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    Que te jodan, Bloody

    11:51 p. m. @ 15 diciembre, 2006



    El plan había salido como esperaba. El miedo corría por Hogwarts como una reguero de sangre, y no podía estar más contento. ¡Hasta me habían facilitado el trabajo! Alumnos suicidándose por miedo... Patético, sinceramente. Aunque bueno, menos escoria a la que alimentar. Todo tiene su parte útil.

    En medio de mi euforia, me encontraba en uno de mis habituales paseos nocturnos por el castillo, cigarro en mano. La gente estaba cuchicheando por los pasillos, era evidente que el ataque no había pasado desapercibido y la idea (nada desacertada, por otra parte) de que era un Slytherin el atacante hacía que se girasen a mi paso, o evitasen cruzarme la mirada. Me sentía crecido, superior a ellos, porque el miedo es la mejor arma que uno puede utilizar para sojuzgar a sus enemigos, y yo la estaba usando a la perfección.

    De todas formas, la gente empezaba a retirarse a las Salas Comunes, aunque no fuese muy tarde. Los Jefes de Casa habían mandado a todos los estudiantes allí ante el temor de un nuevo ataque. Pero, como vería más tarde, no todos hicieron caso de la prohibición, para su desgracia.

    Giré hacia el ala del castillo donde estaban la enfermería y la biblioteca. Todo estaba silencioso. La Pince estaba cerrándola bajo llave, evidentemente no sería productivo dejarla abierta a esas horas mientras "un atacante andaba suelto por el castillo", como dijo McGonnagall. En la enfermería, también Pomfrey se iba, junto con Pince. Lo que más me extrañó fue ver como ésta daba un aviso a alguien, en el interior de la enfermería. ¿Quién estaría de visita?

    Pomfrey hizo un gesto con el reloj a Pince y ambas se perdieron en la oscuridad del corredor. Asquerosas viejas... Pero bueno, serían víctimas fáciles, y tampoco es que hubiese que prestarles gran atención. Me dirigí a la puerta, y allí lo vi, a Bloored, con Meyer. Estaba bien jodida... Lástima que aquel Cruciatus no fuese verdaderamente efectivo, si no... No lo habría contado. Y unos cuantos Cruciatus más y habría enloquecido de dolor. Pero no, había tenido suerte y seguía viva. Ya tendría tiempo de encargarme de ella. Ahora tenía una presa más fácil: Bloored. Así que me apoyé en la pared, a esperar mi momento.

    Desgraciadamente, pasaron dos horas y 5 cigarros hasta que salió. Todo estaba muy oscuro, apenas se veía algo a unos centímetros de distancia delante de uno, así que no percibió mi presencia. Y en realidad fue algo corto al no percatarse de la luz de mi cigarro. Pero supongo que tendría ganas de recibir un severo correctivo. Me despegué de la pared y me dirigí hacia él. El sonido de mis zapatos latigueaba el aire con furia. Bloored se giró, y me vio. Aunque no vi extrañeza en su cara.

    -Me imaginé que serías tú, Urquhart-me dijo muy frío, manteniéndome la mirada.-Al fin y al cabo... ¿Quién si no sería tan rastrero de atacar a dos chicas indefensas?
    -¡No me digas que te consideras una chica! Tú eres el siguiente, así que donde dices dos, di tres-las palabras, aunque dichas con ironía, resonaron con crueldad.
    -Que te quede claro que no me voy a quedar de brazos cruzados, que acabarás muerto y tendrás tu merecido. Y cuando te derrote se lo diré a....

    -¡EXPELLIARMUS!

    Bloored salió despedido contra la pared, cargándose una de las lámparas con su peso y cayendo sonoramente al suelo. La conmoción le había tomado. No podía hablar, y apenas moverse, y la sangre corría por su rostro, como si se hubiese roto.

    -Vaya, vaya, vaya... Así que el Ravenclaw maricón ya está retorciéndose como una nenaza por un golpecito de nada...
    -¿Es lo mejor que sabes hacer, Urquhart?-Pese a todo, se mantenía lúcido, sin perder un ápice de su ironía.
    -Te haré pagar esas palabras con tu sangre. Acabas de firmar tu sentencia de muerte.

    -¡CRUCIO!

    Las extremidades de Bloored empezaron a retorcerse en todos los sentidos. Un escalofrío de dolor recorrió su cuerpo, haciéndole que su cuerpo se desgarrase por dentro, como si lo despedazasen, pero sin ningún signo físico en el exterior. Cayó de nuevo al suelo, quedando semiinconsciente. Me dirigí hacia él y le puse el zapato en la cabeza.

    -¿Qué me dices ahora, Bloody? Es una pena que éste sea el último recuerdo que vayas a tener de tu vida... ¿Qué le diremos a tus amigos? Que moriste como un perro, arrastrándote, y suplicando clemencia.
    -Jamás... te suplicaré, Urquhart...-dijo Bloored, con la boca llena de sangre y entre balbuceos.
    -Está bien, tú lo has querido. Te he dado la oportunidad de salvar tu patética vida. Pero supongo que lo que quieres es morir con dolor y lentamente, así que eso te daré.

    -¡SECTUMSEMPRA!

    Cientos de espadas invisibles atravesaron el cuerpo de Bloored, que se desplomó, lleno de cortes muy profundos por efecto del hechizo. La sangre bullía y caía por todo su cuerpo, empezando a dejar un charco bastante notable en el suelo. Ya no se movía. Todo había terminado. Mi primera víctima...

    -No vales ni para ésto-Le pegué una patada, por efecto de la cual su cuerpo se retorció y echó más sangre.-Que te jodan-Y le escupí en la cara. Que recordase siempre quién lo mató, quién fue su verdugo.

    Y me marché de allí, silencioso, cigarro en mano.

    Carlos

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