12:25 p. m. @ 08 junio, 2006
Me calzo unos tacones, blancos inmaculados, de piel. Marca: V & L, por supuesto. Adoro las marcas muggles, sus precios y todo lo que conlleva lucirlas.
- ¡Oh, dios! ¡Que zapatos! – exclama Alisha cuando paso a su lado- ¿son de marca?
¿Acaso lo duda?
Sin embargo Liberty me mira con unos ojos que – interpreto – se mueren de envidia. Por supuesto que se muere de envidia, y así debe ser. Ella, con sus burdas botas militares y yo con mis elegantes zapatos de tacón.
- ¿Te gustan, Sparrer? – alzo la voz sin contestar a Alisha y desviando mi mirada hacia el techo – Sueña con ellos.
Gruñe, su cara se tiñe de violeta, de un púrpura violento.
- Muy bonitos, Adrianna – contesta irónica – mi tía también tiene un par de ellos. Claro, teniendo en cuenta que tiene cincuenta años…
Sin decir ni dar tiempo a más, e ignorando su comentario, salgo de la habitación, con los andares que me caracterizan, cruzándome con Dante Kurtcribs, al que escruto con ojos peyorativos mientras me cuelo por la discreta salida a los pasillos de las mazmorras. Alisha me sigue unos metros más atrás.
- Espérame, Adri – me chilla –
Pero sigo andando, totalmente indiferente hasta que al fin consigue llegar a mi altura. A mi paso, mejor dicho, a mi altura jamás llegaría.
Llegamos en dos minutos a la Biblioteca, lugar que más que de estudio, para mí es de interminables peroratas animadas con los Slytherin.
- Mira, ahí está Alexis – susurra Alisha, contenta, y haciendo signos con las manos - ¿A que es muy mono?
Asiento, por asentir. Muy mono. Le doy la razón. Lo que ella no sabe es que de cuando en cuando viene a hacer visitas a la habitación de las chicas cuando ella no está, visitas a mi cama. ¡Ja! Estúpida. Le saludo, a él y su grupito, mientras hago señas a ese bruto Harlem Shanckford para que me ofrezca un asiento. Termina por hacerlo, y con gestos, de mi clase, de elegancia, se lo agradezco.
- ¿Qué tal, chicas? – pregunta Alexis mirándome a los ojos mientras que Lowrie le muerde la oreja – Estamos planeando otro complot contra Dawssen.
- ¿Dawssen? – digo mientras me río sonoramente, despertando curiosos carraspeos en la Sra. Pince - ¿Ahora es ese el que os interesa? ¿No era McShurman, el año pasado?
Ahora, McHallet vuelve a clavar sus ojos en mí, con gesto glacial, no me impone para nada, es más, me parece totalmente ridículo. Debería pensarse lo de esbozar esos gestos, que tratan de asustar, cuando los ves quince veces en la cama, dejan de producirte sentimiento alguno.
- Sabes que hablo en serio Adrianna – aclara ahora, en un intento por sonar convincente –
- ¡Claro, Alexis! – exclamo irónica – el año pasado también ¿verdad? Aquel complot contra McShurman, funcionó a la perfección ¿eh?
Me aparto el pelo de la cara con un manotazo pomposo.
- Además, no es más que un asqueroso sangre sucia, nada más – añado sonriendo –
Sé que lo estoy dejando por los suelos delante de sus colegas, y eso me place, me gusta muchísimo, casi más que follármelo a escondidas de Lowrie, que en este momento le besa en la mejilla.
- Lo que tu digas – responde enfadado – Tú siempre llevas razón…
- ¿Lo dudas? – pregunto retóricamente – No es que lleve la razón, es que siempre es igual. Creciéndote con tu hermanito y nunca pasas a la acción, nunca.
Se enfurece mientras Alisha se lo come, de manera vasta, casi repugnante. Se enfurece y me mira, con los ojos enrojecidos de rabia. Lo provoco, y me gusta.
- ¿No creéis, chicos? – me apresuro a preguntar a los demás con gesto seductor –
La mesa se inunda, de repente, de risotadas que abofeteaban, invisible pero intensamente el rostro de Alexis.
- ¡Eh, chicos! ¡El trabajo para McGonagall! – Alisha se sacude, escupiendo de manera chillona uno de sus “ingeniosos” comentarios para salir de las situaciones difíciles –
En ese momento el silencio se instala, y aparece Meribeth Dubled. Se sienta en la mesa contigua, y la dirijo una mirada de desprecio que no duda en devolverme.
Comenzamos el trabajo, individualmente, e intento concentrarme aunque se que no puedo. Automáticamente, se me vienen a la cabeza nuevos modelos de Versace, Prada o Dior…
Un ruido de pergamino roto llama mi atención y veo que McHallet me pasa un trozo de éste por encima de la mesa. Lo leo: “Algún día me las pagarás”.
Un ataque de vergüenza ajena me inunda la tripa y me apresuro en contestar: “Iluso si crees que voy a volver a acostarme contigo”. Y se lo devuelvo, satisfecha. Sé que no se refiere a ello, y que le va a molestar. Pero me encanta enfadarle, es tan patético, que a su lado Liberty parece decente, y ya es decir. Prosigo mi intento de redacción no sin antes fulmina con los ojos a McHallet.
Prud!
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