3:24 p. m. @ 31 mayo, 2006
La tarde en la Biblioteca casi había tocado su fin. Siempre, detrás de las estanterias de los viejos libros que ya nadie leía (Como si alguien algun día hubiese leído alguno) me sentaba y repasaba los apuntes de aquél día. Estudiar nunca me había gustado, pero era algo que tenía que hacer.
Sonreí palídamente al recordar la clase de vuelo con Regina. Acerté casi todos sus tiros, mientras ella clavaba su mirada en mi pecho. Me extrañé de que ninguno de sus comentarios hubieran estallado en mofas, pero cuando su inspeparable Alisha Hannah Lowrie me derribó de la escoba con el pie, volví a recordar que Regina me odiaba.
¿Y por qué sonreía? La caída me había dolido, y sólo Hooch se acercó para asegurarse de que mi estado físico era correcto. Y aún me dolía el brazo, aunque no como aquella vez que alguien me lanzó un plato de gachas (No por equivocación), no, tampoco, me dolía levemente, pinchazos que iban y venían.
Me froté los ojos con las manos y volví la vista al libro de Pociones. Era terriblmente aburridas, no me extraña que mis pensamientos hubiesen acabado sonriendo por un golpe. Cuando me disponía a dejarlo por imposible, la voz distraída de Romilda se escuchó no muy lejos de allí.
-¿Meribeth? - Dijo casi susurrando.
-Estoy aquí - Dije guardando todos los libros y pergaminos en mi cartera.
-¿Dónde te habías metido? ¡¿Y qué demonios estás haciendo aquí?!
-He estado estudiando... - Dije ecogiéndome de hombros mientras ella miraba a su alrededor, hechando un vistazo aquél lugar que seguramente nunca había pisado.
-Te hemos estado esperando un buen rato. Creía que íbamos a estudiar juntas.
-¿Hemos?
-Dawn y yo.
-No me gusta.
-Lo sé. Vamos, odio la Biblioteca.
Romilda sabía perfectamente que odiaba el carácter fuerte de Dawn. Chocábamos en todo, ella ganaba. Yo perdía. Solía dejarme en rídiculo, aunque según ella sólo eran bromas divertidas.
Caminamos hasta la Sala Común de Huffelpuff, con los sofás gastados y rojizos, y sus grandes ventanales empañados por el frío. Pasamos de largo, y llegamos hasta nuestra habitación. Romilda se tumbó en su cama y yo me senté en el borde.
-Estoy cansada... - Dijo suspirando fuertemente.
-Hogwarts... Es odioso. Odioso y cansado.
-A ti nada te gusta.
-Eso es mentira.
-Hmm... - Murmuró suavemente algunas palabras que no entendí. En parte, tenía razón.
El ruidito de mi lechuza frotando su pico contra el cristal de la ventana, consiguió distraernos. Me incorporé y abriendo, descubrí que llevaba una carta con ella.
-¿Esperabas notícias?
-Serán de mi abuela. Por si todo va bien.
-¿Le has puesto ya un nombre?
-No... - Dije intentando quitarle la carta de las garras. La aprisionaba con fuerza. - Es un animal, no sirve para nada. No me entiende.
-Si tan poco te gusta no sé porque no te compraste un gato, o algo así.
-No he dicho que no me guste.
-¿Te gusta? - Dijo mirando con una expresión de asco a la cara de la lechuza.
Nunca le había parecido una belleza. La suya, en cambio, si que era bonita. Parda y veloz. A duras penas conseguía asemejarse a la mía.
-Sí, tiene la carita triste.
-¿Tiene la carita triste? Las lechuzas no tienen expresión de tristeza.
-Ésta sí. - Dije más convencida que nunca.
Era mi lechuza, sin nombre y negra como el carbón. Era un simple pájaro, que, quizás no era tan bonito como algunas lechuzas que había visto por Hogwarts, pero al contrario de muchas otras personas, nunca me había fallado.
=OUT=
Esta flojo y corto, pero mira... Ahora mismo es todo lo que mi cabeza puede exprimir >.<
Por cierto, he guiado el Horario a partir del post anterior... Si hay algun fallo, por favor comunicarlo.
Anna
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _