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    Manuales

     

     



    10:19 p. m. @ 27 abril, 2006



    Traspasé la barrera que separaba la mastodóntica estación de King’s Cross con el andén nueve y tres cuartos. Nada más adentrarme, pude palpar en el ambiente la vuelta al colegio. Todo el mundo contento, sonriente, deseando ver a los amigos dejados atrás dos meses antes… Aunque no todos sentían lo mismo. Nada más caminar un par de pasos, cargado con mi baúl y la jaula de Hook, me topé con tres siluetas conocidas: Alexis, Alisha y Regina. El terror Slytherin. No tardaron en agredirme verbalmente, con su lengua viperina, acusándome de “Sangre Sucia”. Sí, eso era muy habitual entre los magos. Al igual que en el mundo de los muggles el racismo andaba a la orden del día, la pureza de sangre era sumamente importante en el mundo mágico. Aún más ahora, que se rumoreaba que un grupo de magos estaban formando una guerra contra los “Sangre sucia”. Para mi sorpresa, lo que pudo desembocar en una pelea primeriza, fue detenido por la líder por excelencia, Regina Leavenworth. Una guapísima brasileña, que ensuciaba su aspecto con su comportamiento. Aunque la rabia me oprimía el pecho, seguí mi camino, adentrándome en aquel tren.
    Anduve durante un rato, esquivando alumnos menores que yo, que trastabillaban con sus túnicas. Tras unos minutos, encontré el compartimento que buscaba. Una chica, de constitución delgada y rasgos exóticos, observaba pensativa, a través de la ventanilla, mientras jugaba con su mediana melena rubia. Penetré en el vagón, cautelosamente.
    - ¿Qué tal, Meribeth? – pregunté tímidamente-
    A pesar de conocerla desde hacía años, no lograba hacerme a su personalidad, manteniéndome, la mayoría de las veces, tímido y distante. Charlamos, no muy animadamente durante gran parte del viaje, hasta que Romilda, nuestra compañera de Casa, entró inesperadamente en nuestro compartimento. Aproveché para salirme a fumar en las ventanas del elegante pasillo.
    El paisaje era borroso, oscuro y borroso. Ya estaba anocheciendo. La velocidad del tren deformaba, alargaba las vistas. Y mi cigarro, cada vez menguaba más. Otro curso comenzaba pero ¿realmente me hacía ilusión? Sí, no cabía duda: volver a ver a mis amigos, volver a adentrarse en el torbellino de Hogwarts… Un ruido en el pasillo desvió mi atención. La luz estaba rota, como de costumbre. Parecía que nadie se molestaba en aquel tren, que a pesar de tener muchos años estaba bien cuidado, menos las luces, las luces eran otra historia. Escondí, no con mucho esfuerzo, el cigarro tras mi espalda. Si me veían fumando, me podía caer una buena, y, contando con mi expediente y con que era el primer día, mis intenciones no eran arriesgadas. Intenté enfocar mi vista en medio de la oscuridad, donde podía observar vagamente una silueta. Oí pasos. Una voz chillona rasgó la tranquilidad.
    - ¿Hola? ¿Hay alguien?
    La reconocí de inmediato. Era Samantha Withenrose, una divertida chica de ojos azules y pelo dorado que me había tenido enamorado desde Segundo curso. Varias veces a lo largo de los años, le había comentado mis sentimientos por ella, pero siempre, con gran astucia, evitaba el tema. A pesar de ello, nos llevábamos bien, se podía decir que éramos amigos.
    Me revolví el pelo mientras le daba una calada al cigarro cuando oí que los pasos se aproximaban hacia mí. Un nudo me oprimió el estomago. Curso nuevo, esperanzas nuevas, me dije expulsando el humo. Miré de nuevo al pasillo, cuando algo chocó conmigo. El impacto me asustó, por lo que reculé un par de pasos.
    - ¡Lumos!- susurró una voz casi en un rugido-
    No me había equivocado, Sam me sostenía la mirada, asustada, desde el otro lado de una larga y elegante varita iluminada. Seguía igual de guapa.
    - ¡Joder Arch!¡Que susto! – gritó nerviosa - ¿En que estabas pensando?
    - Lo siento Sam – respondí tímidamente- no quería asustarte. Estaba… bueno, estaba fumando a escondidas.
    Esta me miró divertida. No era ningún secreto que el señor Archelaus Dawssen fumase habitualmente a escondidas. Todo el mundo lo sabía, incluso los profesores. La gente podía imaginarlo nada más verme vestido de aquella forma. De alguna manera u otra, atribuían mi vestimenta con las malas acciones y me tachaban de macarra nada más verme atravesar los umbrales de Hogwarts. Pero a mí me daba igual… fumaba y me gustaba mi ropa ¿Y qué?
    - No pasa nada – terminó por decir – bueno ¿Qué tal tu verano?
    Una mueca no precisamente agradable se dibujó en mi rostro, mi verano. Mi verano había sido horrible, casi torturante. Vacaciones en el norte de Francía, con mis padres. Odiaba estar con mis padres, me había acostumbrado tanto a prescindir de ellos durante el año, que era casi un suplicio pasar esos dos meses juntos.
