7:53 p. m. @ 17 mayo, 2006
Me dirigía, acompañado de Meribeth, hacia el patio interior, donde se cursaba la clase de Vuelo. La lluvia había cesado pero el gélido viento soplaba sin piedad.
- ¿Por qué no has desayunado, Arch? – preguntó Meribeth, atenta –
Suspiré, cansado. Me había levantado totalmente descolocado. Después de la tensa conversación con Sparrer en la Biblioteca, me había pedido unas sinceras disculpas en la clase de Astronomía. La verdad es que entendía poco de aquella extraña personalidad: borde y ruda a primera vista, amable y cordial por dentro. Las pocas veces que la había visto, andando inquieta de aquí para allá por el castillo, me había parecido una chica bastante intratable. Su disculpa me había dejado confundido, por lo que esa mañana me había levantado con mal cuerpo, y por consiguiente, sin hambre alguna.
- No sé, no tenía hambre – respondí mientras cruzaba el arco esculpido en piedra – Supongo que habré cogido algo de frío – añadí –
Meribeth paró en seco y me dedicó una pícara sonrisa.
- Y ¿No tendrá eso nada que ver con una tal Liberty Sparrer? – inquirió de repente, cogiéndome por el brazo –
Sabía que lo notaría, por muy tímida que fuese, Meri no andaba escasa de intuición. Pero esta vez se equivocaba, al menos de cierta manera. Mi desgana no era debida a un amor repentino hacia aquella Slytherin, más bien a unas reacciones extrañas que habían despertado en mí, una cierta confusión.
- Claro que no – me apresuré a mentir -¿Qué te hace pensar que…?
- ¡Vamos, Arch! – exclamó- anoche te vi hablar con ella en la Torre de Astronomía.
- ¿Y que? – repuse, haciéndome el ofendido –
- No sé, tú sabrás – contesto sonriendo –
Seguimos nuestro camino, hasta que al fin, nos encontramos con una gran masa de alumnos dispersos en aquel patio, embutido entre grandes arcos grises. La señora Hooch, se erguía, encima del baúl que contenía las pelotas de juego, amenazante. Si había algo que me inquietaba, era su ámbar mirada, y su pelo gris, tremendamente despeinado. Meribeth y yo nos aproximamos hasta juntarnos con Romilda y los gemelos Ward, que susurraban sin detenerse. Hannsfred se percató de nuestra presencia y nos hizo un cordial saludo, bastante más efusivo de lo que me apetecía. Se acercó seguidamente a nosotros, dejando a los gemelos solos, y cuando se dispuso a hablar una voz se lo impidió.
- Señorita Hannsfred – la voz de la señora Hooch inundó el recinto cuadrado – haga el favor de dejar de hablar por una vez en mis clases. ¿Me espera otro curso teniéndoselo que decir?
Romilda se separó, con la cara ligeramente escarlata, soportando risas y abucheos de los Slytherin. Casi le agradecí aquella réplica a la profesora, librándome por unos instantes, de la embarazosa mirada de Alexis y compañía, y por supuesto de una Liberty que no parecía de muy buen humor. La saludé con un simple gesto, con un gesto tan frío como pude. Ella me correspondió de la misma forma, y acto seguido apartó la mirada, desviando su atención de nuevo a la clase.
- Lo primero, bienvenidos – sugirió la profesora – Este año, en vuelo, nos vamos a especializar en los movimientos más complicados ¿Quién puede decirme cuales pueden ser?
Levanté la mano con desgana, sin ser consciente de que tenía que hablar ante los Slytherin.
- Dawssen – ordenó –
- El amago de Wronski – contesté seguro –
- Exacto – repuso mientras asentía – y has dado en el clavo chico, hoy empezaremos con eso. ¡Poneos por grupos de dos!
La marea verde y amarilla comenzó a revolverse, y a mirarse entre sí.
- Esperad – añadió Hooch – yo misma haré los grupos. Veamos.
Empezó a nombrar un sin fin de nombres, haciendo diversos grupos de dos alumnos. A pesar de mis súplicas mentales y de cruzar los dedos, mis oídos escucharon lo peor.
- Sparrer y….- su voz se quebró, buscando entre los alumnos- ¡Dawssen! – exclamó finalmente –
¡Mierda!
El glamour Slytherin rió a carcajadas, salvo Regina, que quedó inmóvil. Una mirada helada por parte de Liberty lo dijo todo. Al igual que yo, no estaba demasiado contenta de la elección de la profesora. Se acercó a mí, arrastrando los pies, y recogiéndose el platino cabello.
- No pongas esa cara – me dijo irónica – es lo que toca. A mí tampoco me hace gracia – añadió alisándose la túnica morada.
Negué con la cabeza, y me dirigí a por una escoba. Liberty me siguió. Ambos llegamos al sitio adecuado, y mientras yo elegía una, ella se quedó detrás, con gesto asqueado, y mirándome mal.
