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    Manuales

     

     



    8:27 p. m. @ 03 mayo, 2006



    Me desperté con una suave voz en mis oídos que pronunciaba, dulcemente, mi nombre. Era Meribeth Dubled. Como de costumbre, las sábanas se me pegaban y ella siempre acudía en mi rescate. Me incorporé de un brinco.
    - Lo siento, Meribeth, lo siento – supliqué culpable-
    - Arch ¿no crees que me he acostumbrado después de tres años haciendo esto? – respondió saliendo de la habitación-
    Sonreí, era un encanto. Siempre tan atenta, y tan frágil a la vez. Era una de mis mejores amigas, no podía dudarlo, y dentro de mí, sentía que tenía que cuidar de ella, sentía la necesidad de protegerla. Me levanté rápidamente, y me dirigí al baño.

    A los quince minutos, ya habíamos salido de la Sala Común, y nos dirigíamos al Gran Comedor, donde horas antes se había celebrado la monumental cena de Bienvenida.
    - ¿Qué tal la cena ayer? Casi no te vi – pregunté, como siempre, en un intento de dar conversación-
    Meribeth sonrió, tímida, como habitualmente.
    - Pues bien, como siempre. Oye me tienes que contar que pasa con esa Slytherin tan rara.
    Prorrumpí en carcajadas.
    - ¿Te refieres a Liberty? Vamos, Meribeth, la conocí ayer. Y además ¿Qué pasa con los Slytherin? No tien…
    - ¿Habláis de nosotros?
    Una voz afilada taladró el ambiente. Debía haberlo imaginado: Regina, con su tropita habitual de zorras, incluido aquel Alexis McHallen. Meribeth y yo, nos paramos en seco al ver la imagen.
    - ¡Oh! Mira a quien tenemos aquí, es la sucia de Dubled con Dawssen – anunció una voz chillona proveniente de la boca de Alisha – ya sabéis, dios los cría y ellos se juntan.
    Un estallido de risas resonó entre el grupito de serpientes, menos aquella líder, que no movió ni un músculo de su cara. Solo se limitó a mirarme, mientras yo le sostenía la mirada.
    - ¿Qué pasa Dawssen, no estás tan gallito delante de tu novia verdad? – inquirió McHallen
    ¿Mi novia? La verdad es que nunca lo había pensado, Meribeth era tan… amiga, que no era capaz de verla de ese modo.
    - McHallen ¿no tienes otra cosa que hacer? – pregunté – No estabas tan crecidito el año pasado cuando la guarra de tu novia te dejó. Y hablando de ella, tiene mucha razón, dios os cría y vosotros os juntáis. Es muy paradójico que nos llaméis Sangre Sucia, cuando la verdadera escoria mágica es vuestra puta pureza.
    Cuando terminé de decir esto, cogí a Meribeth por el brazo, dispuesto a irme. Pero Alexis se abalanzó sobre mí, empujándome.
    - ¡Alexis! – exclamó una voz potente – Deja de perder el tiempo y vámonos.
    Éste acató la orden, y yo estaba impresionado de nuevo. Regina, aquella imponente Slytherin, había vuelto a evitar la pelea, no lo entendía. La miré durante unos segundos con un gesto que oscilaba entre el agradecimiento y la ira pintado en mi rostro.
    - Vamonos, Meribeth – terminé por decir – tengo hambre.
    Y así fue, minutos después, ésta y yo nos sentábamos en la colosal mesa alargada, disfrutando del delicioso desayuno.
    - Oye, Archelaus – comenzó Meribeth – ¿sabes donde están los gemelos?
    - ¿Los Ward? – pregunté – no han llegado, al menos Don no estaba hoy en la habitación.
    La joven rubia me hizo un gesto afirmativo, no era de mucho hablar. En ese momento vi como Sparrer se introducía en la sala, luciendo una capa de leopardo, a la que varios alumnos pusieron cara de desprecio. Ésta no hacía más que mirarles, divertida, parecía que le gustaba no pasar inadvertida. Hice un ademán de levantarme a saludarla pero me frené cuando me percaté de que Liberty se sentaba junto a Alisha, no quería buscar más pelea.
    - Bueno, Meribeth, yo ya he terminado –anuncié- tengo que subir al cuarto a recoger algunas cosas, ya te veo luego ¿no?
    Asintió de nuevo. Yo, me levanté cuidadosamente y me dirigí hacia la mesa de los profesores. Me encaminé, automáticamente hacia la profesora Sprout, jefa de mi Casa.
    - ¡Hola Archie! – gritó - ¡Que guapo!
    ¡Dios! Que insoportable… Se parece a mi tía abuela Rosmerta
    - Gracias, profesora – respondí sereno – ehmm… ¿puede darme los horarios?
    - ¡Oh! Claro, faltaría más, querido… Aquí tienes.
    Con un gesto de mi cabeza le di las gracias y me di la vuelta, echando un vistazo a mi reloj: no quedaba nada para empezar las clases. Me precipité a bajar por las escaleras que conducían a las mazmorras. Los altos pasillos tejidos a base de piedra me arropaban a cada paso que daba. El frío que caracterizaba aquella parte del castillo penetraba a través de mi túnica. Llegué por fin a la puerta de madera oscura, anegada por los años, que daba paso a la inmensa aula donde se impartían las clases de Pociones. Al entrar, un olor avinagrado, que identifiqué con las mezclas de ingredientes hechas durante todos esos años, invadió mis fosas nasales. Me sorprendí al darme cuenta de que era el primero. Dirigí mis ojos hacía el escritorio del profesor. Slughorn, dormitaba apoyado en el respaldo de su silla. Me aclaré la garganta, lo que provocó un respingo por parte de éste.
    Tras unos minutos, los alumnos se fueron instalando en sus respectivos pupitres y la clase transcurrió con cierta normalidad, hasta que Meribeth, equivocándose de ingrediente, echó a perder su poción curativa.
    Todo volvía a ser como siempre, Hogwarts en pleno movimiento.