    - ¿Qué puedes esperar de un verano entero, de vacaciones con tus padres?
    - ¡Oh!¡Vamos!¡No será para tanto Archie! Yo también estuve con mis padres, como siempre.
    ¿Archie? No había nada, o casi nada en el mundo que me irritase más que ese nombre, pero era Sam, a ella se lo permitía. Di la última calada al cigarro antes de lanzarlo por la ventana.
    - Bueno Sam – aclaré soltando el humo, que se ensortijaba por encima de nuestras cabezas- me voy a mi compartimento, dije que no tardaría mucho, vente si quieres.
    - No, gracias – respondió sonriendo- ya estaremos a punto de…
    El Expreso de Hogwarts frenó bruscamente, tirando a Sam contra el suelo tras interrumpir su frase. En cuanto a mí, desprevenido y victima de la inercia, quedé tumbado encima de ella. Nos quedamos así unos segundos, mirándonos, a través de la oscuridad. Unos largos mechones de pelo rubio atravesaban su pálido rostro. Lo único que pasaba por mi mente era besarla, llevaba años deseándolo.
    - Bueno – gritó interrumpiendo mis pensamientos- pues ya hemos llegado.
    La joven estalló en sonoras carcajadas que resonaron por todo el pasillo. Varios alumnos curiosos, salieron de sus vagones. La vergüenza pudo al deseo, y torpemente conseguí levantarme, y tenderle la mano. ¿Qué le decía ahora? Ella era lista y habría notado la tensión de mi rostro y de mis gestos ahí, en el suelo.
    - Nos vemos luego ¿no? – terminé por balbucear-
    Asintió alegremente y dio media vuelta, en dirección hacia su compartimento. Hice lo mismo, cuando encontré a Romilda, cargando con mi equipaje y tendiéndome la túnica. Sonreí.
    - Gracias Romilda – susurré- siempre estás en todo, cuando quieres.
    Soltó mis cosas, malhumorada. No me importaba, a pesar de nuestra amistad, Romilda tenía muy mal genio. Ya se le pasaría. Guardé mi túnica en el baúl, no la necesitaba y cogí la jaula donde en esos momentos, dormitaba Hook. Anduve, como pude, hasta el iluminado y rústico andén de Hogsmeade, la ciudad mágica por excelencia. Había un gran jaleo, como siempre: alumnos de primero, tímidos y perdidos, grupitos inseparables de alumnos… Creí ver a mi hermano correteando con sus amigos, pero no le di importancia alguna. Dirigí mis ojos hasta el cielo, que aunque oscuro, dejaban ver unos grises y amenazantes nubarrones. Nada nuevo, Hogwarts siempre recibía a sus alumnos con una interminable sesión de lluvia. Un encontronazo, seguido de un maullido me devolvió a la realidad. ¡Joder! Había chocado por segunda vez en cuestión de quince minutos. Todas mis cosas quedaron esparcidas a lo ancho del andén.
    - Me cago en la puta – susurré malhumorado-
    Observé a la persona que tenía delante. La conocía de vista, pero no sabía ni de a que Casa pertenecía. Su túnica, de terciopelo, me dejaba ver el escudo de Slytherin. Era una chica medianamente alta, de rasgos extraños. Sus ojos, extremadamente abiertos y grises me miraban con desprecio. Lucía una larga melena rubia platina perfectamente peinada y cuidada. Me aclaré la garganta.
    - Ehm…- dije agachándome para recuperar mis cosas- lo siento, iba mirando a otra parte.
    No podría describir el gesto que se pintó en su cara.
    - No pasa nada – respondió secamente, borde-
    Recogí apresuradamente la caja de Hook que no paraba de quejarse por el golpe, y me levanté, tendiéndole la mano.
    - Yo soy Archelaus Dawssen – me presenté-
    - Liberty Sparrer – respondió fríamente, haciendo caso omiso a mi gesto-
    - Encantado – murmuré incómodo – Hay hambre ¿verdad?
    No respondió, empezamos a andar sincronizadamente. No sabía como tratarla, jamás me había encontrado con alguien así: tan seca, tan borde, pero que transmitiese tanta fuerza. Aunque lo intentase, sabía que no conseguiría que me mostrase gesto alguno de simpatía. Me gustaban los retos.
    - Y ¿Cuántos años tienes, Liberty? – inquirí taladrando el silencio-
    Me miró de reojo balbuceando lo que pareció un “diecisiete” y siguió andando, autómata, helada.
    Me frustraba tanto que me caía bien. Tenía muchísima personalidad, de eso no tenía duda, quizá demasiada. Terminé por pararme, sacando mi cajetilla de tabaco muggle y ofreciéndole uno.
    - ¿Quieres?- sugerí sonriendo – Me sé el camino perfecto, atajando, para poder fumar sin ser vistos.
    Liberty frunció el ceño, misteriosa. Dejó su baúl en el suelo y aceptó el cigarro. Me apropié de otro, y le tendí el mechero, satisfecho. Al fin y al cabo parecía que el año no comenzaba tan mal.

    =OUT=
    Este sí. Este me convence. Me encanta Arch, me siento MUY cómodo escribiendo con él. A ve si os he conseguido transmitir esto.

    Prud!

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