9:18 p. m. @ 25 mayo, 2006

Llegaba tarde – para variar – otro año más, a pesar de las incesantes amenazas, que, a lo largo del verano le había hecho a mi padre. Bajo ningún concepto quería empezar con retraso, pero allí estaba. Al menos, podría lucirme esa misma noche, entrando por la puerta grande del Gran Comedor ante la mirada de todos. No había cosa que más me gustase.
El profesor Slughorn apareció, calzado con una túnica de gala, al otro lado de la sobria y oxidada verja metálica, y con su típica sonrisa de anormal, que acostumbraba a esbozar.
- Buenas noches, señor Marzabotti – saludó, cordial – y Adrianna. Eres la segunda Slytherin que se incorpora tarde, el señor Urqu…
- Buenas noches, Horace – se pronunció mi padre, de un tono glacial – te dejo aquí a Adrianna, ambos sentimos el retraso.
Eran completamente patéticos, los dos: Slughorn, tan antiestético, con esa imponente barriga, y mi padre, con esos aires de mago tenebroso que tan mal le sentaban.
Me despedí con un frío “adiós”, casi imperceptible, y ya dentro de los terrenos, encanté mis dos baúles cargados de ropa, para que, levitando, llegaran al castillo. En cuanto al viejo profesor, no le dirigí la palabra en todo el trayecto, y, caminaba lo mejor posible por delante de él, intentando que mis tacones se hundiesen menos en la fangosa hierba. Menos mal que eran los más antiguos…
Pronto llegamos a las escalinatas de piedra, que conducían a las rudas puertas de roble. Saqué mi varita, y con un simple hechizo, limpié mis zapatos: tenía que estar perfecta. Hecho esto, me adentré en el elegante castillo, seguida y escoltada por Slughorn, y, cuando llegamos a las puertas del Gran Comedor, abiertas, dejando escapar un gran ruido de alboroto, comencé a pavonearme con pasos sugerentes y la cabeza bien alta, mientras penetraba en la sala. Seguidamente, un mar de ojos se volvió hacia mí, y unas voces recorrieron la estancia, amortiguando el ruido que provocaban mis zapatos de Gucci, no llevaba el uniforme puesto. Me senté, lo más elegante que pude, entre Alexis y Alisha, una amiga. Si es que así la podía llamar. La saludé sobriamente, mientras que ella se tiró a mis brazos. Reparé en que Regina y McHallen me asesinaban con los ojos.
- ¡Adri! – chilló Alisha exaltada - ¡Cuánto tiempo! ¡Estás guapísima!
- Lo sé – respondí orgullosa – también estoy hambrienta.
Sin decir más, me puse a cenar, y Lowrie comenzó con su perorata, típica de todos los años. Ni la escuchaba.
Dirigí mis ojos hacia Liberty Sparrer, una traidora a la sangre, y para mi juicio, una mala Slytherin, no tenía el verdadero espíritu de Salazar. Era otra cosa que odiaba en Hogwarts: los traidores que se juntaban con mestizos o no se sentían orgullosos de su pureza, asquerosos. Ojala mi padre tuviera razón y ese Señor Oscuro del que hablaba, acabase con ellos.
*.*.*Al llegar a la fría pero reconfortante sala común de
Slytherin, me dejé caer sobre uno de los mullidos sofás de cuero negro: estaba por fin en casa. Los demás, se fueron directamente a los cuartos mientras que yo me quedé un rato, disfrutando de lo que suponía la vuelta a
Hogwarts: chantajes, peleas, magia oscura, y sí, quizá algo de sexo…
Sin darme cuenta,
Dante Kurtcribs apareció, somnoliento y despeinado. Estaba mucho más atractivo que de costumbre: su pelo negro y revuelto caía sobre sus hombros, y sus pómulos, más prominentes ahora, le afilaban la cara.
Alzó la cabeza en modo de saludo y me puse en pie enseguida, para conducir mis pasos hasta él.
- ¿Qué tal el verano,
Dante?
- Bastante mal – respondió bostezando – Estuve con mis padres, así que…
- Ya – escupí secamente - ¿sabes? Has mejorado, mucho, en todos los aspectos.
Empecé a acariciarle su negra melena, mirándole a los ojos, insinuante. Me apetecía un reto la primera noche, me apetecía mucho. Pero este describió un gesto extraño, casi de molestia, y me apartó la mano.
- Oye,
Adrianna, tengo sueño – mintió.
Sí, si algo sabía, era detectar las mentiras – me voy a ir arriba. Mañana nos vemos.
- Pues adiós – contesté, adelantándome y subiendo la escalera que conducía a los dormitorios – tú te lo pierdes,
Kurtcribs.
Indignada, penetré en el dormitorio, y vi a
Alisha sentada en la cama, mientras que
Liberty y
Regina, dormían, o por lo menos… hacían que dormían.
Lowrie saltó por segunda vez en la noche sobre mí a lo que respondí con un considerable empujón y acto seguido me alisé la camiseta.
- ¡Te he echado tanto de menos! Y ahora cuenta – dijo histéricamente – he estado espiando un poco la conversación con
Kurtcribs. ¿Qué ha pasado al final?
- ¿Qué estás diciendo,
Alisha? – inquirí violenta – Sabes de sobra que el amor no me interesa, simplemente quería pasar un buen rato y,
Dante ha mejorado bastante este verano. Aunque está claro – añadí retirándome el pelo de la cara – que no está a la altura de alguien como yo.
- ¡Claro que no! – apoyó con una sonrisa idiota – es un poco como yo con
Alex…
- Ya,
Alisha – la corté sobriamente – estoy cansada, déjame dormir.
Odiaba que los demás hablasen sobre ellos, y más, si era
Alisha Hannah Lowrie la que lo hacía. Odiaba que se pavonease delante de mí. ¡Ah! Pero si vivía a mi sombra… y a la de
Leavenworth, claro.
Pero eso era otra historia, esa sucia serpiente y yo no nos hablábamos desde finales de segundo año, y, cuando lo hacíamos, no era para otra cosa que insultarnos, pelear, o lanzar maldiciones. Era asquerosa, o mi competencia, si se miraba objetivamente. Entre esas dos, y
Liberty, me iban a amargar la estancia, aunque ésta última no me molestaría, siempre a su aire…
Abrí la cama cuidadosamente, tras haberme puesto el pijama de seda, y recogiéndome el pelo en una coleta, me acosté, dando unas finales y despectivas miradas a mis compañeras de habitación.
=OUT=Mi niña Sly!!! Por finnn! Ja! No sé...algunos diréis que se asimila con Regina. Bueno, es una forma de verlo, pero para mí son totalmente opuestas...totalmente.
Prud!
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