- ¿Te vas a decidir? – inquirió – ¿o no me vas a dejar pasar?
- Pero ¿a ti que coño te pasa? – respondí mirándola con la peor cara que pude – estás borde y a las dos horas simpática, vete a tomar por culo.
Sus ojos se rasgaron, casi felinos, e irguió su varita.
- ¡Ah, no! ¡Eso si que no! – exclamé cogiendo una de las escobas - ¿Ahora te vas a enfadar? Sabes, me estoy empezando a hartar de ser simpático, es lo que pasa.
Su gesto volvió a cambiar, y en un movimiento tan lento como disimulado, guardó su varita en la túnica.
- Y además – añadí – por si no lo sabes estos grupos son hasta el final del curso. Sería mejor que congeniásemos.
Balbuceó unas palabras que no logré entender, mientras se hacia paso para coger una de las escobas. Yo por mi parte, volví al centro del patio, donde Meribeth se hallaba con Leavenworth.
¡Vaya elección ha hecho Hooch! Pensé risueño, y es que Dubled no hacía más que mirar al suelo con el rostro ligeramente teñido de color caoba. Regina por su parte, se limitaba a ignorarla, haciendo gestos voluptuosos, y a cada rato, pasándose una mano por el pelo, lacio y negro como el carbón. Oí unos pasos detrás de mí y di por hecho que era Liberty. Busqué a Alexis entre el grupo de serpientes, ahora compartido por Hufflepuffs, pero no lo encontré, tampoco a Alisha. Supuse que durante un descuido de la profesora, se habrían ido a darse el lote por cualquier rincón escondido del castillo. Quien sabe…quizá algo más…
- Bien, ahora os daré unas cuantas quaffles y tendréis que pasarlas entre vosotros – vociferó gracias a un “Sonorus” – y bueno, que deciros, aunque seáis amigos, no hay porque poner las cosas faciles.
¿Amigos? Claro, Meribeth solía frecuentar las reuniones Slytherin en la Biblioteca, y a menudo los Ward, tomaban un whisky de fuego con alguno de los serpientes.
Estaba seguro de que nadie lo pondría fácil, segurísimo. Y sin ir más lejos, Sparrer, voladora nata, me lanzaba la quaffle de manera desviada, confundiéndome – como habitualmente – y haciéndome perder la jugada. Mi contraataque tampoco era malo, llevaba años jugando al quidditch. Con un simple movimiento de muñeca, mandaba aquella pelota roja al otro lado del patio.
- Bien chicos, bien – elogió Hooch – ahora nos dispondremos al amago de Wronski.
Un murmullo de emoción recorrió a través de los alumnos.
Explicó lo que teníamos que hacer y por primera vez desde que asistía a aquella clase, todo el mundo atendía. O casi todos. Regina Leavenworth, se dedicaba, sentada de lado en la escoba, a mirar y arreglarse las uñas, haciendo caso omiso a las instrucciones dadas. Meribeth, sujeta más que por las piernas, la miraba con odio. La situación era casi cómica: las dos ahí, encima de sus escobas, a varios metros de altura. Una silueta borrosa pasó por mi lado a gran velocidad.
- ¿Qué pasa Dawssen? – era Sparrer de nuevo- ¿No te atreves con el amago?
La ignoré. El juego consistía en dos partes: la primera, era que uno de los dos ascendiera hasta metros considerables, y tirase la pelota, a lo que el otro respondiera con un picado acabado en un amago de Wronski, cogiendo la pelota, claro estaba. La segunda parte, era a la inversa.
- Seré yo la primera en lanzar – espetó Liberty malhumorada –
Ascendí, no obstante, unos metros por debajo de ella. Cuando la señora Hooch dio la señal, Sparrer soltó la pelota escarlata y yo me dejé caer en picado. Estaba nervioso, lo había hecho pocas veces, y todas ellas sin éxito. Seguí el recorrido de la quaffle, pasando incluso por los arcos superiores, hasta que a pocos metros del suelo, conseguí atraparla e incorporar la escoba hacia arriba. Lo había conseguido, un amago de Wronski, limpio. Este año me presentaría a las pruebas de quidditch. Me percaté de que la señora Hooch, me asentía desde lo lejos, satisfecha con mi actuación. Ahora le tocaba a Liberty. Repetimos el proceso, y ella también salió vigorosa de la situación. Para ser una amante de lo muggle, se le daba muy bien.
Poco a poco, y a medida que todos los grupos pasaron, la clase expiró, y aproveche los cinco minutos de pausa para fumar un cigarro. Liberty me siguió y encendió uno también. Nos encontrábamos en la parte frontal del patio, con vistas al tortuoso lago.
- ¿Sabes? A pesar de todo eres buena voladora – afirmé repentinamente, rompiendo el incomodo silencio que se había establecido –
Ella no respondió, como de costumbre, y aspiró una bocanada de su cigarro. Pasó un rato, quizá dos o tres minutos, cuando de un sobresalto abrió la boca.
