3:55 p. m. @ 18 julio, 2006
Aquellos ojos, grises como el acero, se toparon conmigo de frente, duros y fríos como la mañana escocesa. No fueron ni dos segundos los que pasaron para que ella retirase la mirada, cabizbaja. El problema fue que yo, tardé más de dos segundos en reaccionar.
- ¡Liberty! – la llamé - ¡Sparrer!
Se dio la vuelta, pesadamente y me observó, molesta.
- ¿Qué quieres? – por fin contestó –
Avance hasta llegar a su altura y cogiéndola del brazo, la llevé a un sitio apartado, frente a un sauce de aspecto solitario, con follaje decadente.
- Tenemos que hablar – propuse –
- ¿De que?
- De lo de ayer – dije – es que no…
- Está todo muy claro, Dawssen. – interrumpió con arrogancia – Ayer se te vio el plumero. Y además, que lo que pasó, pasó. Para mi no tiene más importancia.
Un jarro de agua fría impactó contra mi rostro. Aquellas últimas palabras me habían dejado de piedra. Vacío.
Al fin había creído que me iba bien con las tías, y justo, justo en ese momento, tenía que aparecer Withenrose.
- Pero… - susurré esbozando una mueca un tanto extraña, dolido - entonces no tiene más importancia ¿no? – hice un pausa – Que gilipollas, creí que algún día podrías llegar a salir de tu puto agujero…
Di media vuelta, pero ella, velozmente, con la habilidad de las serpientes, me agarro de una de las mangas de la túnica, haciéndome virar.
- Escúchame – ordenó en un siseo – Escúchame, de mí no se ríe nadie.- De pronto señaló al suelo – tú estás aquí, y yo estoy aquí – señaló ahora el techo - ¿Entiendes? Estoy muy por encima de ti. Así que no te atrevas a volver a humillarme. No te necesito para salir de ningún agujero. Así que no te atrevas a volver a humillarme porque puedo hundirte cuando quiera ¿eh? ¿Me oyes? Cuando yo quiera. Sangre sucia...
Terminó en un hilo de voz. Con los ojos brillantes, causa de la rabia contenida.
Acto seguido, hizo un intento de marcharse.
- ¡Me das asco, Sparrer! – bramé, enfadado. No comprendía porque, no llegaba a entender el cambio de su comportamiento. Paró en seco, sin volverse, como si no quisiera mirarme - ¿Acaso te crees que lo hice por despecho? ¿Por pasar el rato? – empecé a acalorarme, varios alumnos se concentraban a unos metros más allá, intentando percibir atisbos de la conversación - ¿De veras te piensas que si no me hubieses gustado desde un principio, hubiese puesto todo de mi parte en realizar intentos por acercarme a una Slytherin que me trata mal? – hice una pausa, tragándome la indignación, y… cagándome en Sam – Estás tan equivocada. La verdad es que no sé porque he puesto tanto interés en ti, no eres más que una estúpida niñata, ricachona y consentida, necesitada de atención.- a pesar del cabreo que se apoderaba de mí, sonreí, irónico – Es más, anoche no era Sangre Sucia, lo que me llamabas…
Fue un “ooh” general lo que siguió a mi réplica. Los alumnos más espabilados habían captado mi última frase. Que se joda, pensé.
- No sigas, Dawssen – musitó, dolida – se te da muy bien dejar las cosas a la mitad.
Me senté en el suelo. Seguro que ahora huía, como siempre hacía cuando discutíamos, había un par de opciones: o se forraba a insultarme, dándome en los puntos débiles, o, simplemente se marchaba, manteniendo la dignidad.
Pero no lo hizo: su esbelta figura, y su flamante cabello rubio se quedaron en el sitio, sin apenas moverse.
Su dichosa capa de leopardo no dejaba de ondear, provocando un sonido incómodo.
En parte me arrepentía de lo que le había dicho. Ni pensaba que fuese una consentido, ni que necesitase llamar la atención. Me sentí mal por haber dicho aquella frase que había despertado la expectación de la gente, estaba hecho un lío.
Pero por otra parte, no sabía lo que me ocurría, deseaba seguir discutiendo con ella. La rabia me podía, me podía tanto que necesitaba pelear con ella. En realidad, no ansiaba más que besarla, como anoche, quizá con más intensidad.
- Liberty – susurré – Siento mucho lo de ayer.
Me miró, con odio, y se sentó a mi lado.
- ¿A que te refieres ahora, Dawssen? – preguntó frunciendo el ceño - ¿A lo que pasó entre nosotros? ¿A lo de la Barbie Gryffindor? Anda, dime. Ardo en deseos de saberlo. No tienes que sentirlo, no eres el primero que lo siente.
Miré a mi alrededor. Los alumnos se habían disipado, y ella no se daba por vencida.
Me acerqué un poco más a su cara.
- No tienes ni puta idea – murmuré –
Sus enormes ojos miraban directamente a los míos, y justo cuando abrió los labios para contestarme, la callé con un beso. Corto, pero intenso. Me observó, con una mezcla de rabia y de perversión, al separarnos. Creía que me iba a dar una bofetada, que iba a contestarme mal o que simplemente se largaría, cabreada. Pero me había equivocado de nuevo.
Se lanzó hacia mí, rodeándome con sus brazos mientras nuestros labios chocaban mutuamente…
- Espero que ahora entiendas todo… - dije, con la voz amortiguada entre aquella lluvia de disculpas –
Me aferró contra sí con fuerza, y continuó besándome con más ganas. Era como si no me quisiese dejar huir nunca, como si quisiera quedarse conmigo.
En menos de un minuto, se separó de repente, y miró a su alrededor, ceñuda. Acto seguido se irguió
- Oye, aquí no… - balbuceó –
No pude hacer más que agachar la cabeza, vencido de nuevo por aquella espada de insignia SPARRER. Ella se marchó, no sin antes musitar un “hasta luego”.
Prud!
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