10:16 p. m. @ 04 junio, 2006
Por fin era viernes, llevaba menos de una semana en Hogwarts, y el transcurso del tiempo se me había hecho como el de un mes. Las clases de sexto curso, eran muchísimo más intensas que la de los años anteriores, y los deberes con ellas. Había pasado estos dos días, un poco distante del mundo, y es que tenía la cabeza hecho un lío con el tema de Archelaus… Tantos años detrás de mí, y ahora me ignora. Suponía que era lo que los muggles llamaban ley de Murphy. Christine, me preguntaba a cada rato, a escondidas de Henry, que qué tal lo llevaba. Pero de lo preocupada que estaba, rozaba la pesadez, aunque sabía que lo hacía con su mejor intención.
- Bien, Chris, estoy bien – respondía una y otra vez – No te preocupes
- ¿Seis años juntas y te crees que me suenas convincente? – decía – Ilusa.
No tenía más remedio que reírme, al fin y al cabo, no me quedaba otra. Eso, y fulminar en las clases a aquella Sparrer, sin contar la parte de evitar encontrarme con Arch, y disimular miradas hacia él. En un par de ocasiones, había percibido la presencia de mis ojos en su rostro, y había salido airoso, dedicándome una sonrisa, o un sobrio saludo, como si no hubiese pasado nada.
Por otra parte, Dorringtom y Robert, no cesaban de interesarse por la causa de mi desgana.
- Sam ¿Qué te pasa? – preguntaba Robert – Estás mustia…
- No, chicos, estoy agobiada – mentí – somos estudiantes de EXTASIS ¿no? Agobiarse entra dentro del plan.
- Ya, claro – ironizaba Henry, con sus exquisitos modales, sin insistir más –
Y en ese mismo instante estaba en clase de Transformaciones, con esa serpiente a mi lado, y nada más que pensando y pensando.
- Señorita Withenrose – McGonagall llamó mi atención – veo que está sumamente interesada por mi clase.
Enrojecí en el acto, ante los examinantes ojos de Sparrer, que se clavaban en mí.
- Lo siento, profesora – respondí tímidamente –
- Lo siento, profesora – repitió Liberty con voz chillona y curiosamente repipi –
- ¡Vaya, Sparrer! Parece que le gusta imitar – la profesora sonreía, mientras yo asesinaba a la rubia con los ojos – Me va a imitar usted una redacción de séptimo, sobre los animagos y los riesgos de transformarse por completo, junto con Withenrose ¿les parece?
Se me cayó el aula encima: segundo castigo en la primera semana, y encima con Sparrer. No iba a sobrevivir este curso. Ésta sin embargo, parecía satisfecha, como si lo hubiese hecho a propósito, y me sonreía con aires de superioridad y el ceño fruncido.
- Tranquila, cariño – oí una voz al lado de mí – estaré cerca por si acaso.
Una gota de humor, lo que me hacía falta, y Chris como siempre, lo había vuelto a conseguir. La sonreí, y era una sonrisa sincera, amistosa. Se portaba genial conmigo, siempre. Aunque a veces discutiésemos o llegásemos tarde a todas partes por su manía de estar perfecta, la quería tanto…
Me apresuré a coger un trozo de papel y garabatear en él unas palabras: ¿Dónde quedamos para el castigo?, y mediante un hechizo, se lo pasé a Liberty por el aire, asquerosa culebra. Me miró, extrañada, pero al final optó por coger el pergamino y leerlo.
- Realmente me da igual, elige tú, Sammy – respondió en voz alta –
- ¡No puedo creerlo! – gritó McGonagall interrumpiendo su perorata - ¡Sparrer y Withenrose! ¡La redacción será de 60cm! ¡Para esta noche a las once!
Terminó la clase, y la profesora McGonagall nos llamó, a la Slytherin y a mí, dándonos órdenes para el castigo: cuando acabásemos, debía llevarme yo los dos, y entregárselos una vez llegar a la Sala Común, a las once en punto. Maldita profesora chalada…
Prud!
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