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    Manuales

     

     



    9:12 p. m. @ 05 junio, 2006



    Viernes por la mañana.
    Nada mas abrir los ojos me quedó claro que aquel, seria un día duro. Por suerte, ya era viernes y tras unos pocos obstáculos más podría descansar al fin. Nunca había tenido tanto estrés en la primera semana de clase. La preocupación por mi madre no había ayudado mucho los dos últimos días. El cansancio se acumulaba poco a poco.
    A todo esto se sumaba el hecho de que en runas, una de mis optativas, ya nos habían mandado trabajo del martes para el viernes, según me informaron. En esa asignatura no se pierde el tiempo.
    Consistía en descifrar un fragmento bastante considerable de un pergamino escrito por un mago del Mar caspio en la antigüedad. Lo peor de todo es que el tío se limitaba a hablar del efecto del astro lunar sobre las mareas. ¡Menudo descubrimiento! En resumen, mucho tiempo y esfuerzo de traducción para una idiotez.
    Pensando en lo que me reventaba hacer el trabajito absurdo y dejando a Benjamín durmiendo como un lirón, baje al gran comedor para desayunar.

    Cuando ya hacían un par de veces que estuve apunto de ahogarme en mi tazón de cereales, un proyectil calló sobre el plato de las galletas esparciéndolas por la mesa. Malditas lechuzas...nunca me gustaron esos bichos. Se trataba de una carta de mi padre, que por fin se dignaba a darme noticias de mi madre. Decía que pronto le darían el alta y podría marcharse a casa. Menos mal. Sentí como si una gran carga desapareciese de pronto. Las nubes que habían nublado mi mente empezaron a disiparse poco a poco.
    Consulté mi horario: Pociones. Empezamos bien. Aun no había visto a Slughorn esa semana. No me vendría mal una botellita de “Felix felicis” para empezar el año con buen pie.

    Cuando estaba a punto de cruzar la puerta del comedor oí una voz a mis espaldas.

    -¡Virgile, espera!

    Era Benjamin que corría hacia mi con el pelo rubio platino despeinado. Se veía a la legua que se había vestido lo mas rápido posible.

    -Tío, ¿como es que no me has despertado? Me he quedado sobado! Por poco me toca entrar de estrangis en pociones. Hubiera sido la primera vez en mi vida.

    -Lo siento, me pareció raro pero pensé que si seguías durmiendo seria porque lo tienes todo controlado. No eres de los que se quedan dormidos. – conteste riendo –

    Nos dirigimos a la mazmorra de pociones hablando sobre los deberes de la semana y compartiendo impresiones sobre el temario de las asignaturas del año. Benjamín Thomas me caía bien, pero era cierto que estaba un poco obsesionado con los estudios. Era demasiado exigente consigo mismo y a veces se ganaba a pulso su reputación de empollón.

    Ese día tocó repasar la formula de la poción “muertos en vida” que habíamos aprendido el año anterior. Slughorn decía que antes de pasar a lo siguiente debíamos refrescarnos la memoria. Estaba de acuerdo. Si las bases están asentadas se puede construir el edificio. Aquel profesor era, a mi juicio, uno de los mejores del colegio. Según me contaron, antes de enseñar en Hogwarts trabajó algunos años con mi padre. Esto me había asegurado una plaza en el “Club Slug”. Yo intentaba eludir las veladas que organizaba por todos los medios. Me recordaban demasiado a las hipócritas fiestas de sociedad que organizaba mi padre.
    Me puse con Benjamín, ya que debíamos ponernos en grupos de dos. Eso siempre era una ventaja. Yo no había heredado el potencial de mi padre en esa materia, sin embargo Benjamín, como en casi todo, era sobresaliente.
    Nada mas empezar la preparación un espeso humo gris comenzó a manar de los calderos, cubriendo de niebla todo el aula. Mientras que Benjamin empezaba a cortar cuidadosamente los ingredientes. Yo miraba ensimismado alrededor. Me gustaba la niebla.
    De pronto entre el vapor, distinguí una cara conocida. Se trataba de Archelaus Dawssen. Entonces me di cuenta de que aquel año compartíamos la clase de pociones con los Hufflepuff. Archelaus era uno de mis mas antiguos amigos de Hogwarts. El fue uno de los primeros con los que entable relación. En aquella época tenia algunas dificultades para integrarme en el colegio, ya que acababa de emigrar de Rusia y mis costumbres eran muy diferentes a las inglesas. Pero a Archelaus nunca le importó y siempre me trato con naturalidad. Recordé las noches que pasábamos fumando pipa y riendo bajo los efectos del whisky de fuego. Pensé que aquella noche de viernes sería una buena ocasión para revivir tiempos pasados.