    ...***...


    Donald Y Dawn Ward llegaron al atardecer, después de la aburrida y soporífera clase de Historia de la Magia. Entraron en la Sala Común, como habitualmente hacían: Dawn, con paso acelerado y sonriendo y Donald cargando con las maletas. Les saludé rápidamente y me escabullí de allí. Todo Hufflepuff sabía que mis relaciones con los Ward no eran muy buenas: Ella, mandona y acaparadora, me crispaba los nervios, y su hermano, hecho de la misma tinta por la influencia de Dawn, era más de lo mismo. No entendía como un muchacho tan aparentemente fuerte podía doblegarse hasta tal punto, parecía su elfo doméstico. Recorrí, con parsimonia los elegantes pasillos de Hogwarts y con mis libros en mano, llegué a la Biblioteca: lugar de reunión por excelencia. Allí me encontré con la tropa Slytherin, y con una Liberty claramente apartada en otra mesa, con la cabeza hundida en un libro muggle.
    - ¿Se puede? – pregunté en voz baja –
    Ésta levanto la cabeza y se encogió de hombros, transportándose de nuevo a su lectura. En señal de desconcierto, miré hacia el techo y sin pensármelo, me senté junto a ella. Abrí mi libro de Defensa contra las Artes Oscuras e hice amago de estudiar. Erguí mi cabeza, mirando a Liberty, que a cada rato levantaba los ojos, incomoda.
    - Bueno y… ¿Qué tal las clases? – inquirí susurrando - ¿Un horario flexible?
    La rubia Slytherin me miró con cierto desprecio.
    - Un horario en Hogwarts nunca es flexible, si hablamos de asignaturas mágicas – respondió secamente-
    - ¿Cómo? ¿Me estas diciendo que preferirías un colegio muggle?
    Ésta asintió, aún sin levantar la cabeza de su libro. No entendía su posición. Todo muggle soñaría con asistir a este colegio donde la magia, los encantamientos y los hechizos predominaban por encima de todo.
    - No lo entiendo – contesté desconcertado – allí solo tienen matemáticas, lengua y literatura. Aquí hay hechizos, pociones y… magia.
    Volvió a encogerse de hombros, esta vez mirándome a los ojos.
    - Si no lo entiendes, tampoco te lo voy a explicar – aclaró – Al fin y al cabo ¿Qué le voy a decir a un Puffie mimado?
    Acto seguido, sonrió y sus carnosos labios se estiraron. Su comentario me había sorprendido…
    ¿Puffie mimado? Más quisieras…
    No iba a consentir que una muchacha que necesitaba llamar la atención me humillase de esa forma.
    - ¿No eran los Sparrer una de las familias más adineradas del Reino Unido? – pregunté irónico -
    Su gesto cambió por completo. Su rostro pasó de la burla a la rabia en cuestión de segundos.
    - Mira tío ¿has venido aquí a estudiar o simplemente a joderme la tarde? – dijo después de aspirar una bocanada de aire-
    Se apartó un mechón platino de su cara y continuó leyendo. No respondí y me dispuse a empezar el trabajo que el profesor Quirrell nos había encargado. Trataba sobre los boggarts y como descubrirlos.
    Al cabo de una hora, y cuando mi tarea estuvo terminada, me dirigí otra vez a ella.
    - Bueno, Sparrer, aquí te dejo, avísame cuando quieras verme.
    Ésta no se movió, por lo que me levanté y me encaminé a la Sala Común, con paso rápido. No podía entenderla, al menos por ahora ¿lo haría alguna vez? Era tan rara, tan borde, tan susceptible… Me había puesto de mal humor, tanto su insolencia como su descaro, y para colmo no había visto a Sam en todo el día… Era una extraña forma de empezar las clases.

    =OUT=
    Aquí lo dejo, el pote con Irene y Anna. Ale que os guste.

    Prud!

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