11:46 a. m. @ 13 junio, 2006

Había quedado con Volskov a las diez en punto en su torre. Como de costumbre, no llegué a tiempo, y me pasé – por si acaso – por el solitario pasillo de Transformaciones. No tenía nada que perder…
Virgile había sido mi amigo, desde que ambos entramos a Hogwarts. Manteníamos una estrecha relación, y solíamos contarnos las cosas importantes. Con todo, le apreciaba bastante, y me parecía un tío majo con el que había compartido varios años de mi vida, al fin y al cabo. Y nada me alegraba más después del esquinazo de Sparrer, que mejor que unos buenos whiskys de fuego con él. Mientras me acercaba, con un cigarrillo colgando de mis labios, ya podía distinguir su rizada melena castaña, y su rostro, caracterizado por la larga forma que predominaba. Advertí que una bolsita de plástico – como la de las cajetillas de tabaco muggle- rellena de una hierba verde, colgaba de su cinturón.
- Tarde como de costumbre – dijo sereno -
- ¡Venga ya, Volskov! Solo diez minutos. Mi sala común esta a tomar por saco de aquí. No empieces ya con tus manías. – respondí entre carcajadas –
Un discreto choque de manos, y seguidamente, él ya estaba con su pipa encendida, que, juraría no llevaba solo tabaco… Habíamos vuelto a las andadas. Me esperaba una buena velada…
. . . . * * * * . . . .Tras despedirme de
Volskov, descendí las escaleras, una a una, a trompicones, y llegué por fin a un largo corredor al que la iluminación había abandonado.
La luz anaranjada que desprendía la punta de mi cigarrillo, iluminaba parcialmente el pasillo del aula de Transformaciones. Llegaba, después de unos cuantos tragos de whisky de fuego, compartidos con Virgile, de la Torre de Ravenclaw. Era tarde, muy tarde. La una, o quizás más… en ese momento no podía adivinarlo. Permanecía, quieto, entre las dos paredes que me envolvían, un poco perdido… nunca había vuelto de aquella torre en aquel estado. Y es que… ¡No es que no hubiera bebido otras veces! Habían sido muchos, muchísimos tragos. Tiré mi cigarro por la ventana justo antes de que algo se moviese entre las sombras del pasillo. No me apetecía comprobar si era, en efecto, alguien deambulando por ahí, o solo un producto de lo que podía apodar como “
mi borrachera”. Pude afirmar mis sospechas cuando una adolescente de mediana estatura apareció, una
Slytherin. Era ella.
Permanecía callada, sin inmutarse, con ausencia de gestos. Esos gestos que esbozaba tan a menudo, y que no tenían más importancia que un simple y banal enfado permanente. Su rostro se mostraba sereno, salpicado con cierta indecisión, o, preocupación por lo que se nos echaba encima. Su pelo rubio, casi almidonado, reposaba, ensortijado graciosamente, sobre sus huesudos hombros. Su boca, ligeramente pinzada, denotaba incertidumbre: un sentimiento que recorría aquel solitario pasillo, donde ambos nos observábamos, con parsimonia. Sus inmensos y abiertos ojos grises se clavaban decididos en mi rostro, tenso, quizá por la situación, o quizá por la dominante borrachera a la que mi cuerpo se sometía. Mi estado ebrio, evitaba mi equilibrio, pero nada, nada me impedía en aquellos instantes, apartar la mirada de aquella misteriosa, y sin embargo cautivante chica rubia.
Un chirrido rompió aquella conexión, que manteníamos a través de los ojos: había movido los pies, y sus imponentes botas habían rechinado con el inmaculado parqué. Sin retirar la mirada, aún centrada en observarme, dirigió su varita hacia el pomo de la puerta contigua. Me pareció escuchar en un susurro, un “¡
Alohomora!”, segundos antes de que ésta se abriese, invitándonos a entrar, a ambos, incitándonos hacia un destino que no parecía volverse nítido, al menos para mí, y para en ese momento, mis turbios pensamientos.
Liberty, sin apartar sus ojos, movió su torneada pierna – fruto de muchas peleas y constantes huidas, en
Londres -, traspasando la fina frontera que separaba el pasillo, de el aula de transformaciones. Pero aquella ya no era el aula de Transformaciones, no. Era el inicio, una señal que nos adelantaba, sigilosamente, el desenlace de aquel encuentro, misterioso a pesar de todo, como aquella
Slytherin, que se erguía ante mí, o quizá, ante un ser más, perdido entre encandilamientos y copas de whisky de fuego.
Di un paso al frente… a lo mejor fueron dos, pero cuando quise darme cuenta, ya me encontraba dentro de aquella clase: sombría, engañosa. La luz de la luna llena se colaba, a través de las altas vidrieras coloreadas, formando frías sombras y formas sin descripción posible. Ella, mi acompañante, permanecía al otro lado, como si no quisiera afrontar lo que iba a suceder. Con un pie en el interior, continuaba observándome, serena. De un movimiento brusco, tiré de ella, introduciéndola en la clase y de un portazo, cerré la puerta. Mis manos, empujaron su cuerpo contra la pared, quedando, ambos, pegados el uno contra el otro, entre respiraciones entrecortadas y miradas ausentes de pestañeos. Estreché, aún más si cabía, la distancia que nos separaba, acortando los centímetros que se interponían entre nuestros deseosos labios. Podía sentir su aliento en mi cara, y sus grandes ojos, grises como un invierno, clavándose en mí. Un susurro rompió el silencio que reinaba.
- Estás loco,
Dawssen… Estás loco.
Mis manos bajaron hacia su cintura a la par que sus ojos, repletos de expresión, se plegaban hacia abajo.
- Estás loco – repitió –
En un impulso casi inconsciente, nuestros labios se fundieron, llegando a la meta que tanto ansiaban desde hacía unos minutos. Quizás horas… a lo mejor más…
Y ella seguía besándome, violenta y brutalmente. No era el típico gesto de amor, donde las lenguas jugaban con cariño, no. Con
Liberty no se jugaba así: chocábamos, con fuerza, agarrándonos del pelo, moviéndonos inquietos, como ella, como yo, tirando pupitres a nuestro paso, armando un escándalo incesante.
- Nos van a oír – dije casi en un susurro, durante un fugaz distanciamiento –
- ¿Qué pasa,
Dawssen? – inquirió, provocativa - ¿Ahora te estás asustando?
Obtuvo como respuesta un fuerte tirón de su cintura, aferrándola contra mí, abriendo ligeramente mi boca, esperando un beso. Que no llegaba…
Liberty me ponía a prueba, me miraba, de vez en cuando dejando asomar una tímida lengua, haciéndose de rogar. La agarré por la nuca, y, con violencia, amoldándome a sus maneras, lleve su cabeza hacia mí, haciendo que nuestros labios se juntasen de nuevo, volviendo a comenzar un violento baile interno.
Un fuerte chirrido taladró la estancia. La puerta se había abierto y junto a esta, se erguía
Samantha Withenrose, con las manos en la boca y ojos vidriosos.
=OUT=¿Qué ha pasado? Wo wo wo...XD
Me gusta el post, para que mentir..xD
Prud!
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
_
&.Déjanos tu comentario...