas suyas, supongo… Erik sí esta un poco… pasmado, últimamente con Ben. -Ya…” Tras el almuerzo, Defensa contra las artes oscuras,Vuelo y la cena. Allí se encontraban todos. Todos menos Erik. Cené lo más rápido posible, para así poder buscarle… desde que se levantó estaba muy raro. Salí del gran comedor, hasta que le encontré en la habitación. Estaba tumbado en la cama y con un libro sobre la cabeza. Se había quedado ahí, dormido. -Erik! Sabes que dentro de 11 minutos comienza la clase de Astronomía!? Erik se incorporó de un salto, aun dormido y sin saber lo que hacía. Me tiró el libro a la cara, cosa que por suerte, pude esquivar. -Tranquilo fiera, solo quería saber donde y como estabas… - Perdón Oli…creí que eras alguien no deseado…- decía mientras bostezaba. Supuse que tenía poco tiempo, así que no me andé con rodeos. -Que te ocurre Erik? Estás súper raro desde que te levantaste... Este empezó a palidecer… -Mmhh…¿Cómo? Serás tú, que ves cosas raras. -Eriiiiik… Se notaba que le costaba responder. -He tenido un sueño…bueno, un sueño…embarazoso con Ben, solo eso. La verdad es que la respuesta me pilló por sorpresa, solo una pregunta me vino a la mente: -Te gustan los ch… -No lo se Oliver! No lo se. Ese es el problema. No sabía que decirle… me resultaba raro hablar de ese tema con él, así que simplemente le dije: -Ya lo descubrirás, tú por eso no te preocupes. Ahora vamos a Astronomía, llegamos tarde. Su única respuesta fue: -No se lo cuentes a nadie. Por favor. -No lo haré. Y así, nos encaminamos hacía Astronomía, sin pronunciar ni una palabra más. =OUT= Sí…soy muy lento… -_- Bueno, ahí va, el segundo post de Oliver… Tampoco me gusta muchio, más bien nada, y menos el final, muy muy soso, pero bueno… Las escenas de cereales están bien, me gustan, me gustan XD. Y la llegada de Eli a ultimo momento :P
-Benjamin Thomas Bloored, ¿cómo hace usted para tener un pelo tan bonito?
- Christine Sophie Meyer, sepa que no le concederé una entrevista para hablar de ese tema hasta que no me cuente eso tan importante que le ha ocurrido este verano. – contestó Ben.
- Me temo que no nos encontramos en el lugar idóneo para tales confesiones. Una buena reportera debe saber guardar sus secretos profesionales. ¿Y cuando nos vamos a dejar de tonterías y me vas a dar un abrazo?
Ben se levantó y le dio un abrazo, cosa que recompensó Chris con un pequeño paquete
- ¿Te importaría hacerme un sitio, Oliver?
- ¿Eh? Ah, sí, por supuesto.
- No te preocupes, ya me las arreglo yo. ¿Tú te has hecho daño?
Miré a mi alrededor….quería salir de allí y limpiarme… como fuera.
Anónimo
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