    Al salir de pociones, en lugar de ir a hablarle personalmente decidí ir a la lechuzería y enviarle una nota. Eso es lo que solía hacer antes. Me daba la impresión de que no me había visto en clase. Así le daría una sorpresa.


    -------------------------------------


    A las diez en punto me encontraba en el pasillo de acceso a la torre de Ravenclaw, ataviado con una larga túnica búlgara de color granate. Llevaba unos 10 minutos esperando, cuando en la oscuridad del final del pasillo apareció un punto luminoso incandescente balanceándose lentamente. Era Archelaus que llegaba por fin fumando uno de sus cigarrillos.

    - Tarde como de costumbre – Dije a modo de saludo.

    - ¡Venga ya, Volskov! Solo diez minutos. Mi sala común esta a tomar por saco de aquí. No empieces ya con tus manías. – Contestó riendo –

    Comenzamos a andar al tiempo que yo me encendía la pipa. Nos instalamos en el rellano de uno de los múltiples tramos de escaleras de la torre Ravenclaw. Saqué la varita del bolsillo interior y la agité mientras murmuraba : ¡paretio! Inmediatamente se materializó una botella de whisky de fuego acompañada de dos vasos de vidrio. Eso es lo que mas me gustaba de controlar encantamientos.

    - Bueno tio, que tal el verano? Hace siglos que no te veo. – Me preguntó tras beber un buen sorbo.

    - Pues bastante movido, la verdad. Sobre todo el final. – Resoplé – No sabes que movida . Pasé gran parte en Bulgaria , y al final, justo antes de volver aquí, un dragón atacó a mi madre.
    - ¡No jodas! ¿Y eso? ¿Esta muy mal? – Exclamó con los ojos como platos –

    - Pues fuimos a visitar una reserva y tuvimos un accidente. Estuvo bastante jodida, pero pronto le darán el alta según dice mi padre.

    - Menos mal tío.

    - Bueno, ¿y tu que?

    - Pues nada, Volskov, lo de siempre – terminó por decir algo mustio – de veraneo con mis padres. Pero vamos, no es el momento de amargarnos hablando de eso… ¿Qué tal de pibas?

    - ¿Pibas? – solté una carcajada - Hace siglos que no me pasa nada en ese aspecto y por el momento no me interesa nadie realmente. Así que ya veremos. ¿Y tu que? Me han llegado rumores de un lío con Withenrose...

    Arch estalló en carcajadas.

    - ¡Más quisiera, Virgile! No – musitó – la verdad es que no sé. Estoy perdiendo el interés… Creo que me está empezando a gustar otra.

    - ¡Vaya! ¡Estas hecho un maestro! ¿ Y quien es la afortunada? – Dude un momento – Si me lo quieres contar, claro.

    - No te lo tomes a mal, tío - dijo sonriendo - quiero estar seguro del todo... ya lo sabrás.

    - Me parece muy bien. La discreción es importante. – Dije sonriendo –

    Seguimos hablando algo mas de dos horas, entre humos de tabaco y sorbos de whisky. Hablamos de todo y de nada, cada vez mas alegres según bebíamos. Yo, de todos modos, no acabe borracho. No me gustaba perder el control en ningún momento. Sin embargo Arch no compartía mis ansias maniáticas por controlarlo todo, por lo que cuando nos despedimos con un fraternal abrazo, su rostro tenia un ligero color rosado. Tras una calurosa despedida se marchó caminado por el pasillo con un cigarrillo colgando de la comisura del labio.
    Yo me dirigí inmediatamente a la sala común. Era tarde y el alcohol me había dejado en un estado perfecto para dormir toda la noche de un tirón.
    Por supuesto, no podía prever lo que me esperaba...


    ---------------------------------------------


    La sala común se hallaba en una oscuridad casi completa, solo alumbrada por los rescoldos de la chimenea que brillaban débilmente. Me quedé unos instantes mirando las brasas pensando en ideas que solo me asaltaban cuando tenia un poco de alcohol en la sangre.
    Cuando mi ojos se acostumbraron a la baja luminosidad, distinguí una figura arrodillada en el suelo un poco mas allá de la chimenea. Solo era una mancha en la oscuridad que apenas se alzaba unos palmos del suelo, por lo que supuse que seria una persona arrodillada. Me sorprendió que hubiera alguien despierto a esas horas de la madrugada. Me acerque despacio. No podía ver de quien se trataba. Cuando llegue junto a la figura pose la mano en lo que, calculé, seria su hombro. Fue entonces cuando todo se disparó.