- Dawssen – dijo- ayer en Astronomía se me olvidó decirte algo. McHallen…
- ¿Ah, si?- interrumpí furioso - ¿Y que es ahora? ¿Una repentina disculpa que mañana se convertirá en insulto? – ironicé – si es así, mejor guárdatela.
Me miró de nuevo con ese gesto indescifrable.
- ¡Joder tío! No entiendes nada – exclamó tirando lo que quedaba de su cigarrillo y marchándose deprisa -
¿Y que más me daba? Al fin y al cabo, yo tenía mis amigos. No tenía por que aguantar a aquella cría resignada y reprimida en un colegio que no le gustaba. Ni esos cambios de humor, ni… ¿Pero por que los aguantaba? Quien sabe, algo me decía que tenía que hacerlo. Que en algún momento, aquel libro cerrado se abriría con alguna sorpresa para mí. Sosegué ese pensamiento, y me dirigí hacia el aula de Artimancia.
Llegué al pasillo, totalmente exhausto: la clase de vuelo era realmente exigente. Una mezcla de alumnos de todas las casas hacía acto de presencia, y entre ellos distinguí a Sam. No me apetecía verla, no quería salivar mientras hablaba con ella, o simplemente quedar en ridículo haciendo elogios sin sentido. En un movimiento rápido, me adentré en el aula, donde la profesora Vector me recibió con una gran sonrisa.
- ¡Hombre! – exclamó – mi alumno predilecto. ¿Cómo estás, Archelaus?
Me limité a asentirla mientras mostraba lo más parecido a una sonrisa. Detrás de mí, apareció un chico alto, de músculos prominentes, y mirada conquistadora. Su pelo, engominado hacia arriba, prolongaba su cara ya alargada, dibujándole unos rasgos casi afilados. Se llamaba Lance, Lance Urquhart, y era un Slytherin bastante popular: el típico Don Juan, tonteando con todas – y todos – las que podía, y burlón a la hora de hablar, sin descuidar ni un poco sus resultados académicos. Al menos hasta hacía unos años. Se rumoreaba, que poco a poco, Lance había cambiado: convirtiéndose para los de su Casa, en un Slytherin del que avergonzarse, para los demás, en un simple alumno que jugaba a ser el mejor sin éxito alguno. Le dirigí una mirada inexpresiva, a lo que me respondió con un fruncimiento de ceño. No le di importancia, y me senté en una de las mesas de madera, en la segunda fila. Cual fue mi sorpresa al ver que Urquhart se acomodaba en el pupitre contiguo al mío.
La clase empezó sin más preámbulos, y la profesora Vector comenzó, como siempre, con su perorata numérica que yo tanto adoraba. La presencia de Lance, evitaba mi concentración, ya que a cada rato desviaba su mirada hacia mí, distrayéndome de las explicaciones.
- ¿Qué cojones te pasa, tío? – inquirí al cabo de un buen rato –
Este sonrió gélidamente, burlón.
- ¿Entonces eres tú, ese Dawssen del que tanto hablan mis colegas? – preguntó retóricamente-
Una mueca de disgusto se esbozó en mi rostro: malditos Slytherins. Nunca les había tenido asco, pero este curso había empezado mal…
- Pues al parecer sí – respondí malhumorado – ¿Por qué lo dices? ¿Estás pensando en unirte a ellos? La verdad es que me dais exactamente igual, todos vosotros.
- No, era solo para comprobar si era verdad que tenías cara de sapo – contestó con sarcasmo -.
Negué la cabeza e intenté recuperar la concentración, omitiendo aquella infantil respuesta. Me había sacado de quicio, ese Lance. Entre Liberty, Alexis y él, iban a conseguir que me pegase un tiro.
- Venga, chico, tampoco te mosquees – irrumpió aquella voz grave de nuevo – tampoco era para tanto.
Le miré, con gesto ceñudo y mirada de desprecio.
- ¿Estás intentando ligar conmigo? – ironicé en un intento de dañarle, por poco que fuese – Por que desde luego, si lo que intentas es una amistad, lo estás llevando por el peor camino. Así que si no te importa, piérdete.
- Joder, tío, que borde. – espetó gruñendo –
- Tu te lo has buscado Urquhart – contesté secamente – estoy hasta el culo de que tus amiguitos me persigan por donde vaya ¿sabes? Y ahora vienes tú a tocarme los cojones: si juegas con fuego, te quemas.
Agradecí el tintineo de la campana, que resonó por todo el aula, librándome de aquel Slytherin. Me levanté en un suspiró, cogí mis cosas, y me apresuré a irme, no sin antes echar una mirada hacia Sam, que justo me observaba desde el final de la clase, con una mirada extraña…
=OUT=
En fin, esto si que es una perorata y no la de la profesora Vector...pero me gusta...xDD...
Prud!
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _