7:57 p. m. @ 11 mayo, 2006
Pasé toda la mañana escuchando las quejas de Alexis sobre el, a esas horas, muy aborrecido Dawssen. A veces era callado por besos de Alisha, que normalmente habría detenido, besarse en público era algo que me disgustaba, no era elegante, solo vulgar. Pero hoy no me quejé, prefería que se toquetearan en público a seguir escuchando sus presuntas conspiraciones contra Dawssen. Odiaba que anunciara tanto si todos sabíamos que no sería capaz de hacer nada realmente bueno. El momento cumbre de su parloteo incesante sobre maldiciones y venganzas fue la hora del almuerzo. Si no fuera por mi reputación y porque Alexis me iba demasiado bien siempre, lo hubiera matado allí mismo. Y yo sí cumplo lo que digo.
-Os lo juro. Mi padre sabe mucho de maldiciones, en Navidad podría ayudarme a perfeccionar alguna.- hablaba ya en susurros, pero aún bajó más la voz. –A decir verdad, en verano empecé ya a practicar el Imperius. No es mucho, pero logré dominar a la rata de mi hermana.- explicó con orgullo.
Empezó un parloteo de admiración a su alrededor, y él me miró un momento buscando un respeto que no encontró en mis ojos, solo le devolví una mirada de desaprobación. Hizo una mueca rara, mezcla de fruncir el ceño y arrugar la nariz, y se volvió a los demás, que esperaban más fanfarroneadas. Suspiré y dirigí mi mirada a otro sitio. Liberty Sparrer, al lado de Alisha (justo delante de mí), observaba la situación con aire ausente, aunque creo que prestaba más atención de lo que cualquiera aseguraría. Saqué la varita y unos trozos de carne volaron hacia mi plato. Otro hechizo y el cuchillo empezó a hundirse en el tarro de salsa de pasas. Cuando empezó a untar con torpeza las rebanadas de pollo, volví a centrarme en la conversación.
-Jáh. Ese cretino puede ir despidiéndose de su querida esposa. Después de Navidad no quedará nada de él.- explicó sonriente, sin preocuparse ya de si alguien lo oía o no.
-Si quieres que quede algo de ti, Alexis, deja de regodearte de tus planes en voz alta, no te interesa que los cuervos se enteren y se lo cuenten al viejo.- le reproché, en tono socarrón, señalando con la cabeza la mesa de Ravenclaw, justo detrás. -Ejecútalos y cállate.- finalicé.
Un finite incantatem y pude empezar a comer. Aquello sirvió para finalizar la cargante mañana contra Dawssen, y Alisha también agradeció disponer de más boca para ella. Babosos sin control. Me separé de ellos toda la tarde, no me apetecía que me vieran con ellos en ese estado tan deplorable, besuqueándose sin clase, comiéndose el uno al otro sin control ni gracia. Era un espectáculo desagradable.
Pero con el mediodía no terminó la presencia de ese insignificante sangre sucia en mi vida. Alisha y Alexis decidieron que una noche desenfrenada era más importante que las estrellas, y se fueron a la cama pronto. Impacientes. Su insensatez nos costó 20 dolorosos puntos. Pero lo horrible de la noche lo marcó la presencia de Dawssen en la misma habitación que yo. Le había aborrecido tanto durante la mañana, que mi odio hacia él traspasaba los límites de un sangre sucia desconocido común. Solo esperaba que Alexis terminase ya con esa insufrible guerrecilla que había empezado, y me daba igual como. Solo quería que terminase y que mis orejas pudieran oír cosas interesantes de nuevo.
Sola sin los dos A (aunque eso no sea cierto, pues seguía teniendo a mi disposición a los demás slytherins), me junté con Sparrer en Astronomía, con tal mala suerte que ella también parecía estar obsesionada con el asqueroso puffie. O por lo menos interesada, no dejó de lanzarle miradas durante toda la clase. Parecía inquieta. Suspiré con cansancio, si las cosas seguían así, yo misma me encargaría del fin del sucio sangre sucia ese.
-Liberty.- la llamé. Tardó unos segundos en reaccionar, supongo que estaría volviendo a la realidad. Y no quiero ni imaginar su horrible mundo alternativo. A veces me daba asco. –¿Podrías dejar de mirar a Dawssen un rato y dejar de aprovecharte de mi bondad?- pregunté sarcástica.
-¿Tengo cara de estar mirando a Dawsen, Regina?- preguntó, con una especie de tono de ofendida que no terminaba de convencer.
-Sí.- respondí, tajante. Me miró desconcertada. –Y prefiero pensar que solo lo mirabas.- le advertí levantando una ceja. Su cara adoptó una expresión extraña, que no sabría definir, y se abalanzó sobre el telescopio, casi tragándoselo con las prisas. Cuando su cabeza rubia se apartó bruscamente de delante, vi a Dawssen detrás. No estaba lejos, y pude advertir que desviaba la mirada en ese justo momento. Todo era tan incordiante, como si alguien hubiese embutido de modo brusco a ese estúpido en mi vida. Liberty se separó tan rápido como se había unido al telescopio y me miró.
-Bleh. Paso de mirar, hay demasiadas estrellas para encontrar solo una.- gruñó desganada. Sonreí levemente y me dirigí yo al telescopio. Oí pasos mientras mi vista se perdía por el cielo nocturno.
-Oye, lo de esta tarde en la biblioteca...- oía que murmuraba Liberty. Si su intención era hablar bajo, que lo practicara. Incluso yo la oía, y los pasos de antes eran los de sus zapatos alejándose. -... no quise...- intercepté solo esas dos palabras. Luego bajó más la voz y no pude escuchar más. Solté el telescopio y me giré. Liberty hablaba con Dawssen. Era como una pesadilla.
-Hola, Leavenworth.- saludó, dibujando una sonrisa obviamente provocada. Yo no me molesté en fingir un agrado que no sentía, arrugué la nariz y solté un bufido. Me giré y volví al telescopio, aunque reflejado en el cristal de éste, aún pude ver como se dibujaba en la expresión de Dawssen una mueca de extrañeza y desconcierto.
OUT
Bueno, pues ahí está. Manejé a Liberty sin permiso lalala, so... si no te parece bien como actuó Libby, me lo dices. En fin.
Anónimo
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