    Al contacto con mi mano, la oscura figura dio un descomunal salto hacia adelante desapareciendo de mi vista. Entonces comprendí que fuera lo que fuera aquello, no era humano. La adrenalina barrió los efectos del alcohol. Me encontraba ante un peligro. ¡Lumos! Exclame. Con todos los músculos en tensión y apuntando al frente con la varita iluminada comencé a buscar al intruso. Frente a mi solo había un sillón, por lo tanto solo podía estar ahí detrás. Fijé el haz de luz en ese punto aproximándome lentamente.
    De pronto, el ser decidió mostrarse. Un enorme leopardo blanco salió de detrás del sillón. Su pelaje era extraño, blanco con manchas negras. No podía creer lo que estaba viendo. Un leopardo en la sala común de Ravenclaw. Definitivamente los animales la habían tomado conmigo. Primero dragones y ahora esto.
    El leopardo empezó a venir hacia mi lentamente, rugiendo amenazadoramente. Sus ojos marrones me miraban fijamente con inteligencia. Comencé a retroceder mientras mi mente trabajaba a toda prisa para solucionar la situación.
    Cuando al fin me recupere de la sorpresa reaccioné. ¡Incárcero! De la punta de mi varita surgió una red que inmovilizo al animal. Entonces este empezó a rugir mucho mas fuerte al tiempo que se retorcía furiosamente. Si no hacia algo rápido despertaría a todo el mundo. ¡Desmaius! El hechizo impacto en la criatura dejándola inconsciente.

    Las sorpresas aun no habían acabado. Al segundo de quedarse inconsciente, el leopardo cambió de forma. Una chica de aproximadamente mi edad y con una larga melena castaña, yacía inconsciente entre las cuerdas de la red. Se trataba de Elizabeth Reinhart.
    Estaba aun mas pálida que de costumbre. ¿Como era posible? ¿Elizabeth era una animaga?
    Estaba muy confuso. Lamenté lo que había hecho a pesar de que no podía saber lo que estaba ocurriendo. Ella debió recuperar su apariencia al verme. No entendía porque no lo había hecho. La liberé y la lleve al sillón. Esperé unos instantes para ver si despertaba y viendo que tardaría, comencé a avivar el fuego de la chimenea.
    A los pocos segundos su voz sonó débilmente a mis espaldas.

    - Virgile...

    Me acerque a ella rápidamente.

    - ¡Elizabeth! Dios mío… ¿Estás bien? Yo no sabía… Y entonces… - Dije atropelladamente –

    Ella sonrió levemente, haciendo un gesto desenfadado con la mano.

    - No te preocupes, lo que has hecho era del todo comprensible. Siento haberte asustado así. –

    Nos quedamos en silencio unos instantes. No podía esperar para soltar todas las preguntas que se amontonaban en mi mente.

    - ¿Cómo has hecho para convertirte en…un leopardo?
    - Empecé el curso pasado, y llevo todo el verano practicando. Hasta hoy no había conseguido transformarme. – Dijo con un suspiro -

    Asentí levemente. Así que Elizabeth ya casi había conseguido convertirse en animaga...Pensé una vez mas en aquella idea. Pensé una vez mas en las ventajas que aquello supondría. Hasta el momento no había tenido la perseverancia para ponerla en practica. Aquel podía ser un buen momento. No siempre se dispone de la experiencia de alguien que ya lo ha conseguido.

    - ¿Todo bien, Virgile? – De pronto me di cuenta de que estaba absorto mirando la chimenea.

    - Elizabeth… ¿crees que yo también podría conseguirlo? – Dije sin rodeos, mirándola a los ojos.-

    - Supongo que sí. No debería haber ningún problema… - Contesto decidida –

    - Excelente. ¿Te parece que sigamos hablando de esto mañana? Creo que deberías descansar después de… bueno, de lo que ha pasado. – El cansancio empezaba a poder conmigo.

    - Sí, me parece una buena idea. Buenas noches, Virgile. – Contesto con una amplia sonrisa. –


    Acto seguido se acurrucó en el sillón dando por terminada la conversación. Yo subí las escaleras hacia el dormitorio de los chicos y entré si hacer ruido. Todos dormían. Yo me deje caer pesadamente en la cama.
    Mis últimos pensamientos volaban con las alas de un cuervo.

    =OUT=

    Bueno, ahi esta por fin. Admito que este post ha costado. Muchas gracias a Prud por dejarme a Arch y por el diseño ;). Muchas gracias a Temps por dejarme a Liz y por darme el honor de desvelar su secreto. Si hay algo bueno en este post es gracias a vosotros.
    Para todos los demás: Espero que nuestros personajes se vean las caras muy pronto. Hablad conmigo!

    ;)

    P.D: Si hay errores notificadmelo, please.

    Anónimo

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